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Portada-- 1
Índice-- 2
Leyendas:
El murciélago-- 3
Tlazolteotl-- 4
El jinete sin cabeza-- 5
La creación del maíz-- 6
Una vez existió un hermoso murciélago. Era la criatura más bella de
la creación, ya que en su afán por parecerse al resto de las aves,
subió al cielo y solicitó al creador poseer plumas. Éste le contestó
que tenía su permiso para solicitar a otras aves sus mejores plumas.
Y así lo hizo. Se dedicó a pedir las plumas de aquellos especímenes
más vistosos y coloridos.
Tras un tiempo de recolección, el murciélago lucía, ufano, su nuevo
y espectacular aspecto. Revoloteaba por toda la tierra recreándose
en su imagen. Incluso, en una ocasión, con el eco de su vuelo
provocó un maravilloso arco iris. Todos los animales lo observaban
fascinados por su deslumbrante imagen. No obstante, los halagos
comenzaron a hacer mella en él. La soberbia se apoderó de su
raciocinio. Miraba con desprecio al resto de las aves, a las que
consideraba inferiores a él por su belleza.
Percibía que ningún otro animal estaba a su altura. Hasta reprochó
al colibrí que no eran tan agraciado como él. Consideraba que no
existía otra cualidad más importante que no fuera el aspecto físico.
El resto de aves se sentían humilladas ante el vuelo del murciélago.
Su continuo pavoneo se hizo insoportable para todo el reino animal,
y sus ofensas llegaron a oídos del creador. Éste decidió intervenir.
Tras observar la actitud del bello murciélago, lo hizo llamar y subir al
cielo. Éste se sintió halagado al verse requerido por el ser supremo y
su ego se elevó con él. Ante la presencia del creador, comenzó a
aletear con una alegría desbordada. Aleteó una y otra vez,
desprendiéndose, inconscientemente, de todas sus bellas plumas.
De pronto, se descubrió desnudo, como al principio de los tiempos.
Avergonzado, descendió a la tierra, refugiándose en las cuevas y
negándose la visión. Durante días, llovieron plumas de colores que
éste no quiso observar, procurando olvidar lo hermoso que un día
fue. Desde entonces, el murciélago vivió recluido en la oscuridad,
lamentando su egoísta actitud.
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Un hombre llamado Jappán quería llegar a ser el favorito de los dioses;
abandono a su familia y todos sus bienes, y comenzó su vida de ermitaño
en el desierto. Una vez allí, permaneció día y noche entregado a la
devoción.
Los dioses quisieron poner a prueba su virtud y ordenaron al demonio
Yaotl –el enemigo- que lo tentara y lo catigara si se rendía. Yaotl le
ofreció las criaturas mas hermosas para hacerlo bajar de la alta roca
donde se había instalado, pero todo fue en vano. La diosa Tlazolteaotl,
interesada en aquel juego, se presento ante Jappán, que al ver su
hermosura quedo turbado, y le dijo:
-Hermano Jappán, maravillada de tu virtud y conmovida por tus
sufrimientos, quiero reconfortarte. ¿Como puedo llegar hasta ti para
hablarte mas cómodamente?
El ermitaño, sin darse cuenta de la trampa que le tendía, bajo de su roca
y ayudo a la diosa a subir a ella. Al hacerlo, la virtud de Jappán cayó y
enseguida llego Yaotl –y a pesar de todas sus suplicas- le corto la cabeza.
Los dioses lo transformaron en escorpión y avergonzado se escondió
bajo la piedra. Luego Yaotl fue a buscar a la mujer de Jappán, Tlahuizin –
la inflamada- y la llevo junto a la piedra donde estaba escondido su
marido, le contó lo que había pasado y también le corto la cabeza.
Uniéndose a su marido bajo la roca, dieron nacimiento a escorpiones de
diferentes colores. Los dioses consideraron que Yaotl se había excedido
en su misión y lo transformaron en saltamontes.
• Se dice que en un pueblo muy aislado de toda
civilización se contaba la historia de un jinete que
acostumbraba a hacer su recorrido por las noches
en un caballo muy hermoso, la gente muy
extrañada se preguntaba ¿que hombre tan raro
por que hace eso?, ya que no era muy usual que
alguien saliera y menos por las noches, a hacer
esos recorridos.
• En una noche muy oscura y con fuertes
relámpagos desapareció del lugar, sin dar señas
de su desaparición. Pasaron los años y la gente ya
se había olvidado de esa persona, y fue en una
noche igual a la que desaparecio, que se escuchó
nuevamente la cabalgata de aquel caballo. Por la
curiosidad muchas personas se asomaron, y
vieron un jinete cabalgar por las calles, fue
cuando un relámpago cayó e iluminó al jinete y lo
que vieron fue que ese jinete no tenia cabeza. La
gente horrorizada se metió a sus casas y no se
explicaban lo que habían visto...
• Algunas personas que visitan la
moderna Basílica de Guadalupe en las
noches o mendigos que duermen en sus
escalinatas cuentan haber visto a una
mujer saliendo de la antigua Basílica de
Guadalupe, portando una vela que sigue
encendida a pesar de la lluvia o del
viento, y caminando hasta la moderna
Basílica donde entra atravesando las
paredes.
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• Algunos por curiosidad han entrado a la
Basílica y la han visto dejar la vela en
ofrenda, rezar y después desaparecer.
Se rumora que es un alma en pena que
cumple una manda que no cumplió.
Leyenda Azteca sobre la creacion
del maiz.
Los huicholes estaban cansados de comer cosas que no les gustaban.
Querían alguna cosa que pudieran comer todos los días, pero de maneras
diferentes.
Un joven huichol oyó hablar del maíz y de sus famosos mets, unas tortillas,
los chilaquiles y la sopa de tortilla que se preparaba con este cereal.
Pero el maíz se encontraba muy lejos, al otro costado de la montaña. Eso
no lo desalentó y se puso en marcha.
Al cabo de poco tiempo vio una hilera de hormigas y como él sabía que
ciertas de ellas eran las guardianas del maíz, las siguió.
Pero cuando el joven se durmió, las hormigas, sin ningún problema, se
devoraron todas sus vestimentas, dejándolo sólo con su arco y sus flechas.
Sin ropas y hambriento el huichol se puso a lamentar. Fue entonces que un
pájaro se posó sobre un árbol próximo. El joven apuntó su arco sobre él,
pero el pájaro le regañó y le dijo que ella era la Madre del maíz. Lo invitó a
seguirla hasta la Casa del Maíz donde ella lo autorizaría a tomar todo lo
que él buscaba.
En la Casa de Maíz se encontraban cinco bellas doncellas, las hijas de la
Madre del Maíz: Mazorca Blanca, Mazorca Azul, Mazorca Amarilla,
Mazorca Roja y Mazorca Negra.
Mazorca Azul lo encantó con su belleza y su dulzura. Se casaron y volvieron
a la villa Huichol.
Como él no tenía aún casa, durmieron un tiempo en un lugar dedicado a
los dioses.
Después, como por encantamiento, la casa de los recién casados se llenaba
cada día de espigas que la decoraban como flores.
Las gentes venían de todas partes porque Mazorca Azul les ofrecía espigas
a manos llenas.
La bella esposa enseñó a su marido a sembrar el maíz y a cuidar los
cultivos. Enterándose qué delicias ofrecía este nuevo alimento, los
animales intentaron robarle. Mazorca Azul enseñó a las gentes a colocar
fuego alrededor de los cultivos para espantar a las bestias en busca de
espigas tiernas.
Los Ancianos cuentan que Mazorca Azul, después de haber enseñado todo
lo que ella sabía, se molió ella misma y es de esta forma que los hombres
conocieron el excelente atole, una bebida caliente que se prepara con
granos de maíz.
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