Domingo 05 Julio
Texto de hoy: “Así que, arrepentíos y
convertíos, para que sean borrados vuestros
pecados; para que vengan de la presencia
del Señor tiempos de refrigerio” (Hechos
3:19).
A fin de que la iglesia pueda experimentar el
poder capacitador del Espíritu Santo,
necesita hacer preparativos previos y
mostrar una disposición total al servicio,
pues el Espíritu vendrá con el propósito
definido de mover a la iglesia hacia el
cumplimiento de la misión.
Hablando acerca de los problemas que
impiden la recepción del Espíritu, Elena G.
de White escribió: “Vi que nadie podía
participar del ‘refrigerio’, a menos que
venciera todas las tentaciones y triunfara
contra el orgullo,
el egoísmo, el amor al mundo y toda palabra
y obra mala” (Testimonios selectos, 1:111).
La situación es similar a la del tiempo del
profeta Isaías, cuando, por inspiración
divina, expresó la disposición del Señor
para salvar a su pueblo pero señaló el
impedimento por parte del mismo pueblo:
“He aquí que no se ha acortado la mano de
Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído
para oír; pero vuestras iniquidades han hecho
división entre vosotros y vuestro Dios, y
vuestros pecados han hecho ocultar de
vosotros su rostro para no oír” (Isa. 59:1, 2).
Igualmente ahora, Elena G. de White advierte:
“No es por causa de restricción alguna por
parte de Dios por lo que las riquezas de su
gracia no fluyen hacia la tierra,
a los hombres. Si todos tuvieran la voluntad de
recibir, todos serían llenados de su Espíritu”
(Palabras de vida del gran Maestro, 385).
Como obstáculos principales en el área
personal se mencionan el orgullo, el egoísmo,
y el amor al mundo. Por lo tanto, la
recomendación que se hace es “despojaos de
todo orgullo y,
como guardianes representantes de las
iglesias, llorad entre la entrada y el altar, y
clamad: ‘Perdona a tu pueblo, oh Señor, y
no rechaces tu heredad.
Quita de nosotros lo que quieras, pero no
nos quites tu Santo Espíritu, porque somos
tu pueblo’. ¡Orad, oh, orad por el
derramamiento del Espíritu de Dios!”
(Mensajes selectos 3:215).
Existen también otros obstáculos que tienen
que ver con las relaciones entre nosotros
mismos, como miembros del pueblo de Dios.
Éstos están señalados en la siguiente
declaración:
El Espíritu no podrá nunca ser derramado
mientras los miembros de la iglesia
alberguen divergencias y amarguras los
unos hacia los otros.
La envidia, los celos, las malas sospechas y
las maledicencias son de Satanás, y cierran
eficazmente el camino para que el Espíritu
Santo no obre” Joyas de los testimonios
2:381).
Por lo tanto, también en este aspecto se
hace una recomendación: “Pongan los
creyentes a un lado toda disensión y
entréguense a Dios para la salvación de los
perdidos. Pidan con fe la prometida
bendición y ella vendrá” (Testimonios para la
iglesia 8:21).
Esta preparación para la capacitación del
Espíritu, aunque se espera que sea hecha
por toda la iglesia, no deja de ser un
asunto personal.
Cada quien necesita exponerse en humildad
bajo la influencia transformadora del
Espíritu. “Todo individuo debe comprender
su propia necesidad.
El corazón debe ser vaciado de toda
contaminación, y limpiado para ser la
morada interna del Espíritu” (Testimonios
para los ministros, 16).
La promesa del Espíritu, como en todas las
otras promesas, está condicionada a la
disposición de la iglesia, principalmente en
el aspecto misionero. Esto está claramente
presentado en esta importante declaración.
“El gran derramamiento del Espíritu de
Dios que ilumina toda la tierra con su
gloria, no acontecerá hasta que tengamos
un pueblo iluminado, que conozca por
experiencia lo que significa ser
colaboradores de Dios.
Cuando
nos
hayamos
consagrado
plenamente y de todo corazón al servicio
de Cristo, Dios lo reconocerá por un
derramamiento sin medida de su Espíritu;
pero esto no ocurrirá mientras que la
mayor parte de la iglesia no colabore con
Dios (Servicio Cristiano, 314).
Quiera el Señor que dejemos a un lado, el
orgullo, el egoísmo, el amor al mundo, las
divergencias y las amarguras y nos
dispongamos a colaborar con Dios en la
predicación del evangelio.
PARA REFLEXIONAR:
“Despojaos de todo orgullo y, como
guardianes representantes de las iglesias,
llorad entre la entrada y el altar, y clamad:
‘Perdona a tu pueblo, oh Señor, y no
rechaces tu heredad.
Quita de nosotros lo que quieras, pero no nos
quites tu Santo Espíritu, porque somos tu
pueblo’. ¡Orad, oh, orad por el derramamiento
del Espíritu de Dios!” (Mensajes selectos
3:215).
MI COMPROMISO:
Hoy decido mi Dios despojarme de todo
obstáculo de pecado que estorba en mi vida, y
abro mi corazón para que sea lleno del Espíritu
Santo.
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