La comunicación juega un papel importante en el
constructo del genero y afecta la presencia de las
mujeres en la esfera política
Mtra. Claudia Nohemí Burciaga Castro
Doctorado Internacional en Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Mundial, Campus La Paz
El hecho de que seas hombre o mujer es un hecho natural, pero el género es un
constructo. Algo que se construye con el tiempo.
La construcción del género, es un instrumento fundamental de la humanidad, es el
vehículo que permite comunicar el sistema de valores, sentimientos, comportamientos y
representa el papel que distingue a los hombres y a las mujeres en lo individual y en lo
colectivo, con el lenguaje se comunican ideas, pensamientos e intenciones de las
personas, de los grupos o de una sociedad en su conjunto. También el lenguaje sirve
para comprender cómo se conforma, como se percibe e interpreta el mundo y cómo se
organizan las relaciones: relaciones entre hombres y hombres, entre hombres y
mujeres, entre mujeres y mujeres, así como entre los diferentes grupos que se forman.
Los individuos abrimos nuestros ojos al mundo circundante y al intelecto a través de
la palabra. Por medio de la palabra discriminamos lo que es digno de tener en cuenta
y lo que no lo es: aspectos de la realidad física y de la realidad social, de lo imaginado
como nuestras creencias y mitos. De este modo el sistema lingüístico condiciona
nuestra percepción del universo, consiguientemente, nuestra manera de pensar.
Tenemos, por tanto, una comunidad lingüística que modela una lengua a su antojo y
que ve, piensa y siente en función de esta lengua.
El lenguaje juega un papel importante en el proceso de naturalización de las
relaciones sociales, en particular, en las relaciones violentas y discriminatorias al
emitir, reproducir prejuicios, y estereotipos masculinos y femeninos.
El lenguaje puede ser sexista, es decir manifestar la opresión y subordinación, la
negación de los derechos de las personas a través de las expresiones que
desvalorizan y humillan afectando la autoestima y la dignidad humana.
Aunque el rol asignado al sexo femenino haya sufrido modificaciones en esta última
centuria en las sociedades, a través de la palabra se sigue trasmitiendo mensajes que
refuerzan la posición social tradicional de la mujer.
Por lo que el sistema lingüístico contribuye a afianzar la situación de desigualdad
porque ejerce una influencia directa en el pensamiento individual y en el imaginario
social. El sexismo no está en la lengua, sino en la mente de las personas.
El lenguaje sexista es un ejercicio de poder en tanto que subordina e invisibiliza todo
lo que no es masculino. Refuerza la misoginia, que es el rechazo a lo femenino, y
homofobia (miedo e intolerancia hacia las personas que no cumplen con el papel
establecido para cada uno de los géneros). El lenguaje sexista no nombra a las
mujeres, se utiliza el masculino como universal, otorgándole la categoría de sujeto
social. Atribuirle sexismo al lenguaje desvaloriza el género femenino, en un ejemplo
en genero gramatical masculino: es “Hombre público”, y en genero gramatical
femenino diría mujer publica, con lo que desvaloriza a la mujer, así como ese otros
tantos ejemplos: zorro, zorra, loco, loca, callejero, callejera, aventurero, aventurera.
Reflexionando, es necesario modificar esta construcción del lenguaje respecto al
género, ya que se transmite de generación en generación afectando a las mujeres,
quienes pierden posibilidad de acceder a cargos públicos, debido a esta comunicación
peyorativa que la colocan en desventaja. Desventaja que refleja una realidad, que
aunque el papel social de las mujeres ha experimentado transformaciones, sigue
mostrando una imagen parcial y la sitúan en una posición subordinada respecto a los
hombres. ¿Por qué la figura presidencial a nivel nacional o de gobierno a nivel local,
aun todavía no es ocupada por una mujer?
Tendríamos que subrayar la importancia de eliminar todas las barreras: en el sistema
electoral, en el reclutamiento dentro de los partidos políticos, en la disminución de
los recursos financieros, en la motivación y la autoestima que impidan a las mujeres
desempeñarse en un cargo político. En la medida en que las mujeres se incorporen a
cargos públicos, oficios, profesiones y titulaciones que antes tenían vetadas, la lengua
ha de adaptarse en función de los propios recursos que posea o introducir nuevas
soluciones.
En este sentido, los prejuicios, la inercia o el peso de las reglas gramaticales,
susceptibles de ser modificadas, no pueden ni deben impedir los cambios que sean
necesarios en el lenguaje, que permitan visibilizar a las mujeres y sus aportaciones a
nuestra sociedad.
Haríamos bien al cuestionarnos, si hemos desvalorizado a la mujer con expresiones,
por ejemplo: vieja el último, llora como niña, no sea marica, y sin embargo; en lo
masculino, hacemos alusión al atributo y al valor del hombre, por ejemplo: aguántese
como los hombres, sea hombrecito. En donde empezamos y hasta donde hemos
llegado con este tipo de comunicación generacional, se ha avanzado ciertamente,
pero, ¿en qué porcentaje? Hoy se les permite a los hombres llorar, entonces
seguimos con los beneficios de cambios únicamente para los hombres, y la
comunicación ha cambiado en las expresiones anteriores al referirnos a las mujeres.
Con el lenguaje aprendemos a legitimar la violencia, a creer que es natural, a
aceptarla y a fomentarla.
Mujeres “cabellos largos, ideas cortas”, los refranes son expresiones populares
basadas en las creencias, los prejuicios, los estereotipos femeninos y masculinos que
cotidianamente se escuchan y que transmiten los valores y normas del sistema
patriarcal.
Al sexo femenino se le exige esté siempre hermoso y joven, que el prototipo físico
ideal es de la mujer exuberante. Que las cualidades que se esperan de ella son la
honestidad, la castidad, la discreción, el silencio, la sumisión; que los defectos que se
le atribuyen son la pesadez, el exceso en el hablar, la falta de conocimiento; que la
mujer no aparece en el vocabulario laboral, más que en actividades propiamente
femeninas, incluida la prostitución;
En la revisión del folclore verbal, hemos podido constatar que refranes, romances y
cuentos populares también transmiten una ideología sexista. Una de las principales
características del refranero es su misoginia; ya no se trata de una simple
discriminación sexual, es una total y patente beligerancia contra las mujeres. El
método que se utiliza es vender un prototipo de mujer y censurar a la que no se
ajuste a él.
El lenguaje en una sociedad cambia con el paso del tiempo y de acuerdo con las
necesidades, hoy es indispensable modificarlo para nombrar a las mujeres, no
encasillar a los hombres y mujeres en deberes, en estereotipos, así como para no
poner en desventaja a nadie, en sí, ¡éstas son formas de violencia!, hay que construir
una sociedad libre y democrática, recordemos que las mujeres han estado privadas
de ejercer su derecho al voto, y han sido consideradas ciudadanas de segunda clase,
entonces las personas con esas características “no gobiernan” “carecen de capacidad,
no son aptas para gobernar”, por lo tanto, si el lenguaje no se modifica y se continua
desvalorizando a la mujer afectará de manera global a las mujeres, lo cual ya se refleja
en un bajo porcentaje de la presencia de las mujeres en la política,
será como argumentar lo que se acaba de mencionar, que no son aptas para
gobernar. La presencia de las mujeres en las esfera pública da relevancia simbólica,
incrementa la autoestima de cada una de ellas y les da seguridad de que puede
asumir roles de liderazgo, a través de reforzar la comunicación positiva. Las mujeres
han tenido que luchar por temas relacionados con el acoso sexual, los derechos
reproductivos, como el aborto, la violencia contra las mujeres, la doble jornada, así
como pugnar en temas de discriminación e igualdad.
Eliminar prejuicios sociales y culturales, en donde mujeres y hombres obtengan los
mismos derechos y oportunidades por igual, modificando el constructo del género a
través del lenguaje, comenzando con la familia la cual es la institución más valiosa que
conforman nuestras sociedades. Solo con acciones podremos trascender a una
evolución verdadera en donde la cultura y las realidades avancen a un mismo paso.
Bibliografía: Mercedes Bengoechea, recomendaciones de usos del lenguaje
María Ángeles Calero Fernández: Sexismo lingüístico, análisis y propuestas ante la discriminación sexual en el lenguaje
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