Luther King
Era un hombre al que,
según las normas
modernas,
consideraríamos un
triunfador. Y, a pesar de
ello, Jesús le dijo:
"!Necio!, esta misma
noche te pedirán el
alma". (Lc. 12,20). Y así
sucedió. Murió en
medio de la mayor
prosperidad.
Jesús nunca hizo una
acusación concluyente
contra la riqueza. Condenó
el mal uso de la riqueza. El
dinero, como cualquier otra
fuerza, puede ser utilizado
para bien o para mal.
Aquel rico era un
necio porque
permitía que los
objetivos para los
que vivía se
confundiesen con
los medios gracias
a los cuales vivía.
La estructura
económica de su
vida, absorbía su
destino.
Jesús sabía muy bien que
necesitamos comida, vestidos,
techo y seguridad económica.
Se daba cuenta de que el
interior de la vida de un
hombre es tan importante
como el exterior. De manera
que añadió: “Busquen primero
el Reino de Dios y su justicia, y
todo lo demás se les dará por
añadidura".
La tragedia del hombre rico fue
buscar primero los medios, y
mientras tanto, los objetivos
quedaban absorbidos por
aquellos. Cuanto más rico
materialmente se iba haciendo
aquel hombre, más pobre se
volvía intelectual y
espiritualmente.
¿Que podemos hacer?
La respuesta es simple:
Alimentar a los pobres,
vestir a los desnudos
y cuidar a los enfermos.
Podemos utilizar
nuestros vastos
recursos para
borrar la pobreza
de la tierra.
El hombre adinerado
pensaba que podía vivir
y prosperar en su mundo,
centrado en sí mismo.
Era un individualista
empedernido. Jesús le
llamó necio porque no se daba
cuenta de su dependencia
respecto a Dios... Tenía la
inconsciente sensación de que
era el Creador y no una creatura.
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03-13