PÉRDIDAS: muerte, reacción
ante la muerte, las cinco fases
Pérdida
privación/ausencia de lo que se poseía.
Y esto es en cualquier sentido.
Ejemplos de pérdidas: rompimiento de una
relación, en donde ya no se está más con el ser
amado; y nuestros esquemas son modificados.
El nacimiento de un hijo ciego, ya que se pierde
al hijo normal y sano que se esperaba. Pérdidas
materiales como el hogar incendiado, en el que
se pierden cosas de vida, pero no la vida.
Perder a algún padre ante un divorcio, aunque
aquí existe la posibilidad de volverlo a ver, etc,
etc. Y la pérdida en la que se ahondará ahora,
que es la muerte.
Muerte
cesación completa de la vida.
La muerte es una posibilidad real; natural y es la etapa final
de nuestro desarrollo.
La muerte siempre ha sido desagradable
para le hombre. En nuestro inconsciente,
la muerte nunca es posible con respecto a
nosotros mismos
Para nuestro inconsciente, es
inconcebible imaginar un verdadero final
de nuestra vida aquí en la tierra, y si ésta
vida nuestra tiene que acabar, el final
siempre se atribuye a una intervención del
mal que viene de fuera
En términos más simples, en nuestro
inconsciente sólo podemos ser matados;
nos es inconcebible morir por una causa
natural o por vejez. Por lo tanto la muerte
va asociada a un acto de maldad, es un
acontecimiento aterrador, algo que exige
pena y castigo.
En nuestro inconsciente no podemos
distinguir entre un deseo y un hecho. En
nuestros sueños pueden coexistir dos
afirmaciones opuestas, pero será ilógico
en el estado de vigilia. Como el deseo de
matar a alguien y el hecho de llevarlo a
cabo. No se concibe la muerte como algo
permanente.
De igual manera que un niño no logra
diferenciar la muerte de un padre con la
pérdida de él ante un divorcio, siendo que
en éste último puede volver a verlo
1. Cuando el niño se siente responsable y
culpable ante al muerte de algún padre, siendo
que alguna vez cegado por la ira la deseó; pero
cuando crece se da cuenta de que su
omnipotencia en realidad no existe , y sus
deseos más intensos no son tan poderosos
como para hacer posible lo imposible, este
miedo de haber contribuido a la muerte del ser
querido disminuye, y con él también el
sentimiento de culpa. Sin embargo, el miedo se
mantiene atenuado sólo mientras no se le
provoque con demasiada fuerza (LATENTE)
2.
Una pareja que ha estado en discusión constante
durante largo tiempo, cuando muera alguno de los
dos, el superviviente sentirá arrepentimiento, miedo y
angustia, y temerá su propia muerte. Creerá ser
responsable y que tendrá que morir de un modo cruel
como castigo. Acompañado de dolor, pesar,
vergüenza, culpabilidad, cólera y rabia. A ninguno de
nosotros le gusta admitir su cólera respecto a una
persona muerta, estas emociones son disfrazadas o
reprimidas y prolongan el período de dolor o se
manifiestan de otras maneras.(MECANISMOS DE
DEFENSA) ***
La persona muerta se convierte en un ser que se ama
y desea y al mismo tiempo que se odia con la misma
intensidad por lo dura que ha sido su pérdida.
El miedo a la muerte es un miedo universal
aunque creamos que lo hemos dominado.
Pero nuestra manera de hacer frente a la
muerte, al hecho de morir y al moribundo
es lo que puede cambiar.
“Tal vez el principal obstáculo que nos
impide comprender la muerte es que
nuestro inconsciente es incapaz de
aceptar que nuestra existencia deba
terminar” E. Kübler
 Reacción individual ante la muerte
humana
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Ante una pérdida, las personas
atravesamos por cinco fases:
Negación
Rabia
Regateo
Depresión
Aceptación
Negación/Conmoción
¡No puede ser que vaya a morir mi
esposa! Acaba de tener un hijo. ¿Cómo
me va a abandonar?
La negación es una defensa, una forma
normal y sana de enfrentarse a una noticia
horrible, inesperada y repentina. Permite a
la persona considerar el posible fin de su
vida y después volver a la vida como ha
sido siempre.
Rabia/Enojo
Cuando ya no es posible continuar
negándolo, la actitud es reemplazada por
la rabia. La persona ya no se pregunta
¿Por qué yo? Sino ¿Por qué no él o ella?
Esta fase es particularmente difícil para
los familiares, médicos, enfermeras,
amigos, etc. La rabia del paciente sale
disparada, y golpea a todos. El moribundo
despotrica contra Dios, sus familiares,
contra toda persona que esté sana.
Regateo/Negociación
Si se les permite expresar la rabia sin
sentimientos de culpabilidad o vergüenza,
pasan por la fase de regateo: Dios mío,
deja vivir a mi esposa lo suficiente para
que vea a ésta hija entrar a la secundaria;
después se añade otra súplica: espera
hasta que haya terminado el colegio, así
tendrá edad suficiente para soportar la
muerte de su madre; etc.
El tiempo que pasa el moribundo
regateando es beneficioso para quien lo
atiende. Aunque está furioso, ya no está
tan consumido por la hostilidad. No está
tan deprimido como para no comunicarse.
Es un buen momento para aprovechar
liberarse de furia alguna, cerrar cualquier
asunto pendiente, etc.
Depresión 1 y 2
1.
En algún momento el enfermo se va a sentir muy
deprimido por los cambios que está experimentando.
Es natural.
No se puede seguir negando la
enfermedad ni asimilar todavía las limitaciones físicas.
Con el tiempo es posible que a todo esto se añadan
las dificultades económicas. Se producen cambios
drásticos y debilitadores en la apariencia física. Una
mujer se amarga porque la pérdida de un pecho la
hace menos mujer. Cuando este tipo de
preocupaciones se expresan y se tratan con
sinceridad, suelen reaccionar maravillosamente.
2. El tipo de depresión más difícil viene cuando el
enfermo comprende que lo va a perder todo y
a todas las personas que ama. Es una especie
de depresión silenciosa; ese estado no tiene
ningún lado luminoso. Es difícil aliviar el
estado mental en que se renuncia al pasado y
se trata de imaginar el inimaginable futuro. La
mejor ayuda es permitirle sentir su aflicción,
decir una oración, simplemente tocarlo con
cariño o sentarse a su lado en silencio.
Aceptación
Si se les da la oportunidad de expresar su rabia,
llorar y lamentarse, concluir asuntos pendientes,
hablar de sus temores, pasar por las fases
anteriores, llegarán a la última fase, la
aceptación. No se sentirán felices, pero tampoco
deprimidos o furiosos. Es un período de
resignación silenciosa y meditativa, de
expectación apacible. Desaparece la lucha
anterior para dar paso a la necesidad de “tomar
un último descanso antes del largo viaje”.
Se necesita reconocer la pérdida, la
situación en que se encuentra debido a
ésta, etc. O el estado moribundo para
poder vivir el duelo; siendo éste inherente
a nosotros y sano para el bienestar
mental.
Ante cualquier pérdida Kübler dice:
¿Qué se puede hacer? ¿Renunciar? No.
Ésta es una oportunidad para crecer
espiritualmente. Uno no crece si todo es
perfecto. Pero el sufrimiento es un regalo
que tiene una finalidad.
Esta depende de cada uno de nosotros.
“Todas las teorías y toda la ciencia del
mundo no pueden ayudar a nadie tanto
como un ser humano que no teme abrir su
corazón a otro. Aunque muchas veces
evitamos esa tendencia natural nuestra
por vergüenza o temor a la crítica”.
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