Jueves 02 Julio
Texto de hoy: “y estando juntos les mandó que
no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen
la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis
de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con
agua, más vosotros seréis bautizados con el
Espíritu Santo dentro de no muchos días”
Hechos 1:4 y 5.
¿Cuál es la mayor necesidad de la iglesia de
hoy? ¿Será de más y mejores templos? ¿Se
necesitarán más equipos electrónicos,
proyectores o computadoras?
En muchos lugares se expresa la
necesidad de terminar el templo, ponerle
una mejor fachada o construir lugares
para las divisiones infantiles.
Otras veces se menciona la necesidad
de un lugar de recreación para los
jóvenes, o de construir un dispensario
para servicios comunitarios.
Todas estas son necesidades aparentes en
las cuales muchas veces enfocamos
nuestros esfuerzos. Pero la mayor
necesidad de la iglesia es una necesidad
de fondo, que tiene que ver con reenfocar
la visión y reorganizar las prioridades.
Elena G. de White señala que “la mayor y
más urgente de todas nuestras
necesidades es la de un reavivamiento de
la verdadera piedad en nuestro medio.
Procurarlo debiera ser nuestra primera
obra. (M.S, 1:141).
La iglesia necesita procurar, como su
primera obra, un reavivamiento de la
verdadera piedad. Al igual que a la iglesia
de Éfeso, el Testigo fiel señala a la iglesia
actual: “pero tengo contra ti, que has
dejado tu primer amor.
Recuerda, por tanto, de donde has
caído, y arrepiéntete, y haz las
primeras obras” (Apoc. 2:4 y 5).
Un
reavivamiento
implica
una
renovación del fervor misionero del
“primer amor”. Un nuevo entusiasmo
por enfocar las fuerzas de la iglesia, sus
talentos y sus recursos a realizar “las
primeras obras”,
esto es, enfocarse en la salvación de las
almas y llevar el mensaje del evangelio
a todas las personas de la comunidad.
LA PROMESA
Dios
ha
prometido
que
ese
reavivamiento vendrá y que ocurrirá
dentro de su pueblo. Notemos las
palabras inspiradas de la siguiente
declaración: “Antes que los juicios de
Dios caigan finalmente sobre la tierra,
habrá entre el pueblo del Señor un
reavivamiento de la piedad primitiva,
cual no se ha visto nunca desde los
tiempos apostólicos”. (C.S, 517). Antes
que sea demasiado tarde, el pueblo del
Señor experimentará ese reavivamiento
anhelado,
que lo conducirá a la terminación de la
obra de la predicación en todo el mundo.
No es necesario buscar el reavivamiento
en ningún otro movimiento, pues Elena G.
de White vio en visiones de la noche “un
gran movimiento de reforma en el seno
del pueblo de Dios” (J.T. 3:345).
La mayor necesidad de la iglesia, que es
el reavivamiento espiritual, ocurrirá
bajo la dirección del Espíritu Santo.
Jesús indicó a sus primeros discípulos
que esperaran en Jerusalén la promesa
del Padre (Hech. 1:4)
y les prometió que serían “bautizados
con el Espíritu Santo dentro de no
muchos días”. Esa indicación y esa
promesa son también para la iglesia
actual. A fin de cumplir eficazmente la
misión que Dios nos ha encomendado,
a fin de iluminar la tierra con la gloria
de Dios necesitamos el bautismo del
Espíritu.
Afortunadamente no tenemos que
esperar diez días como los primeros
discípulos. El bautismo del Espíritu lo
podemos recibir ahora mismo,
pues “el Señor está más dispuesto a
dar el Espíritu Santo a los que le sirven,
que los padres a dar buenas dádivas a
sus hijos (HA, 41).
Nuestra mayor necesidad es la de un
reavivamiento, o sea de un despertar
misionero, un nuevo entusiasmo por la
salvación de las almas.
Este reavivamiento vendrá cuando
seamos bautizados con el Espíritu Santo
como lo fueron los primeros discípulos
en el día del Pentecostés.
Buscar en humildad y confesión, este
bautismo debiera ser nuestra primera
obra, mostrando un corazón dispuesto
a ser transformado e impulsado por el
poder del Espíritu Santo.
PARA REFLEXIONAR:
“Reavivamiento implica una renovación del
fervor misionero del “primer amor”. Un nuevo
entusiasmo por enfocar las fuerzas de la
iglesia, sus talentos y sus recursos a realizar
“las primeras obras”, esto es, enfocarse
en la salvación de las almas y llevar el
mensaje del evangelio a todas las
personas de la comunidad”.
MI COMPROMISO:
Hoy decido experimentar el reavivamiento en
mi vida cristiana para llevar por lo menos una
persona a Cristo Jesús.
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