La Literatura como auxilio ante el
dolor. Historias de 3 escritoras
Gabriela Mistral
El suicidio de Romelio Ureta, un antiguo amor, que pensaba olvidado,
desencadenó en ella un dolor que plasmó en 13 sonetos, conocido
como Sonetos de la muerte , los cuales fueron incluidos en su obra
Desolación (1922).
Del nicho helado en que los hombres te pusieron,
te bajaré a la tierra humilde y soleada.
Que he de dormirme en ella los hombres no
supieron,
y que hemos de soñar sobre la misma almohada.
Te acostaré en la tierra soleada con una
dulcedumbre de madre para el hijo dormido,
y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna
al recibir tu cuerpo de niño dolorido
( Soneto i)
Isabel Allende
Paula, su hija, se mantiene en coma durante casi un año e Isabel, para
sobrellevar ese dolor decide escribirle una carta donde le va contando
la historia de su familia. Estos manuscritos se convierten en una
conmovedora novela que refleja el dolor, la desesperación, el duelo y
la resignación ante la muerte.
«Me hace bien escribir, a pesar de que a veces me cuesta
hacerlo porque cada palabra es como una quemadura.
Estás páginas son un viaje irrevocable por un largo túnel
al cual no le veo salida, pero sé que debe haberla;
imposible volver atrás, todo es cuestión de seguir
avanzando paso a paso hasta el final. Escribo buscando
una señal, esperando que Paula rompa su implacable
silencio y me conteste sin voz en estas hojas amarillas, o
tal vez lo hago sólo para sobreponerme al espanto y fijar
las imágenes fugaces de la mala memoria».
Paula ,Edit. Sudamericana, p. 252
Rosa Montero
El fallecimiento de su compañero Pablo Lizcano junto con el diario
desencadenaron esta novela inolvidable La ridícula idea de no volver a verte, la
cual nos comparte qué hacer con el dolor para que no nos destruya.
« (…) Cuando el sufrimiento nos quiebra el espinazo, el
arte consigue convertir ese feo y sucio daño en algo
bello. Narro y comparto una noche lacerante y al hacerlo
arranco chispazos de luz a la negrura. (…) Hay que hacer
algo con todo eso para que no nos destruya, con ese
fragor de desesperación, con el inacabable desperdicio,
con la furiosa pena de vivir cuando la vida es cruel. Los
humanos nos defendemos del dolor sin sentido
adornándolo con la sensatez de la belleza».
La ridícula idea de no volver a verte.Edit.Seix Barral pag 101
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