EL ARTE DE EDUCAR
o
El Sentimiento en la Pedagogía
Amigoniana
1
En todo ser humano hay un germen de
sentimiento que nosotros desarrollamos...
Para ello hay que tener mucha paciencia y
caridad en el trato con los niños...
(Javier de Valencia, TPA, 5.042 – 5.043)
2
Cuando los alumnos se dan cuenta que
uno se sacrifica por ellos y que busca
su bien de verdad, le cobran cariño y
por lo tanto podrá trabajar en su
reforma.
(Jorge de Paiporta, TPA, 11.124)
3
Es menester apelar constantemente a
los sentimientos nobles y generosos
del alumno... No se puede sustituir su
conciencia
personal
por
una
conciencia puramente exterior.
(Valentín de Torrente, TPA, 12.124 – 12.128)
4
Debemos ser artistas de esa obra
suprema de arte que tiene por fin
forjar los espíritus, cultivar la estética
del sentimiento.
(Valentín de Torrente, TPA, 12.024)
5
La pedagogía amigoniana, en su proyecto de contribuir a la reconstrucción de
la persona desde el desarrollo de sus capacidades de sentir como tal y de
decidir con libertad, ha apostado siempre fuerte por conmover las entrañas de
los alumnos, a pesar de los traumas padecidos, y ha propiciado para ello en
sus educadores un talante educativo humano y humanista, que los hiciera ser
en verdad expertos en humanidad y profetas del sentimiento humano.
Y ese talante educativo –singular y extraordinario aporte de la pedagogía
amigoniana al mundo de los menores en situación de riesgo o de conflicto–
ha hecho posible, no sólo que el cotidiano quehacer de dicha pedagogía se
transformase en arte, sino también que los mismos educadores adquiriesen, de
alguna manera, la dimensión de poetas de la acción, ya que poeta es, en
definitiva, todo aquél que tiene la virtud de convertir en vino, el agua; de
convertir en sentimiento, lo que el intelectual llama “ideas” y lo que el legalista
gusta denominar “la ley” o “los reglamentos”.
(Juan Antonio Vives, Identidad Amigoniana en Acción, 78)
6
“Más moscas se cazan con miel que
con hiel” o “más moscas se cazan con
una gota de miel que con un barril de
vinagre”
(Javier de Valencia, TPA, 5.048 – 5.052)
7
Tratado el alumno con el verdadero
cariño que requiere la misión de los
religiosos, abrirá su corazón a las
enseñanzas que se le insinúen.
(Terciarios Capuchinos, Constituciones de 1910, n. 237, en TPA, 0.313)
8
Entre las cualidades del buen educador
está, sobre todo, la de amar a los
alumnos. Porque si no se les ama, se
bastardea el fin de la educación... Quien
no sienta latir en su corazón el amor, la
compasión hacia los pobres muchachos
caídos... no tiene vocación para dedicar
su existencia a la reforma de la juventud.
(Valentín de Torrente, TPA, 12.410)
9
El
amor
será
siempre
condición
indispensable, no sólo para educar y moldear
los corazones, sino incluso para instruir y
grabar en las inteligencias las obligaciones
fundamentales que hacen a los hombres
útiles para sí mismos y para los demás... Por
esto –sin descuidar las enseñanzas de la
ciencia- seguimos procurando inspirar
nuestros trabajos en el amor.
(Pedro de la Iglesia, TPA, 10.015 – 10.016)
10
El sistema represivo mira el delito, en
cambio nosotros miramos a la persona que
ha delinquido para rehabilitarla y
levantarla. Los delitos no nos importan.
(Valentín de Torrente, TPA, 12.113)
11
Debemos tener muy presente todos los educadores que nuestros
alumnos son dignos, por todo título, de todo nuestro respeto. Y éste
debe llegar hasta la delicadeza por sus cosas. Ya en la primera entrevista,
cordial y afectuosa, que el educador tenga con el alumno, se le deben
guardar todas las cosillas que trae consigo, aún cuando algunas puedan
parecer menos útiles. A veces lo que para las personas mayores resulta
baladí, no lo es para los muchachos.
Faltan por lo tanto al respeto debido al menor, los educadores que, por
cualquier fútil pretexto, les rompe objetos suyos, quizá incluso haciendo
desprecio de ellos, sin considerar, ignorantes, que, al mismo tiempo,
lastiman la personalidad del menor y se desprestigian a sí mismos.
Y si a las cosas extenderse el respeto. ¿Cuál no deberá ser el que se
tenga a su persona? Si queremos que el alumno se respete a sí mismo,
empecemos por respetarle.
12
(Jorge de Paiporta, TPA, 11.120 y 11.143)
Ya nuestro primer contacto con el alumno puede ser natural
o artificial. ¿Puede ser natural lo que se funda en una
injusticia? He visto centros en los que se aplican a los
alumnos medios que van contra todo principio pedagógico,
como por ejemplo, el del “obligatorio corte de pelo a rape”.
Los argumentos aducidos para la medida, eran tan sin
fundamento, que sólo los podían esgrimir hombres de
mentalidad pobre, dictadores en miniatura, y, por ende, poco
educadores. ¿No es la “toilette” uno de los signos o
manifestaciones de la personalidad, y no es la personalidad
uno de los factores que más debemos resaltar en nuestros
alumnos?.
(Vicente Cabanes, TPA, 14.208)
13
Para enseñar el respeto a lo ajeno es necesario
que les demos nosotros ejemplo de respeto a lo
suyo. Es necesario, pues, que no
“nacionalicemos”, valga la expresión, los
pequeños bienes de nuestros alumnos,
destinándolos a fondo común. Eso ni es justo
ni pedagógico.
(Vicente Cabanes, TPA, 14.210)
14
Mientras el reglamento es la ley común, aplicada con equidad, y no pasa de ahí,
produce efectos saludables..., pero si traspasa los límites de lo necesario..., o desciende
a pormenores..., o se exige con rigor su cumplimiento: entonces, se convierte en un
instrumento envolvente que mata todas las iniciativas del individuo. El espíritu de los
alumnos queda entonces cohibido; sus actividades, coartadas y muertas, su carácter
apocado, y su libertad, enteramente atada... Tales alumnos no son educados para la
vida, sino para la servidumbre. El reglamentarismo es siempre un abuso, “una
embriaguez de reglamento”.
Y rayando con el reglamentarismo está el militarismo que es el espíritu y
reglamentación mantenido por medio de una disciplina de cuartel. El sistema de
cuartel es muy impropio para la formación del carácter de los alumnos. Por ser el
carácter, como la dote del alma y el sello de la propia personalidad, tiene que
desarrollarse “de dentro a fuera”, es decir, desenvolviendo gradualmente las fuerzas
interiores del alumno. Toda imposición extrínseca sobre el alumno obra en sentido
contrario y, por tanto, coarta el libre vuelo de su alma y mata todo el desarrollo de sus
actos.
(Valentín de Torrente, TPA, 12.119 – 12.121)
15
La educación es acción, pero esta acción debe
estar en el sujeto mismo de la educación. Para
actuar el educando necesita libertad, de lo
contrario sería un autómata, pero no un sujeto
que sigue, por propio impulso e iniciativa, el
trabajo de su educación. El bien debe ser
abrazado libremente para que sea consistente.
(Vicente Cabanes, TPA, 14.923)
16
El educador debe ser el instructor de la
verdadera libertad y no el gendarme de la
coacción que mate en el educando su
espíritu, su personalidad.
(Vicente Cabanes, TPA, 14.107)
17
Nuestra autoeducación, principio que
informa nuestra pedagogía está basada en
la dosificación. Por ello, en la sección de
perseverancia, o de imperativo psíquico, es
donde la autoeducación tiene su máxima
oportunidad.
(Vicente Cabanes, TPA, 14.927)
18
La vigilancia llena de amor es una verdadera necesidad, especialmente
en aquellos años en que el muchacho... necesita un maestro, un guía, un
protector: la vigilancia, sin embargo, no ha de ser igual para todos...,
sino que variará según su temperamento, hábitos y condiciones
especiales... Deberá regularse sobre la conducta del niño de tal modo,
que, si éste abusa de su libertad, se afirme sobre él la vigilancia
disciplinaria, mas si usa bien de su libertad, tal vigilancia se aminore y se
aminore hasta casi extinguirse. Sepa el educador que a medida que el
niño va creciendo y va adquiriendo el uso de su libre albedrío es preciso
apelar con frecuencia a su razón, más que el régimen disciplinario. Si la
vigilancia... se propasase de su justo límite, entorpecería en el educando
el libre desarrollo de sus fuerzas y actividades... y sería desastrosa para la
educación de su voluntad y perniciosa para la formación de su carácter.
(Valentín de Torrente, TPA, 12.124-12.128)
19
Desde el momento que ingresa el alumno debe
ser objeto de cuantas atenciones necesite, sin
escatimarle nunca el cariño.
(Domingo de Alboraya, TPA, 6.248)
20
La primera obligación de todo educador es, sea
quien fuere el alumno ingresado, recibirlo con
cariño...
Máxime se ha de extremar la afabilidad, en la
acogida dispensada a aquellos que han sido
tratados mal y no han gozado de la alegría
legítima y pura.
(Jorge de Paiporta, TPA, 11.152)
21
Es de suma importancia que encuentre entre
nosotros esa acogida atenta, ese cariño, que le
hacen abrir las puertas de su corazón...
Recíbase, pues, al alumno con muestras de
“gran simpatía” por él. Ninguna de sus cosas ha
de ser mirada con indiferencia por el educador,
sino al contrario, muéstrese solícito y afanoso
por servirle... muéstresele “un verdadero amor
por su reforma”, por su bien.
(Valentín de Torrente, TPA, 12.064 – 12.420)
22
El mejor medio para ayudar a los alumnos
en su recuperación es “aconsejar, sufrir,
vigilar y llorar con ellos y reír con sus
alegrías”.
(Bernardino de Alacuás, TPA, 3.008)
23
Los religiosos responden a los alumnos
cariñosamente y sin reservas y establecen
con ellos, esa mutua relación de estima y
afecto que suaviza y hace llevaderas las
prescripciones del reglamento.
(Domingo de Alboraya, TPA, 6.251)
24
En nuestros centros existe tal espíritu de
compenetración entre educadores y
alumnos, que aquéllos viven, comen,
juegan y alternan con éstos, formando una
familia cuyo hermano mayor es el
educador.
(Vicente Cabanes, TPA, 14.866)
25
La observación y la experiencia han sugerido y
sugieren cada día a los educadores... no sólo un
régimen general para la buena marcha y
armonía de la Escuela, sino también y
principalmente el régimen particular e
individual conforme con el estado de fuerzas,
aptitudes, inteligencia... y modo peculiar de ser
de cada alumno, a fin de no exigirle más de lo
que pueda, pero sí todo lo que deba.
(Domingo de Alboraya, TPA, 6.176 – 6.177)
26
El ejercicio debe de proporcionarse a la
capacidad del educando... El buen
educador sabe distinguir entre alumno y
alumno y no exige a todos la misma
perfección, sino que se contenta con la
medida de cada cual.
(Valentín de Torrente, TPA, 12.056)
27
La causa de nuestro éxito está en que
individualizamos el tratamiento en cuanto
es posible; procuramos la pedagogía “a la
medida”.
(Domingo de Dos Hermanas, TPA, 9.139)
28
Como la labor pedagógica será tanto más
eficaz cuanto sea más a la medida del
sujeto a quien se aplica, los educadores
procurarán individualizar el tratamiento.
(Terciarios Capuchinos, Manual de 1933, en TPA, 0.246)
29
Nuestra disciplina debe convertirse en una
“solicitud verdaderamente paternal” que
actúe según lo reclamen las distintas
circunstancias de la persona.
(Valentín de Torrente, TPA, 12.121)
30
La familiar es el medio natural de
educación más eficaz. De ahí, la suma
importancia que tiene que, cuando un
muchacho viene a nuestros centros,
encuentre entre nosotros esa acogida
atenta, ese cariño, que le hacen abrir las
puertas de su corazón y se entrega rendido
a sus educadores.
31
(Valentín de Torrente, TPA, 12.064)
El régimen y el marco de nuestras secciones, o grupos
educativos da la impresión de una vida íntima, de una
vida familiar.
Para nosotros es básico el régimen familiar...
La vida de familia es necesaria en cualquiera de
nuestros centros... Si los educadores deben de hacer
en ellos las veces y oficio de padres de sus alumnos,
difícil será hacerlo si la organización no corresponde
a un criterio familiar.
(Vicente Cabanes, TPA, 14.865)
32
Convivimos tan familiarmente con los
educandos que no sólo los conocemos,
sino que nos confundimos con ellos.
(Javier de Valencia, TPA, 5.053)
33
Por la suavidad y gradualidad del método
no se produce tirantez en las relaciones
entre educadores y alumnos, sino que se
goza de esa tranquilidad y alegría que tan
provechosas son para adelantar en una
recta formación.
(Domingo de Alboraya, TPA, 6.254)
34
Para adelantar en la corrección de los
alumnos será de utilidad la alegría de
carácter en el educador, excelente medio de
comunicación
entre
educadores
y
educandos.
(Jorge de Paiporta, TPA, 11.126)
35
Tengamos en cuenta que no son las plantas ni las
flores sólo, ni son los cuadros... los que hacen una
casa de familia acogedora..., es el cariño, la alegría, los
brazos abiertos de una madre que oculta las faltas del
hijo..., que olvida y recuerda...; ese “espíritu de
compenetración” es lo que hace acogedora una casa.
Y este espíritu existe entre educadores y alumnos de
nuestros centros. Con ellos viven, comen y juegan;
con ellos alternan y forman una familia cuyo
hermano mayor es el educador.
(Vicente Cabanes, TPA, 14.866)
36
Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueño tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo
veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!
¡Ay!, pensé; cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz, como Lázaro, espera
que le diga: “levántate y anda”.
37
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