TRAS EL MURO
MELISSA MEJÍA VILLAMIL
9°2
2.014
En un mundo dividido donde todo
parecía ser ‘‘feliz’’, un gran
encuentro cambiará radicalmente
sus vidas, donde la realización,
igualdad y valor al género se da,
logrando dar complemento a
diferentes mundos.
Ninguno sabía de la
existencia del otro.
Cada uno pensaba que allí, a donde
pertenecían, era un lugar único, no
había nada más.
Pero en la rutina diaria de su mundo,
Erika, se sentía cada vez más sola, no
estaba conforme con lo que sucedía
a su alrededor.
Sin saberlo, en el mundo paralelo a ella, Cristian, pensaba exactamente lo mismo, ambos
estaban, sin saberlo, conectados.
Erika: Hay algo en mí que me dice que más allá de todo lo que es tangible, lo que veo, más
allá de las personas que me rodean…
Cristian: … siento un vacío enorme… pero ¿si tengo todo lo que quiero, por qué no soy feliz?
¿QUÉ ME FALTA?...
Erika: ¡OYE! Necesito un consejo tuyo.
Roxanne: Dime amiguis ¿qué sería?
Erika: Me siento sola, no encuentro mi
lugar, es como… si no me quisieran,
¡NO COMPRENDO ¿QUÉ ME PASA?!
Roxanne: ¡Ay gordis! No te sientas
mal, aquí tienes todo lo que
necesitas… Emm ¡es falta de
maquillaje, primor!
Cristian: ¡PERO NO ME HAYO! Necesito
algo que me ayude.
Carlos: ¡VE! Lo que vos necesitas es una
botella de wisky, un poco de licor no le
hace daño a nadie.
Cristian: Pero… ah…
Carlos: ¡Órale mi cuate! No chinges,
vamos a jugar.
Cristian: Estoy aburrido, déjame en
paz.
Tanto en al mundo de los hombres
como el de las mujeres, están Erika
y Cristian mirando el muro, aquel
extraño muro que tiene un misterio
tras suyo, uno que muy pronto
averiguarán…
Dayan: Eri ¿qué te pasa? ¿qué haces
mirando ese muro como si nunca hubieras
visto uno?
Erika: Estoy pensando en pasar el muro…
Roxxane: ¡estás loca! Eri, deja el pasto.
Erika: No estoy charlando…
Carlos: Eche no joda’ no te estoy preguntando si estás charlando o no. Dejá esa vaina ombe,
care monda’.
La curiosidad mató al gato y las ganas de saber qué había más allá de aquel feo y lúgubre
muro, carcomió las entrañas de Cristian haciendo que esa noche, mientras sus compañeros y
amigos dormían, tomará la decisión de cruzar.
Erika, sin saber que Cristian estaría a
punto de pasar por aquel muro, se quedó
sentada allí, sola, paciente, planeando
cómo pasar al otro lado. Ninguno
esperaba la sorpresa de encontrarse con
el otro…
Erika: ¡¿QUÉ ERES TÚ?!
Cristian: ¡¿QUÉ DEMONIOS?! ¿QUÉ ERES TÚ?
Erika: Yo soy Erika y soy una mujer. Pero ¿qué eres
tú?
Cristian: ¿Una mujer? Y…yo soy Cristian y soy un…
soy un hombre.
Erika: ¿Un hombre? Espera, creo que escuché hablar
de eso a alguien… sí, mi abuela pero se supone que
ustedes no existen!
Cristian: Emm no lo sé pero eres muy diferente, jamás
imaginé encontrarme a alguien así.
¿Hay más como tú? ¿Hay más detrás de ese muro?
Erika: Sí, aquí hay mucha más mujeres pero… ¿qué
hay de tu lado del muro?
La conversación quedó ahí, pues un grito despertó a las amigas de Erika haciendo así que
Cristian corriera para su lado del muro y Erika para el suyo.
Ambos estaban muy
emocionados por su hallazgo y
corrieron a contarles a sus amigos
y amigas. Ninguno lo podía creer
era imposible, para ellos, que
hubiera alguien incluso alguna
raza diferente a la que se
acostumbraron durante años a
ver.
Mujeres: ¡NO ES CIERTO!
Hombres: ¡ES IMPOSIBLE!
Cristian: Sí, es cierto y no sééé… cuando
la vi me sentí diferente. Creo que… al fin
encontré lo que me hacía falta.
Indecisos y ansiosos los hombres corrieron a derrumbar el muro, mientras la mujeres
escuchaban con miedo al mismo caer.
Al entrar los hombres en el mundo de las mujeres algo extraño sucedió… cada uno encontró
su complemento, su otra mitad.
Y así fue como los hombres comprendieron el valor
de la mujer y como las mujeres comprendieron el
valor de sus opuestos.
Llenando el vacío existente en cada uno de ellos, colmándolos de felicidad y demostrándoles
que en la vida del uno habrá un lugar, sea grande o pequeño, para el otro porque ambos son
iguales y ambos necesitan de su opuesto para completar su vida, su corazón.
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