Lección 12 para el 22 de
diciembre de 2012
“Ahora bien, el punto
principal de lo que
venimos diciendo es
que tenemos tal sumo
sacerdote, el cual se
sentó a la diestra del
trono de la Majestad
en los cielos, ministro
del santuario, y de
aquel verdadero
tabernáculo que
levantó el Señor, y no
el hombre” (Hebreos 8:1-2)
“Porque no entró
Cristo en el
santuario hecho
de mano, figura
del verdadero,
sino en el cielo
mismo para
presentarse
ahora por
nosotros ante
Dios” (Hebreos 9:24)
El tabernáculo levantado por Moisés en el desierto era una figura –un símbolo– del
Santuario celestial –una realidad. Igualmente, el sacerdocio levítico era un símbolo del
sacerdocio de Cristo. Ellos ministraban en el santuario terrenal mientras que Cristo
ministra en el celestial.
Al estudiar las ceremonias que los sacerdotes realizaban en el santuario terrenal,
podemos entender la obra que Jesús está realizando en el celestial.
Las ceremonias realizadas por los
sacerdotes en el santuario
terrenal revelaban en símbolos
tres fases de la salvación.
“Y él dijo: Hasta dos mil
trescientas tardes y mañanas;
luego el santuario será purificado”
(Daniel 8:14)
457 a. C.
El decreto
“Setenta semanas están determinadas
[“cortadas” de los 2.300 días] sobre
tu pueblo y sobre tu santa ciudad”
(Daniel 9:24)
34 d. C.
1844 d. C.
Martirio de
Esteban
El santuario será
purificado
“Porque en este
día se hará
expiación por
vosotros, y
seréis limpios
de todos
vuestros
pecados delante
de Jehová”
(Levítico 16:30)
DÍA DE LA EXPIACIÓN EN LA TIERRA
EL JUICIO INVESTIGADOR
El sumo sacerdote entraba en el Lugar Jesús se presentó ante el trono del Padre, en
Santísimo ante el arca cargando los
presencia de innumerables testigos, para
pecados del pueblo.
comenzar la obra de juicio (Dn. 7:9-13)
Rociaba la sangre sobre el
propiciatorio que cubría la santa Ley
de Dios.
Jesús es la propiciación para aquellos que creen
en él (1Jn. 2:2), pero los que no son fieles hasta
el fin son condenados, según la Ley (Ap. 20:12)
Abandonaba el Tabernáculo y salía al
atrio exterior.
“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón
conmigo, para recompensar a cada uno según
sea su obra” (Apocalipsis 22:12)
Los acontecimientos que ocurren en el Cielo tienen su repercusión en la tierra.
Cuando el juicio investigador esté a punto de acabar:
El Espíritu Santo será derramado sobre los creyentes como en el día
de Pentecostés.
Esta lluvia tardía permitirá que el Evangelio sea llevado a todo el
mundo.
Esto marcará el inicio de las señales del fin del tiempo final.
Cuando el juicio termine:
La gracia cesará: “El que es injusto, sea injusto
todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y
el que es justo, practique la justicia todavía; y el que
es santo, santifíquese todavía” (Apocalipsis 22:11)
Las últimas plagas serán derramadas sobre la Tierra.
Cuando Jesús abandone el Santuario celestial:
Regresará a la Tierra con sus ángeles
para llevarnos con Él.
ESPERANDO SU VENIDA
“Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos
y seamos sobrios” (1ª de Tesalonicenses 5:6)
Mientras esperamos la Segunda Venida,
Pablo nos invita a tomar dos actitudes
complementarias:
1. Velar. No dormir espiritualmente, sino
mantener una comunión diaria con
nuestro Salvador. Estar al tanto de las
señales precursoras del fin.
2. Ser sobrios. Ser moderados. No
dejarnos llevar por la “fiebre de las
señales”, ni ser indolentes, dejando
pasar inadvertidamente las
verdaderas señales del fin.
Mientras esperamos la segunda venida,
necesitamos mantener abiertos los ojos y
saber qué enseña la Palabra de Dios
acerca de los eventos finales.
“La venida de Cristo está más cerca que cuando por primera vez creímos. Se
acerca el fin de la gran Controversia. Los juicios de Dios están en la tierra.
Hablan en solemne amonestación diciendo: "También vosotros estad
apercibidos; porque el Hijo del Hombre ha de venir a la hora que no pensáis"
(Mat. 24: 44)…
Estamos viviendo en medio de las escenas finales de la historia de esta tierra.
Las profecías se están cumpliendo rápidamente. Están transcurriendo
velozmente las horas del tiempo de gracia. No tenemos tiempo que perder,
ni un momento. No seamos hallados durmiendo en la guardia. Nadie diga
en su corazón o por sus obras: "Mi Señor se tarda en venir". Resuene el
mensaje del pronto regreso de Cristo en fervientes palabras de advertencia…
El Señor va a venir pronto, y debemos estar preparados para recibirle en
paz. Resolvamos hacer todo lo que está en nuestro poder para impartir luz a
los que nos rodean. No debemos estar tristes, sino alegres, y recordar siempre
al Señor Jesús. El va a venir pronto, y debemos estar listos y aguardar su
aparición”
E.G.W. (La maravillosa gracia, 12 de diciembre)
La venida de Cristo viene acompañada por la resurrección de los muertos, la transformación
de los creyentes y la ascensión al encuentro con Jesús. A partir de ahí… la inmortalidad.
“Porque el Señor mismo con voz de mando,
con voz de arcángel, y con trompeta de Dios,
descenderá del cielo; y los muertos en Cristo
resucitarán primero” (1ª de Tesalonicenses 4:16)
“Luego nosotros
los que vivimos,
los que hayamos
quedado, seremos
arrebatados
juntamente con
ellos en las nubes
para recibir al
Señor en el aire,
y así estaremos
siempre con el
Señor”
(1ª de Tesalonicenses 4:17)
“He aquí, os digo un misterio:
No todos dormiremos; pero
todos seremos transformados,
en un momento, en un abrir y
cerrar de ojos, a la final
trompeta; porque se tocará la
trompeta, y los muertos serán
resucitados incorruptibles, y
nosotros seremos
transformados”
(1ª de Corintios 15:51-52)
“Y cuando esto corruptible se haya vestido
de incorrupción, y esto mortal se haya
vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá
la palabra que está escrita: Sorbida es la
muerte en victoria” (1ª de Corintios 15:54)
“Gloriosa será la victoria de los santos que duermen [en el Señor]
en la mañana de la resurrección… El Dador de la vida coronará
de inmortalidad a todos los que se levanten del sepulcro.
Allí estará la hueste que ha resucitado. Su último pensamiento se
refería a la muerte y sus dolores. Sus pensamientos postreros
fueron referentes al sepulcro y la muerte. Pero ahora proclaman:
“¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu
victoria?”… Reciben el toque final de la inmortalidad y se
adelantan para encontrar a su Señor en el aire… Del otro lado
están las columnas de ángeles… entonces el coro angélico da la
nota de victoria y los ángeles, en dos grupos, inician el himno, y
la hueste de redimidos se les une como si ya sobre la tierra lo
hubiesen entonado, y en realidad lo han hecho. ¡Oh, qué música!
No hay una sola nota discordante. Toda voz proclama: “El
Cordero que fue inmolado, es digno”. Él, por su parte, contempla
el trabajo de su alma y se siente saciado”
E.G.W. (Hijos e hijas de Dios, 18 de diciembre)
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