Texto: Miguel Ángel Mesa Bouzas.
Presentación: M.Asun Gutiérrez Cabriada.
Música: Jules Massenet. Meditación.
Felices quienes han esperado pacientemente,
junto a otras muchas personas,
para recibir el bautismo de fuego que les haga parecer locos
ante el buen parecer del mundo.
Felices quienes se han sumergido
en las aguas del dolor,
del sufrimiento, de la duda
y han salido renovados.
Felices quienes han escuchado en algún momento de su vida,
como Jesús: “Éste es mi hijo amado de quien me siento
inmensamente satisfecho”.
Felices quienes se han retirado al desierto para valorar
todo lo que han vivido, para guardar silencio,
descubrir y cumplir la voluntad del Padre,
para emprender un nuevo camino.
Felices quienes han escuchado en su corazón
la Buena Noticia de Jesús
y llenos de alegría han decidido seguirle.
Felices quienes han recibido la fuerza del Espíritu para
denunciar lo que oprime a los demás y anunciar con su vida
un mundo nuevo.
Felices quienes no se han conformado con el agua recibida
en el bautismo y han decidido confirmar su fe, viviendo en
comunidad su adhesión al Evangelio de Jesús.
Felices quienes han salido a comunicar,
por los diversos caminos de la vida,
el amor del Padre, el fuego del Espíritu
y la humanidad nueva prefigurada en Jesús de Nazaret.
Felices quienes han esperado pacientemente, junto a otras muchas personas,
para recibir el bautismo de fuego que les haga parecer locos ante el buen
parecer del mundo.
Felices quienes se han sumergido en las aguas del dolor, del sufrimiento, de la
duda y han salido renovados.
Felices quienes han escuchado en algún momento de su vida, como Jesús: “Éste
es mi hijo amado de quien me siento inmensamente satisfecho”.
Felices quienes se han retirado al desierto para valorar todo lo que han vivido,
para guardar silencio, descubrir y cumplir la voluntad del Padre, para emprender
un nuevo camino.
Felices quienes han escuchado en su corazón la Buena Noticia de Jesús y llenos
de alegría han decidido seguirle.
Felices quienes han recibido la fuerza del Espíritu para denunciar lo que oprime a
los demás y anunciar con su vida un mundo nuevo.
Felices quienes no se han conformado con el agua recibida en el bautismo y han
decidido confirmar su fe, viviendo en comunidad su adhesión al Evangelio de
Jesús.
Felices quienes han salido a comunicar, por los diversos caminos de la vida, el
amor del Padre, el fuego del Espíritu y la humanidad nueva prefigurada en Jesús
de Nazaret. (Miguel Ángel Mesa Bouzas)
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12 de enero de 2014 BAUTISMO DEL SEÑOR