AISTHESIS
JUAN MANUEL ft. JULIÁN
COMPAÑEROS AGRADECEMOS SU
COLABORACIÓN
CUANDO TERMINEN CAMBIEN EL NOMBRE DEL ARCHIVO,
CAMBIEN AISTHESIS POR EL DE CADA UNO DE USTEDES
AISTHESIS
EL VER
El amanecer de partida al Rita-Kuwa fue
hermoso, muy hermoso. He tenido la gran
fortuna de ver muchos amaneceres muy
bellos y cada uno muy diferente a otros, este
fue uno de los hermosos, de los que me
anchan el corazón……pero en este viaje no ha
sido lo más impactante para mí, en cambio
visualmente si me fue más impactante
cuando estuve al borde del glaciar y estuve
un buen rato contemplando a mis
estudiantes mientras jugaban en la nieve,
como niños pequeños, los veía hacer
angelitos, chupar nieve, dar pasos inseguros,
tocar los cristales, tomar fotografías … y
siempre sonriendo como nunca en clase,
pues había brillo en sus ojos y fue entonces
cuando me descubrí a mi misma sonriendo..
Fue un momento muy feliz, basada
únicamente en lo que veía.
EL OIR
En medio del silencio de las montañas, escuchar como
de la nada, ese silbido del pastor para reunir a sus
ovejas, fue lo que más impacto.
Era comprender como a partir de un sonido, el paisaje
cambiaba, las texturas se movían, unos puntos blancos
de ovejas se entrelazaban con el verde del paramo…la
granulometría y el color del paisaje se volvían
dinámicos por instantes y solo por un sonido, como si
fuera mágico.
Era comprender como a partir de un sonido, hombre y
naturaleza se entendían, se compenetraban tanto.
Todavía me es sorprendente saber que cada oveja
distingue el silbido de su pastor y lograr así encontrar
el camino; mientras nosotros – los hombres- a veces,
en nuestra soberbia no “escuchamos” los silbidos de
nuestro pastor para guiarnos en el camino.
A veces nosotros los hombres, a diferencia de las
ovejas, se nos olvida “escuchar”, porque a veces las
palabras van perdiendo sentido, significado, y es aquí
donde esta mi otro instante clave con el “oir” durante
este viaje y fue cuando algunos estudiantes al borde
del glaciar me dijeron “profesora gracias”. Me dí
cuenta como una simple palabra puede hacer vibrar
un paisaje interior, en este caso el mío. ¿cuántas veces
habremos omitido los sonidos, silbidos o palabras que
hacen que las cosas cambien?
Ese silbido me recordó una bonita experiencia que
tuve en las montañas del Gran Atlas en Marruecos y
que le escribí hace unos días a un amigo a propósito de
un mensaje que me envió y que también comparto
con ustedes. SE llama “Tuareg” y lo adjuntaré en
nuestra wiki.
Lo que le escribí:
AISTHESIS
EL TOCAR
Siempre que voy al páramo, hay algo
que hago incansablemente y con
ansia, un ritual propio: siempre
acaricio la hoja y la flor de un frailejón.
Es una textura que esta en mi
memoria táctil como las más hermosa.
Representa para mi, la caricia del
paisaje, la ternura de la montaña, la
fragilidad de las plantas, la suavidad
de la naturaleza. ….pero en esta
ocasión, he tocado algo que siempre
había querido y que por múltiples
circunstancias,
nunca he logrado
palpar en condiciones serenas….esta
vez tampoco fue una situación serena ,
pero al menos un poquito más dilatada
en el tiempo, a pesar de su brevedad,
se trata de la caricia que hice en la
cabeza de un ternerito….
• No tengo la foto…creo que
Melissa o Sebastian si.
EL OLER
En este viaje, el olor que más disfrute si
coincidió con el que más me gusta
cuando salgo a la montaña: el olor del
amanecer, huele a aire limpio, a viento,
a frío, a rocío, a tierra húmeda, a
fragancia de flor, a montaña, a colores
vaporosos y penetrantes, a vida.
Ese olor me ensancha los pulmones, me
alegra el corazón, me llena de
optimismo, me impregna de vitalidad y
siempre me recuerda mi infancia,
viviendo en fincas, en el campo.
También me recuerda mi refugio actual,
como el lugar de serenidad en esta vida
nómada que llevo, así que ese olor a
refugio y quietud me transmite calma,
paz y agradecimiento con la vida..
Hasta veo en el paisaje, narices que huelen los colores…
montañas que inhalan amaneceres….
EL DEGUSTAR
No suelo tomar café, ni me gusta, ni puedo, pero que delicioso café
nos ofreció Doña Teresa, fue un instante donde el sabor, la
temperatura y el aroma transformaron un momento frío en un
momento cálido. Es lo que siempre sucede con la comida que los
campesinos suelen ofrecer a los visitantes, como nosotros.
Siempre es comida tan sencilla, pero siempre tan deliciosa, y es
lógico, porque no se trata de unos ingredientes culinarios físicos,
tangibles o exclusivos; sino de todo un proceso en esa elaboración,
se trata de preparar comida sin prisa y comer sin afanes. Además
existen otros ingredientes que no siempre se ven y en el páramo si:
el fogón, el calor, las risas, la sencillez y sobre todo, la no prisa, solo
había que esperar que mermara la lluvia, el ritmo era el de la
naturaleza. Fue un café acompasado con el biorritmo de la
montaña.
Recordé un escrito de Antoni de Mello en su libro: Un minuto para
el absurdo y en el cual uno de esos relatos hace referencia a un
restaurante a mitad de carretera donde un señor le pregunta a la
cocinera que tiene para almorzar y ella le responde que depende y
le pregunta, si viene en el autobús de ruta o no. El señor enojado le
responde que eso no importa, que le diga que hay de comida que
será igual independientemente si el viene en el autobús o no. Y ella
le respondió que no era lo mismo, que ella no iba a permitir que un
plato al cual ella a gastado toda la mañana y dado un toque de
cariño se lo coma alguien que va de afán, porque el bus no
demoraba en salir de nuevo, que ella esos platos los ofrece solo a
quienes tienen tiempo de degustarlos.
Imagino que por eso hay quienes nunca logran disfrutar la comida
de los campesinos…..
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