¿Cómo
experimentar
el amor de
Dios
en las tres
dimensiones?
El amor es una de las palabras más
importantes de la teología cristiana.
Muchos cristianos que utilizan este término
comunican una idea claramente secular en
lugar de un concepto completamente bíblico.
El AMOR:
ES EL CENTRO DE LA FE CRISTIANA
El motivo del desarrollo de la iglesia es el amor,
El mensaje es el amor y esta demostrado que
no hay mejor método de iglecrecimiento que
“EL AMOR”
La falta de amor
La soledad pronto será la enfermedad
más extendida en las sociedades
occidentales, aunque no se limita
únicamente a ellas. Recientes
investigaciones demuestran que un
cuarto de la población sufre de soledad
crónica. Es una de las principales causas
de suicidio.
.
La falta de amor
En algunos países, más o menos uno de
cada dos matrimonios termina en
divorcio. La mayoría de la gente desea
una relación armoniosa. Pero solo en
EEUU, se rompe un matrimonio cada
minuto, las 24 horas del día.
La falta de amor
El número de enfermedades mentales
ha sufrido una alarmante aumento en
los últimos años. Uno de cada cinco
pacientes que acuden a la consulta de
un médico sufren desórdenes mentales
o síntomas físicos que son el resultado
de causas psicológicas. Psiquiatras
destacados nos dicen que la falta de
amor es la causa principal de
desórdenes neuróticos serios.
“Dios es amor”
En la primera carta de Juan,
encontramos una frase que suponía
todo un nuevo concepto en la historia
de la religión: «Dios es amor» (1 Juan
4:8 y 16). La singularidad de este
concepto queda clara en el momento en
que intentamos aplicarlo a las deidades
de religiones no bíblicas: Moloc es
amor, Zeus, Júpiter, Brahma es amor.
Estas descripciones no tendrían ningún
sentido.
“Dios es amor”
La verdad de que Dios es amor no es sólo
central en la forma de entender la
naturaleza de Dios, sino también en la
manera de entender la esencia del amor.
La Biblia no presenta el amor únicamente
como una de las características de Dios
(«Dios es amoroso»), sino que dice: «Dios
es amor» (lo cual significa que el amor es
la verdadera naturaleza de Dios). Como el
amor es la naturaleza de Dios, Juan
podría decir: «el que permanece en amor
permanece en Dios y Dios en él»
(1 Juan 4:16).
El Dios de la Biblia
Si estudiamos cómo Dios puso
en acción su amor,
aprenderemos que el amor es
más que dar algo a alguien.
Cuando Dios nos ama, no nos da
simplemente algo, él se da “a sí
mismo.”
El Dios de la Biblia
La esencia del entendimiento cristiano del
amor es darnos a nosotros mismos. Este,
desde luego, no es un concepto fácil. Hay
que pagar un precio. Sin embargo, al
mismo tiempo esta es la clave para
experimentar una vida llena, desafiante y
feliz. Aquí la paradoja se hace realidad:
«El que halle su vida, la perderá; y el
que pierda su vida por causa de mí, la
hallará» (Mat. 10:39).
El Dios de la Biblia
El amor de Dios por
nosotros: Ese es el
estandar de nuestro
amor por la gente.
Estos términos
son muy
importantes
para entender
la naturaleza de
Dios.
(Dios)
El concepto de amor se puede
expresar de dos formas diferentes.
Podemos expresarlo en una palabra,
amor (en el centro del diagrama,
donde también podríamos poner el
término “Dios”), o podemos expresar
la misma idea utilizando tres términos
diferentes, cada uno de ellos cubre un
aspecto diferente del amor de Dios
(justicia, verdad, gracia).
Estos tres términos NO se
pueden separar radicalmente
unos de otros; en realidad,
su significado se superpone.
De hecho, cuanto más se
practican verdaderamente
estos valores en el amor,
más se mezclan sus
significados.
Tres dimensiones del amor de Dios
“El problema de la traducción”
•
•
•
•
•
Tres términos:
æmunah (verdad),
sedaqah (justicia),
y hæsæd (gracia)
se utilizan juntos a lo largo del libro
de los Salmos para alabar a Dios. En
la mayoría de las traducciones de la
Biblia, sin embargo, los términos se
han expresado de forma diferente.
(NVI)
Tres dimensiones del amor de Dios
“El problema de la traducción” (NVI)
• En los idiomas occidentales estos tres términos se
pueden separar fácilmente uno de otro; en los idiomas
de oriente medio esto resulta más difícil. Sin embargo,
ya que el pensamiento occidental (Griego/Indoeuropeo)
ha tenido más influencia en la teología cristiana a lo
largo de la historia que el pensamiento oriental, el
cristianismo sufre hoy de un punto de vista aislado en
lugar de integrado.
• Muchos cristianos resaltan más uno de los tres aspectos,
ya que uno se ha hecho especialmente importante para
ellos. Pero sólo podemos practicar los tres valores en
amor si los integramos. Si no conseguimos integrarlos,
aunque practiquemos la justicia, la verdad o la gracia,
no seremos capaces de practicar el amor.
La justicia (representada
por el color verde) es una
de las tres dimensiones
indispensables del
amor de Dios. Sin
embargo, debe ser
complementada con
la verdad (rojo) y la
gracia (azul) para
mantener el equilibrio.
La justicia en la Biblia es la expresión
activa del amor compasivo de Dios.
Toma partido por aquellos que más la
necesitan: los desamparados y los que
sufren, los débiles y los pobres. La
justicia es mucho más que aplicar las
leyes. Se dirige a una moralidad que
está más allá y por encima del código
legal.
Santiago, un hermano
terrenal de Jesús y uno
de los pilares de la
primera iglesia en
Jerusalén, mantuvo
apasionadamente la ley
judía incluso después de
hacerse cristiano.
La carta que lleva su nombre
no contiene nada que no se
pueda encontrar en alguna
parte de la Biblia. En su
forma, sigue la tradición de la
literatura sapiencial del
Antiguo Testamento. En su
contenido, es muy similar al
evangelio de Mateo, en
particular al «sermón del
monte» (Mat. 5-7) de Jesús.
El mensaje central de su enseñanza es:
«Sed hacedores de la palabra y no tan
solamente oidores, engañándoos a
vosotros mismos» (Santiago 1:22). Sin
embargo, en contraste con otros libros de
la Biblia, Santiago hizo de este mensaje el
centro mismo de su carta. Le encanta la
forma verbal imperativa; en los 108
versículos de su carta encontramos 54
imperativos.
Santiago no ataca a una
herejía intelectual, sino a
una herejía práctica que
puede darse en conjunción
con la doctrina ortodoxa. A
él le interesa la fe que se
evidencia en actos de amor
prácticos, y por lo tanto
resalta que «la fe si no tiene
obras, está completamente
muerta» (Santiago 2:17).
Su objetivo es eliminar el
espíritu mundano que ha
infectado a la iglesia (Santiago
4:4). Está especialmente
preocupado por los pobres y
necesitados que han sido
tratados injustamente
(Santiago 5:4-6) y porque los
ricos reciban privilegios
especiales (Santiago 2:1-7).
La verdad (representada
por el color rojo) es una de
las tres dimensiones
del amor de Dios.
Sin embargo, debe
estar suplementada
con la gracia (azul)
y la justicia (verde)
para mantener el
equilibrio.
Uno de los primeros significados del
término griego para verdad, aletheia, era
quitar un velo. La verdad es «realidad
desvelada»; la realidad tal y como es a
los ojos de Dios. Al apóstol Juan le
gustaba combinar este concepto con uno
de sus términos favoritos, luz: «El que
practica la verdad viene a la luz»
(Juan 3:21). Donde brilla la luz de la
verdad, ocurre la revelación, la decepción
desaparece, y la realidad se hace visible.
Una imagen extendida del apóstol
Juan es la que le muestra como
una persona gentil, tolerante y
amistosa. Por todo lo que sabemos
del Juan histórico, era
exactamente lo contrario. Jesús
tenía buenas razones para llamarlo
un «Hijo del trueno», un apodo que
encaja muy bien con la descripción
de persona impulsiva, acalorada y
exigente que de él se hace en los
evangelios.
Cuando observamos las
recomendaciones de Juan para tratar
con la gente que enseña falsedades,
tampoco nos parecen especialmente
tolerantes: «Si alguno viene a
vosotros y no trae esta doctrina, no lo
recibáis en casa ni le digáis
‘¡Bienvenido!’, porque el que le dice:
‘¡Bienvenido!’ participa en sus malas
obras» (2 Juan 10-11).
Es evidente que el enfoque de
Juan en la verdad, incluso su
severidad en contra de cualquier
forma de herejía, estaba
motivado por el amor. Sabía muy
bien cuáles eran los efectos de la
herejía, que podía destruir
literalmente la vida de la gente.
Eso explica sus pasión por la
verdad.
La gracia (representada
por el color azul) es una de
las tres dimensiones
indispensables del
amor de Dios. Sin
embargo, debe estar
suplementada por la
justicia (verde) y la
verdad (rojo) para
mantener el equilibrio.
Para entender lo que es la
gracia es bueno pensar en el
término del Nuevo Testamento
charis. Es la raíz de la que
procede la palabra «carisma».
En realidad, charis tiene
mucho que ver con carisma:
puede hacer referencia a una
actitud atractiva que irradia
calidez, aceptación y gozo.
El concepto bíblico de gracia
contradice una forma de entender
la justicia que está bastante
extendida. Y en realidad, la gracia
no siempre es justa. ¿Por qué un
padre prepara una fiesta para un
hijo que ha gastado su dinero y no
para el hijo mayor que ha servido
fielmente a su padre todo el
tiempo? La gracia no se merece, es
un don gratuito.
Los cristianos que viven y mueren con un
alto sentido de moralidad a menudo
rechazan una aplicación radical del
principio de gracia. Han pagado un
alto precio para convertirse en miembros
de lo que ellos esperaban que fuera un
club exclusivo: la iglesia. Y ahora quieren
que siga siendo lo más exclusivo posible.
Consideran que la gracia es injusta.
Pablo ha recibido con justicia el título
de «Apóstol de la gracia». Aunque
escribe sobre la justicia y la verdad
también, tenemos la sensación de
que, en lo que se refiere a la gracia,
nos encontramos ante el «verdadero
Pablo». El término es mencionado 156
veces en el Nuevo Testamento;
y encontramos 100 de ellas sólo en los
escritos de Pablo.
Pablo sabía quién había sido (un
perseguidor de la iglesia) y en lo que se
había convertido (un apóstol de
Jesucristo), y sólo podía dar una
explicación para eso: la gracia. «Yo soy
el más pequeño de los apóstoles, y no
soy digno de ser llamado apóstol,
porque perseguí a la iglesia de Dios.
Pero por la gracia de Dios soy lo que
soy; y su gracia no ha sido en vano
conmigo» (1Cor. 15:9-10).
Santiago, Juan y Pablo definitivamente no
decían lo mismo. Cada uno de ellos estaba
tratando una situación especial que
necesitaba un mensaje especial.
Santiago subrayaba la justicia porque se
estaba dirigiendo a la segunda generación
de cristianos cuya fuerza moral se había
debilitado.
Juan enfatizaba la verdad porque estaba
previniendo a los cristianos en contra de
ciertas herejías.
Pablo resaltaba la gracia porque estaba
tratando con maestros que estaban
intentando introducir de nuevo el sistema
judío de rectitud.
Los tres autores bíblicos que
hemos estudiado como modelos de
justicia, verdad y gracia tienen,
en cierto modo, el mismo mensaje.
Todos ellos insisten en la
necesidad de poner el auténtico
conocimiento en acción.
Las figuras abajo todas buscan el
centro, pero van en distintas
direcciones
Es útil pensar en
Santiago, Juan y
Pablo como asesores
de iglesias que
estaban tratando las
deficiencias de color
de sus audiencias.
En este diagrama, el amor se
coloca en el centro. Los ocho
términos que caracterizan
El amor como fruto del espíritu
se distribuyen alrededor de la
rueda negra. Cada uno de ellos
con una afinidad específica
Con uno de las tres áreas de
color:
Justicia
Verdad
Gracia
Pablo dejó muy claro a los cristianos de Corinto que
incluso la vida más comprometida no sirve de nada sin el
fruto del Espíritu. En 1 Corintios 13 les dijo:
que podían tener todo el conocimiento (lo cual se
relaciona con la dimensión de la verdad),
entregar todas sus posesiones a los pobres (la dimensión
de la justicia)
e incluso dar su propia vida (la dimensión de la gracia);
pero sin amor todo sería en vano.
En los diagramas anteriores hemos
relacionado la descripción del amor
en 1cor 13 con los ocho términos
que Pablo ha introducido en Gálatas
5:22-23 para describir el fruto del
Espíritu. Es asombroso lo
comparables que son estos dos
pasajes, escritos en dos situaciones
diferentes para dos audiencias
distintas
Una persona madura y afectuosa es capaz de
expresar amor de muchas maneras distintas,
dependiendo del momento. Si sólo se
aprende a expresar el amor de una forma en
especial, sólo se puede responder de forma
adecuada en un número de situaciones muy
limitado. Fuera de estos casos el patrón de
amor típico que se tiene puede resultar inútil
o, incluso, contraproducente.
Unas veces el amor debe ser duro; otras
tierno. Algunas veces tenemos que
ponernos gafas con cristales color rosa,
pasando por alto los aspectos menos
favorables del carácter de alguien. Sin
embargo, otras veces tenemos que
centrarnos en los aspectos negativos
para ayudar a la gente a madurar.
¿Cuál es el color más
importante –o la expresión
de amor– en una situación
concreta? Para responder
a esta pregunta debemos
tener en cuenta dos
asuntos importantes:
1. ¿Qué necesita más la otra persona en esta
situación? ¿Una expresión de justicia, de verdad o
de gracia?
2. ¿Qué puedo ofrecer en este momento? Por ejemplo,
puede sentir que la otra persona necesita
principalmente experimentar la gracia de Dios, pero
en sus circunstancias actuales usted no puede
ministrarle gracia con eficacia. Esto podría ser una
señal de que necesita entrenarse más en esta área.
Entrenar los «músculos del amor» incluye abandonar la
zona de comodidad de vez en cuando. Si no desea hacer
eso, no podrá madurar en amor. Habrá temas en este
libro que usted verá con cierto escepticismo ya que
están fuera de su zona de comodidad. Mire las imágenes
y los ejemplos que he escogido –¡deliberadamente!–
para ilustrar las tres dimensiones del amor
(páginas 30-35):
Las siguientes ocho páginas le ayudarán a entender
mejor lo que significan los diferentes términos de
Gálatas 5:22-23. Estrictamente hablando,
deberíamos referirnos a los ocho términos como
«expresiones del fruto del Espíritu», como
hemos visto anteriormente (páginas 56-57). Sin
embargo, para evitar un lenguaje muy complicado
durante el resto del libro utilizaremos también la
palabra «fruto» para referirnos a las expresiones
individuales.
Aquí explico el significado bíblico del fruto
correspondiente, normalmente con una referencia
al término griego que se utiliza en el Nuevo
Testamento. Fíjese en que el significado bíblico
de algunos términos difiere considerablemente
del uso común que tiene hoy en día. Estudiar
textos bíblicos específicos y observar la raíz
original de la palabra puede ayudar a elaborar
una forma bíblica genuina de entender las
diferentes maneras en las que se puede expresar
el amor.
Este pasaje hace referencia a la rueda del color
espiritual que se presentó en la página 59. Cada
fruto se relaciona con uno (o dos) de los tres colores
que hemos elegido para representar la justicia, la
verdad y la gracia. El texto explica por qué el fruto
en cuestión se ha colocado precisamente en esa
posición dentro de la rueda. También se ilustra con
el símbolo del corazón que encontrará en cada
página.
Para cada fruto, he seleccionado un
pasaje de la Biblia que describe la
esencia de ese fruto. Estos versículos
sirven como muestra del paradigma
bíblico que hay tras el término en
cuestión.
Bajo este título hay unos textos
adicionales que he seleccionado del Nuevo
Testamento y que le ayudarán a
comprender todavía mejor ese término.
En esta lista, no he incluido los textos
que ya he mencionado en esa página.
Cuando trate con un fruto específico,
asegúrese de estudiar cada uno de
estos versículos en su contexto.
Si la paciencia es su punto débil, suele esperar
conseguir resultados demasiado pronto, con
efectos negativos tanto en su relación consigo
mismo como con los demás.
Madurará en amor cuando aprenda a darse
tiempo a usted y dar tiempo a los demás para
crecer de forma natural, lo cual incluye
cometer errores y aprender de ellos.
La palabra griega makrothymia contempla
una persistencia a la que las circunstancias
desfavorables no disuaden con facilidad.
Se basa en la paciencia de Dios, que nunca
se rinde con nadie. La paciencia no se debe
confundir con el fatalismo, esto es, aceptar
simplemente las cosas como son. Por el
contrario, la paciencia, como se describe en
la Biblia, es activa.
Es una perseverancia que trabaja para ver que
la voluntad de Dios se hace realidad.
En este proceso, sin embargo, se tiene en
cuenta el momento adecuado. En el Nuevo
Testamento, a menudo se menciona la paciencia
en relación cercana con la benignidad y la
mansedumbre (como también se ha hecho en
nuestra rueda del color).
Literalmente, makrothymia significa
retener thymos, ira, durante
mucho tiempo. Es lo contrario de
oxythymia, ira violenta. La gente que
demuestra paciencia es capaz de
combinar determinación y misericordia.
En la rueda del color espiritual (página
59), la paciencia se ha colocado en el
segmento de la justicia (verde),
superponiéndose ligeramente con la
gracia (azul). La dimensión de la gracia
que está contenida en la paciencia se
necesita con urgencia cuando la gente
busca justicia.
«Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta
la venida del Señor. Mirad cómo el labrador
espera el precioso fruto de la tierra,
aguardando con paciencia hasta que reciba la
lluvia temprana y la tardía. Tened también
vosotros paciencia y afirmad vuestros
corazones, porque la venida del Señor se
acerca. Hermanos, no os quejéis unos contra
otros, para que no seáis condenados.»
Mateo 18:21-35; Romanos 9:22-23;
1 Corintios 13:4; Colosenses 3:12-14;
1 Tesalonicenses 5:14-15; 2 Timoteo
3:10-12; 2 Timoteo 4:1-8; Hebreos
6:10-20; Santiago 1:2-4; Santiago
5:7-12; 2 Pedro 3:4-16
Si el gozo es su punto débil, a usted y
a otros les animaría poder sentirse más
entusiasmados con el Señor y con el
ministerio que le ha dado. Tiene que
aprender a no dejar que su estado de
ánimo se vea tan influenciado por el
ambiente en el que se encuentra.
El término griego chara hace referencia a una
felicidad basada en el «gozo del Señor», y por lo
tanto es independiente de la situación en la que
se puede estar. El gozo no tiene nada que ver
con la búsqueda hedonista de la diversión. Es más
una «felicidad en» que una «felicidad por». No
ignora las tristezas y las penas de la vida. De
hecho, en la Biblia con frecuencia se resalta que
podemos tener gozo en medio del sufrimiento.
Sin embargo, el gozo bíblico no debería
confundirse con el ideal estoico de un estado del
ser sin emoción. Tanto en el Antiguo como en el
Nuevo Testamento, el gozo es definitivamente un
término cargado de emoción. Los evangelios nos
enseñan con los colores más brillantes de qué va el
amor. Cuanto más crezca este fruto, mejor
podremos compartir con los demás el gozo que
hemos experimentado.
El término chara está muy relacionado
con el término del Nuevo Testamento
para gracia: charis. En efecto, podemos
ver todo el evangelio como una «palabra
de gozo». Lucas en particular hace del
gozo el tema subyacente de su evangelio.
El gozo es tanto una expresión de
verdad (ver 1 Cor. 13:6) como de
gracia (ver más arriba). Por lo tanto
lo hemos colocado en nuestra rueda
del color espiritual (página 59) entre
los segmentos rojo y azul.
«Regresaron los setenta con gozo, diciendo:
‘¡Señor, hasta los demonios se nos sujetan en
tu nombre!’ Les dijo: ‘Yo veía a Satanás caer
del cielo como un rayo. Os doy potestad de
pisotear serpientes y escorpiones, y sobre
toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.
Pero no os regocijéis de que los espíritus se os
sujeten, sino regocijaos de que vuestros
nombres están escritos en los cielos.’»
Juan 15:9-11; Hechos 5:41-42;
Romanos 14:17; Filipenses 4:1-4;
Colosenses 1:24; Hebreos 10:34;
Santiago 1:2
Si la paz es su punto débil actual,
debería buscar deliberadamente la
reconciliación en las relaciones que
hay a su alrededor. Sin embargo,
puede que tenga que trabajar para
mejorar sus propias relaciones
primarias antes de intentar la
reconciliación entre los demás.
En el Nuevo Testamento el término griego
eirene en la mayoría de los casos adquiere
matices de la palabra hebrea shalom, que
tiene una amplitud mayor. Esta incluye tanto
el estado de estar reconciliado con Dios como
la integridad en todos los aspectos de la vida
de uno, de la cual surge la paz entre otras
cosas.
No es accidental que la Biblia empiece y
termine con la gran visión de shalom. En la
narración de la creación, Dios proporciona
orden y armonía al caos. En el libro del
Apocalipsis, la gente de todas las naciones
forma una comunidad afectuosa en
la «santa ciudad, la nueva Jerusalén»
(Apoc. 21).
En Salmos 85:10 shalom se coloca en medio
de nuestros tres términos clave para
entender el amor: justicia, verdad y gracia.
«La misericordia y la verdad se encontraron;
la justicia y la paz se besaron.» En Mateo
5:9 Jesús bendice a los pacificadores y les
promete que serán llamados «hijos de Dios».
La paz es una expresión de la justicia
(ver Isa. 32:17), pero tiene tendencia
también hacia la verdad. Por lo tanto,
en nuestra rueda del color espiritual
(página 59), la hemos colocado dentro
del segmento verde, rozando el
segmento rojo.
«Unánimes entre vosotros, no seáis
altivos, sino asociaos con los humildes.
No seáis sabios en vuestra propia opinión.
No paguéis a nadie mal por mal;
procurad lo bueno delante de todos los
hombres. Si es posible, en cuanto
dependa de vosotros, estad en paz con
todos los hombres.»
Marcos 9:50;
Juan 14:27; Romanos 5:1-2;
2 Corintios 13:11;
Efesios 2:14-7;
Filipenses 4:7;
Hebreos 12:11-15;
Santiago 3:18
Si la fidelidad fuese su área
más débil, podría hacer un
gran progreso en un proceso
de crecimiento aprendiendo a
ser más fiel en sus
compromisos. Esto haría que
fuese más digno de confianza
para los demás.
La palabra fidelidad en el texto griego,
pistis, es la misma palabra que a menudo
se traduce como «fe». En el Nuevo
Testamento, la fidelidad incluye fiabilidad
y ser digno de confianza: usted confía
en los demás y, a su vez, ellos confían en
usted. La parábola de los talentos
(Mat. 25:14-30) es un ejemplo primordial
del tipo de mayordomía fiel que Dios
espera de nosotros.
En la Biblia, la fidelidad siempre es un
término de relación, se preocupa de los
compromisos hacia otra gente. Es desleal
no utilizar los dones que Dios nos ha dado
(Lucas 19:20). De la misma manera,
puede ser desleal comprometernos a
realizar tantas tareas que nos sea
imposible realizarlas adecuadamente. La
buena mayordomía implica la habilidad
para saber decir «no».
Como hemos visto antes (página 32),
en el Antiguo Testamento «fidelidad»
es otra traducción para la palabra que
en hebreo significa «verdad». La
fiabilidad que implica este término
está en el centro del concepto bíblico
de verdad.
Como «fidelidad» y
«verdad» son sinónimos en
el Antiguo Testamento,
hemos colocado la
fidelidad en el centro del
segmento rojo.
«El que es fiel en lo muy poco,
también en lo más es fiel; y el que en
lo muy poco es injusto, también en lo
más es injusto. Si en las riquezas
injustas no fuisteis fieles, ¿quién os
confiará lo verdadero? Y si en lo
ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os
dará lo que es vuestro?»
Lucas 12:42-48;
Lucas 16:1-8;
Romanos 4:17-20; 1
Corintios 4:1-2;
2 Timoteo 2:13;
Hebreos 10:23
Si la bondad es su debilidad actual,
definitivamente podría ser «más
duro» con usted y con los demás.
En lo que se refiere a los
estándares de Dios, ser un tanto
estricto puede reflejar bien un
espíritu de amor.
La palabra «bondad» puede
representar una forma falsa
de entender el término, ya
que tendemos a pensar que es
algo como «afabilidad». El
término griego, agathosyne,
significa algo muy diferente.
Así como dikaiosyne (justicia) es el
nombre derivado del dikaios (justo),
agathosyne es el nombre derivado del
adjetivo agathos (bueno). En otras
palabras, el término significa tratar de
alcanzar los estándares que Dios ha
definido como «buenos». Es una actitud
de oposición a todas las formas de mal;
en nuestras propias vidas y en las de los
demás.
La bondad, en el sentido bíblico,
es una expresión del amor correcto
de Dios. Identifica una situación
mala y trata de cambiarla.
La limpieza que hace Jesús del
templo (ver pasaje de abajo), es
un buen ejemplo de la bondad
bíblica en acción.
El fruto de la bondad
(entendida en el sentido bíblico)
es una expresión de la justicia.
Por lo tanto la hemos colocado
en el segmento verde.
«Vinieron, pues a Jerusalén, y entrando Jesús en
el Templo comenzó a echar fuera a los que
vendían y compraban en el Templo. Volcó las
mesas de los cambistas y las sillas de los que
vendían palomas, y no consentía que nadie
atravesara el Templo llevando utensilio alguno. Y
les enseñaba, diciendo:
“¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de
oración para todas las naciones? Pero vosotros la
habéis hecho cueva de ladrones.”
Mateo 5:17-20;
Marcos 10:18;
Romanos 12:2;
Romanos 15:14;
Efesios 5:1-9;
2 Tesalonicenses 1:6-12
Si a su vida le falta benignidad,
debería tratar de proyectar
una actitud más atractiva. Es
especialmente importante
que empiece a fijarse en las
pequeñas cosas que hacen
felices a los demás.
La benignidad –en griego chrestotes–
puede expresarse mediante
simples detalles en la vida y las
relaciones: interesarse por los
demás, hacer regalos, prestar
atención, escuchar a la gente,
recordar los nombres, etc.
La benignidad irradia una atmósfera
que se encuentra en el centro mismo
del término «gracia». Cuando este
fruto crece en la vida de la gente,
son capaces de irradiar la gracia de
Dios sin utilizar palabras.
Cuando Pablo integró la benignidad en su
descripción del amor, estaba haciendo algo
más que tomando prestado el término de
listas de virtudes similares que tan
extendidas estaban en aquella época. Más
bien, estaba respondiendo a la benignidad
de Dios, que él había experimentado con
tanta fuerza en su propia vida
(Rom. 11:22).
Como la benignidad
expresa una «atmósfera
de gracia», la hemos
colocado en el centro del
segmento azul.
«Un hombre que descendía de Jerusalén a
Jericó cayó en manos de ladrones, los cuales
lo despojaron, lo hirieron y se fueron
dejándolo medio muerto.
Aconteció que descendió un sacerdote por
aquel camino, y al verlo pasó de largo.
Asimismo un levita, y llegando cerca de aquél
lugar, al verlo pasó de largo. Pero un
samaritano….. ….‘Cuídemelo,y todo lo que
gastes de más yo te lo pagaré cuando
regrese.’»
2 Corintios 6:6;
Efesios 2:4-7;
Efesios 4:29-32;
Colosenses 3: 12-14;
Tito 3:4-8
Si el dominio propio es un punto
débil para usted, el paso más
importante que debería dar es el
de intentar lograr una mayor
constancia en su vida personal para
así conseguir ser una persona más
afectuosa. Si presta más atención
a la disciplina, esto le beneficiará
a usted y a los demás.
La palabra griega egkrateia significa
sobriedad, restricción y moderación
en todas las áreas de la vida. Implica
mucho más que el término «templanza», que
es el utilizado en las antiguas traducciones,
incluso aunque esta sea una manifestación
común del autodominio.
El significado básico de templanza es
«tener poder sobre uno mismo».
El término, semánticamente, está
relacionado con la palabra askeo, de la
que procede la palabra «ascético». El
significado literal de askeo es
simplemente entrenar. Entrenar incluye
abstenerse de muchas cosas para
alcanzar un objetivo especial
(1 Cor. 9:24-27).
El dominio propio no es un .n en sí
mismo, incluso aunque a lo largo de la
historia de la iglesia mucha gente lo
haya entendido de esa manera. Más
bien, su objetivo es servir mejor a los
demás.
El dominio propio está
fuertemente relacionado
con la perseverancia y la
fiabilidad que caracteriza
al segmento de color rojo
en su conjunto.
«¿No sabéis que los que corren en el estadio,
todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva
el premio? Corred de tal manera que lo
obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se
abstiene; ellos, a la verdad, para recibir
una corona corruptible, pero nosotros, una
incorruptible. Así que yo de esta manera corro,
no como a la ventura; de esta manera peleo no
como quien golpea el aire; sino que golpeo mi
cuerpo y lo pongo en servidumbre, no sea que,
habiendo sido heraldo para otros, yo mismo
venga a ser eliminado.»
Hechos 24:25
1 Corintios 6:12-20
1 Corintios 7:7-9
Gálatas 5:19-26
2 Timoteo 3:1-5
Tito 1:7-8
2 Pedro 1:5-7
Si la mansedumbre es una
debilidad en su vida, los
demás a veces le percibirán
como petulante. Un gran
paso para conseguir ser una
persona afectuosa podría
ser prestar un poco menos
de atención a sus derechos.
El término griego para mansedumbre,
praytes, significa lo contrario que la
testarudez discutidora y petulante. A la
gente mansa no le resulta difícil
someterse a Dios y a los demás. No se
enfadan con facilidad. En su lugar, tienden
a ser apacibles, tolerantes y dispuestos a
ser amables con los demás.
La mansedumbre, como principio, se abstiene de utilizar
la fuerza contra los pecadores. Según 1 Timoteo 3:3,
los líderes en particular deberían caracterizarse por su
mansedumbre. Jesús ofreció un modelo para la clase de
mansedumbre que se espera de nosotros cuando lavó los
pies de sus discípulos, como se recoge en Juan 13. Al
final de este pasaje, Jesús dijo: «Pues si yo, el Señor y
el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también
debéis lavaros los pies los unos a los otros, porque
ejemplo os he dado para que, como yo os he hecho,
vosotros también lo hagáis» (Juan 13:14-15).
Como la mansedumbre es una afabilidad
motivada espiritualmente, y como se
opone a los aspectos «más severos» del
amor que podemos encontrar en el
segmento rojo, la hemos colocado en el
centro del segmento azul (gracia).
«Hermanos, si alguno es sorprendido en alguna
falta, vosotros que sois espirituales,
restauradlo con espíritu de mansedumbre,
considerándote a ti mismo, no sea que tú
también seas tentado. Sobrellevad los unos las
cargas de los otros, y cumplid así la ley de
Cristo. El que se cree ser algo, no siendo
nada, a sí mismo se engaña.»
Mateo 5:5;
Mateo 11:28-30;
Juan 8:3-11;
Efesios 4:1-3;
2 Timoteo 2:24-26;
Tito 3:1-2;
1 Pedro 3:15-17;
Santiago 1:19-21
Hemos visto que el amor, tal como se describe en la
Biblia y como lo modeló Jesucristo mismo, cubre un
espectro amplísimo. Si observamos de nuevo los ocho
términos de nuestra rueda del color espiritual de la
página 59, queda claro a primera vista que el concepto
bíblico del amor literalmente toca todas las dimensiones
de nuestra vida: la espiritualidad y la familia, el
trabajo y los vecinos, las ideas políticas y la implicación
social, las actividades en la iglesia y la visión que
tenemos de las diferentes tradiciones teológicas, las
actividades terrenales y la vida después de la muerte
Por esta razón, a algunas persona esta
enseñanza les resulta amenazadora.
Intentan poner cadenas al amor. No
niegan realmente el concepto cristiano
de amor, pero lo restringen a ciertas
áreas de la vida, prefiriendo ignorar las
demás. Esta reacción está tan extendida
que me temo que todos estamos
tentados a caer en esta trampa en mayor
o menor grado.
La gente que afirma amar a su familia, pero no
son afectuosos en el trabajo, sólo muestran un
amor parcial. Dudo de si este tipo de amor es
realmente amor, porque el amor por definición
es integral, indivisible. Afecta al microcosmos y
al macrocosmos.
Erich Fromm dijo acertadamente: «El amor no es
ante todo una relación con una persona en
particular. Es una actitud, una orientación
del carácter que determina la relación de una
persona con el mundo en su totalidad, y no sólo
con un único objeto de amor.»
Algunas personas creen que no amar a nadie
ni a nada más que al objeto exclusivo de su
afecto es una prueba de la intensidad su
amor. Pero esto no es así. El amor es como la
respiración. Si alguien le dijera: «Sólo
respiro cuando estoy contigo», usted
probablemente no le creería, y estaría en lo
cierto. ¿Por qué? Porque se moriría si no
respirara cuando está separado de usted.
El amor es la respiración del alma. No
es cierto que se tenga una cierta
«cantidad de energía amorosa» a
nuestra disposición y que haya que
administrarla. O hacer un esfuerzo para
ser una persona afectuosa –y el amor
gradualmente colorea todas las áreas de
su vida– o es que no ha entendido en
qué consiste el amor.
Una cosa es pedir estas cosas en un
estrado o en libros y otra muy distinta
ponerlas en práctica. Esa es la tarea
exclusiva de las restantes páginas de
este libro: ejercicios prácticos dirigidos
a ayudarle a infundir los «tres colores
del amor» en las cosas triviales de la
vida. Incluso aunque el amor tiene su
origen en el cielo, siempre debe bajar a
la tierra.
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Los tres colores del amor - Iglesia Evangélica Metodista de Costa Rica