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El eterno problema de la violencia
en el fútbol es algo tan viejo como
el propio juego. Ha dado
manifestaciones literarias desde
1925, cuando Enrique Jardiel
Poncela publicaba en la revista
Aire Libre el sainete "El once del
Amaniel FC", un club que jugaba
con la agilidad de un rinoceronte
pesimista al que le echaban un
once y le hacían un siete.
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EL FÚTBOL COMO ÁMBITO DE VIOLENCIA
Para el nuevo marco de consumidores de
sentimientos en que han quedado
convertidas las aficiones, cabe destacar que
en el fútbol se disputa un nuevo partido,
vivido como una experiencia mágica, entre
tres cuestiones diferentes y cercanas, que se
entrecruzan de manera sorprendente: la
pasión, la agresividad y la violencia
propiamente dicha.
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CAUSAS
Por tanto el fútbol lleva en sí una
conducta violenta innata pero
reglamentada y otra violencia
asociada, que ha saltado la línea de
banda hasta preocupar a todos los
estamentos del deporte y a las
autoridades: la crueldad, sobre
todo, entre espectadores.
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Se han analizado sus posibles causas y se ha
llegado a la conclusión de que afecta a dos
ámbitos. Primero, en el caso del juego, la
violencia desarrollada en la cancha estimula los
comportamientos
agresivos
de
los
espectadores. Así en las encuestas realizadas
por la AFE en 1988 y 1992 concluían que la culpa
es de directivos, que aceptan la violencia, de
entrenadores que prefieren alinear a los
futbolistas más violentos y de los árbitros por su
mala preparación, su consentimiento de
acciones agresivas al equipo local y al
inadecuado sistema de designación.
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SOLUCIONES
En las dos últimas décadas se han propuesto
varias soluciones: ampliar las porterías para
paliar la lenta cadencia entre goles; la presencia
de un cuarto árbitro y cambio del color del
uniforme arbitral, esos señores de negro y malos
augurios; la profesionalización de los colegiados y
el cambio de sistemas de designación; el
endurecimiento de las penas en el reglamento
para perseguir el juego violento; quitar las vallas
de los estadios para evitar la sensación de
enjaulamiento a los espectadores, eliminar las
localidades de pie; la mejora de la seguridad en
los estadios...
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LOS RIESGOS DE LA VIOLENCIA VERBAL
La mejora de conductas comprende acciones
de prohibición, de prevención y de modos
alternativos. Hasta ahora se ha trabajado
mucho más en las dos primeras que en la
tercera.
El panorama es complejo porque para una
parte de aficionados, el fútbol sirve para
expresar una identificación, dar sentido a su
vida y mejorar su estima hasta el punto de
convertirse en algo propio por lo que luchar
y de sustituir a la pareja o la familia.
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En resumen, la violencia verbal también forma parte del
ambiente del fútbol y puede ayudar a que estén
presentes otras formas menos deseables gracias a su
capacidad de seducción. Ojalá, las aficiones, ya en el
nuevo marco del fútbol como industria del ocio donde
ellas desempeñan la función de consumidores con
sentimientos, sigan promocionando que el fútbol es sólo
un espectáculo, un negocio o una diversión, que es "el
descansillo de la escalera de la semana", el prado donde
olvidar los desengaños, el paréntesis que sigue
transmitiendo libertad, sueños, calma... Como diría
Roberto Majano, que con la ayuda de las aficiones el
fútbol no pierda la cabeza ni el encendedor automático.
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VIOLENCIA EN EL FUTBOL