elementos espirituales más significativos y que
aportan un crecimiento cuantitativo y cualitativo a
la vida de piedad y espiritualidad de la Iglesia, en
el marco de las revelaciones y carisma de la Divina
Misericordia, lo tenemos presente en el llamado
que hace el Señor a través de Santa María Faustina,
de adorar y sumergirse en los abismos de su
Misericordia, en el instante cronológico – espiritual
– providencial, del clímax de su Pasión dolorosa…
Es la “hora” por excelencia, la que nos narra el
evangelista San Juan como el momento
definitivo para la obra de Jesús… Es la que se
alude en las bodas de Caná… “Mujer, todavía
no ha llegado mi hora”… Por siete veces Jesús
la cita para indicar la plenitud de su entrega; es
el cumplimiento de su Encarnación,
manifestación a los hombres y Palabra ; en ese
instante se inmola y da la vida a su pueblo…
Es la “hora” que señala en la oración universal
por los suyos, la oración por excelencia ante el
Padre universal, suplicando por la unidad, la
fidelidad y la perseverancia de los salvados.
Esta es la hora de la consumación de las
profecías y las esperanzas del pueblo escogido.
La Misericordia que desciende a la tierra con la
Encarnación del Verbo se hace ahora vida
comunicativa para las almas con la pasión del
Verbo encarnado y sufriente.
Y ESTE MILAGRO ES
EFECTUADO POR EL
VERBO ENCARNADO QUE SE
PRESENTA TAL COMO LO
PROFETIZA ISAÍAS: “SIERVO
SUFRIENTE Y VARÓN DE
DOLORES”, DESPRECIADO Y
TENIDO EN NADA…
“Cuantas veces oigas el
reloj dando las tres,
sumérgete en Mi
misericordia, adorándola
y glorificándola; suplica
su omnipotencia para el
mundo entero y,
especialmente, para los
pobres pecadores, ya que
en ese momento, se abrió
de par en par para cada
alma” (Diario, 1572).
“En esa hora procura rezar el Vía
Crucis, en cuanto te lo permitan
tus deberes; y si no puedes rezar
el Vía Crucis, por lo menos entra
un momento en la capilla y adora,
en el Santísimo Sacramento, a Mi
Corazón que esta lleno de
misericordia. Y si no puedes
entrar en la capilla, sumérgete en
oración allí donde estés, aunque
sea por un brevísimo instante”
(Diario, 1572).
“A las tres, ruega por Mi
Misericordia, en especial para los
pecadores y aunque sólo sea por un
brevísimo momento, sumérgete en
Mi Pasión, especialmente en Mi
abandono en el momento de Mi
agonía. Ésta es la hora de la gran
Misericordia para el mundo entero.
Te permitiré penetrar en Mi tristeza
mortal. En esta hora nada le será
negado al alma que lo pida por los
méritos de Mi Pasión”. Diario 1320.
La oración apropiada a las 3 de la tarde y pedida por el
mismo Señor es
. Es un seguimiento del
camino de la cruz en el espíritu de la Misericordia:
unirse a la pasión del Señor para adorar e impetrar su
insondable Misericordia y acompañar al Señor en el
momento en que nos entrega todo y cumple sus
promesas.
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(PARTE 1) - santa faustina vive