Cada una de nosotras compartió a la comunidad su propio
camino de fe y así descubrimos que:
o Recibimos la fe a través de nuestras familias, en
especial de nuestros padres que nos mostraron a Dios
como un Padre cercano, exigente, amoroso y
providente en el cual podemos poner toda nuestra
confianza.
o Descubrimos la presencia de Dios en
nuestras vidas gracias al contacto con la
naturaleza, a las sencillas prácticas de
piedad arraigadas en nuestras familias y
al testimonio de personas de fe que nos
motivaban a creer.
o Acogimos los sacramentos como el
mejor medio para crecer en amistad
con Dios, en especial la confesión y la
Eucaristía, gracias a la insistencia y el
ejemplo de nuestros Padres.
o Hicimos experiencia del Señor a través
de la catequesis a la que asistimos con
gusto y las experiencias apostólicas en los
grupos parroquiales.
¡Gracias Señor por el
regalo de la fe!
Juntas hicimos una relectura de las actividades que hemos
vivido para celebrar el Año de la Fe:
o Lectura del documento «Porta Fidei»
o Celebración de inicio del Año de la Fe
o Estudio comunitario del Catecismo de
la Iglesia Católica
o Proclamación pública del Credo
personal en Navidad y Pascua
o Animaciones y fiestas comunitarias en
cuya motivación subrayamos la vivencia
de la Fe
Compartimos la trascendencia de estas actividades en
nuestra persona y nuestra comunidad, descubriendo que
a través de ellas pudimos:
o Reconocer la fe como don y como puerta que
nos conduce al encuentro con Dios.
o Redescubrir el compromiso de profesar la fe y
testimoniarla en la vida cotidiana.
o Sentir el gozo de ser parte de la Iglesia
Universal que vive unida por la fe.
o Celebrar la fe a través de la liturgia con más
conciencia y por lo tanto con mayor fruto.
o Unirnos más como comunidad pues
reconocimos que la fe es un don para
compartir y una tarea, ya que unas a
otras nos sostenemos en la fe.
o Purificar nuestra fe a través del
cuestionamiento y la profundización
de las verdades de fe.
Para descubrir nuestros propios retos nos dejamos iluminar por la
Palabra de Dios realizando una Lectio Divina Comunitaria de
Filipenses 1, 12-30 y encontramos los siguientes:
Que Jesús sea realmente el centro de nuestra vida
Tener una verdadera pasión por el Evangelio
Descubrir a Dios presente en la vida cotidiana
Hacer vida el mandamiento del amor en
manifestaciones concretas
o Encontrar espacios de silencio y encuentro con
Dios en medio de las actividades: gracia de unidad
o
o
o
o
o Vivir en continua conversión y renovación
o Acoger los sufrimientos con serenidad uniéndolos a
la cruz de Cristo
o Vivir un profundo encuentro con la Palabra de Dios
o Dejarnos transformar por la gracia de Dios que
recibimos a través de los sacramentos
o Ser testimonios creíbles de la alegría de ser de
Cristo
Partiendo de la lectura personal de diversos artículos sobre la
Nueva Evangelización presentes en L’osservatore, algunas
circulares de Madre Yvonne y la revistas DMA y Vida Religiosa,
descubrimos las siguientes nuevas vías de evangelización:
o Que como Vida Religiosa nos dejemos evangelizar
o Reavivar el fervor de nuestra fe sintiéndonos siempre
en camino
o Dar testimonio de la alegría de ser de Cristo y de
nuestro encuentro con Él
o Suscitar preguntas fundamentales en los jóvenes
o Que nuestras comunidades sean acogedoras, que
entren en contacto con los nuevos lenguajes y los
medios de comunicación: evangelizar a través de los
MCS y evangelizar a los MCS
o Acoger la llamada de hacernos pobres con los pobres
o Acompañar a los jóvenes a través de la cercanía y de
nuestra presencia activa entre ellos
o Ponernos a la escucha de la Palabra para responder a
los signos de los tiempos
o Vivir en actitud de oración para transmitir a los demás
el Dios vivo con quien continuamente nos
encontramos
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¡Gracias Señor por el regalo de la fe!