“¡Cuán grande, por consiguiente, debe
ser nuestra confianza en esta augusta
reina, sabiendo el mucho crédito que
goza cerca de Dios y que su misericordia
es a la vez tan rica y abundante; que no
hay hombre alguno en la tierra que no
participe de la bondad y de los favores
de María!”
San Alfonso María de Ligorio
Dispongámonos con fe a iniciar
este día de novena como
preparación a la fiesta de la
Virgen del Perpetuo Socorro,
Detengamos un momento en
nuestro caminar diario;
recemos, oremos
y pidamos su socorro:
!Oh Madre de Amor
Ven en mi Socorro!
Oh María, Madre de Jesús y nuestra
madre del Perpetuo Socorro, voy a
mirarte fijamente durante nueve días
para descubrir en tu imagen los
símbolos más sobresalientes, las
lecciones más llamativas, las misteriosas
insinuaciones que tu inspirado pintor
pretendió trasladar a su obra. Y no sólo
las que voy a leer en estas páginas, sino
también las que tu misma, maestra
admirable, vas a enseñarme sobre tu
Hijo y sobre nuestro Dios, que es padre
y madre de amor.
Ayúdanos a seguir fielmente a tu Hijo
Jesucristo. Despierta en mi
entendimiento y en mi corazón la fe, la
esperanza y el amor con que tu misma
quieres que te mire y te invoque, para
avivar una confianza ilimitada en tu
socorro. Amén
DÍA SEXTO
El niño en tus brazos
Lo observamos bien. No es propiamente un chiquitín.
Tiene ya unos años vividos.
Y volvemos a pensar en Nazaret, en su monótona y
tranquila vida de hogar. Tú te entregabas a tus faenas
domesticas: la cocina, el horno, la provisión de agua y de
leña, el ir al pozo común de la aldea, con tu Jesús de la
mano. Allí la gente se saludaba, charlaba, comentaba los
sucesos del pueblo; mientras los pequeños de la aldea, y
entre ellos Jesús, jugueteaban alegres. Tú sonreías
complacida. Con José y Jesús formabas una familia sencilla
en un pueblo humilde de Israel.
Madre buena, ilumínanos para que en las fatigas de
cada día reconozcamos la presencia del Padre celestial
que nunca nos deja de su mano, aunque parezca que
palidece nuestra fe o nos abruman las dificultades.
Fortalécenos para que, llenos de confianza, le pidamos,
como nos enseñó Jesús, el pan de cada día y para que no
permita que caigamos en la tentación y la desesperanza.
R/: Ven en mi socorro, ¡oh Madre de bondad!
• ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro,
cuyo solo nombre inspira
confianza! /R
• En el momento peligroso de la
tentación, para que yo resista. /R
• Cuando haya tenido la desgracia
de pecar, para que me arrepienta
y me vuelva a levantar. /R
• Si algún vicio me tiene
encadenado, para que pueda
romperlo. /R
• Para que escuchando la Palabra
de Dios obre de acuerdo con
ella. /R
• Para que viva todos mis días
como seguidor de Jesucristo. /R
• Para que haga de mi vida un
servicio a Dios y al prójimo. /R
• En todas las pruebas y trabajos
de la vida. /R
• Contra mi inconstancia y para
que persevere hasta el fin. /R
• ¡Oh Madre mía, hasta mi último
suspiro! /R
Todos: Seas amada, seas alabada, seas invocada, seas
eternamente bendita, ¡oh Virgen del Perpetuo Socorro!, mi
esperanza, mi amor, mi madre, mi refugio y mi vida. Amén
Todos:
Inmaculada virgen y madre mía, María Santísima,
tú eres la madre de nuestro Señor Jesucristo,
y con él eres la esperanza y el refugio de los pecadores.
A ti recurro, aunque indigno siervo tuyo, para venerarte
y darte gracias, porque me has protegido de todo mal.
Te amo, señora amabilísima y prometo servirte siempre
y esforzarme para que sean muchos los que también te amen.
A ti confío, después de Jesucristo, mi esperanza y mi salvación;
acéptame como hijo, oh madre de misericordia.
Y ya que tu intercesión ante Jesús es poderosa, no permitas
que caiga en tentación y líbrame siempre del mal.
Madre, enséñame a amar a tu Hijo
y alcánzame la gracia de una buena muerte.
Que pueda vivir amando a Dios y a mis hermanos
hasta el final de mis días.
No me faltes con tu socorro hasta que no me veas
en la feliz plenitud del cielo, para cantar las maravillas
que Dios ha hecho en ti y llamarte bienaventurada
por toda la eternidad.
Amén. Así lo espero. Así sea.
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NOVENA DEL PERPETUO SOCORRO