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EL CANDELILLERO
Sobreviven en el desierto sin agua potable, luz y con poco alimento, y es que los habitantes de las comunidades que se
dedican a la extracción de la cera de candelilla, sobreviven día a día sumidos en la pobreza.
En estos lugares, clavado en las profundidades del desierto chihuahuense, la gente no conoce la electricidad, tampoco
hay caminos pavimentados y el agua que beben está contaminada.
La explotación comercial de la planta de candelilla, para la producción de cera, se remonta a los primeros años del siglo
XX, llegando a convertirse en una de las principales actividades económicas en el sector Mexicano del Desierto
Chihuahuense. Alrededor de este recurso, gira la actividad de más de 3,500 pequeños productores de cera, conocidos
local y nacionalmente con el nombre de “Candelilleros”.
No hay más trabajo para los hombres de esta región árida, que no sea el de cortar y quemar candelilla; no hay servicios
de salud y la escasez de alimentos ha hecho que los lugareños vayan hasta otros poblados lejanos para buscar comida.
La salida al monte marca el inicio de la extracción de la candelilla. En muchas ocasiones, para encontrar la planta, los
candelilleros recorren grandes distancias. Si los sitios de extracción están muy alejados, acampan varios días o hasta
semanas.
El trabajo, tanto recolectar la candelilla como hervirla, puede realizarse en grupo, en el ámbito familiar, con la
participación de mujeres y niños, o con peones bajo la supervisión de un capataz, lo cual permite colectar grandes
cantidades de candelilla; o en forma individual, donde se invierte más tiempo para juntar la misma cantidad que en
grupo, pero la ganancia es mayor.
La jornada de trabajo de los recolectores es ardua y prolongada. Regularmente ocupan más de cinco días en la
recolección de la hierba; el trabajo se complica cuando la hierba se encuentra en otros ejidos o en propiedades privadas.
Las distancias de transporte de los puntos de recolección hacia los centros de acopio pueden variar en un rango de 25 a
150 km los lugares donde se recolecta la cera cada vez están más retirados, por esa razón familias enteras, hombres,
mujeres y niños, se han ido a vivir a la sierra, donde han instalado pailas y levantado jacales de garrocha para guarecerse
durante las noches de frío.
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EL CANDELILLERO
Las familias, regresan al pueblo hasta que hayan reunido la cera suficiente para sobrevivir
cuando menos unos días.
Normalmente, la planta de Candelilla se arranca manualmente, con todo y raíz, pudiendo
también utilizarse un madero afilado como herramienta que facilite la extracción de la planta.
Posteriormente, se preparan pacas de 20-30 kg de planta de candelilla libre de impurezas
(tierra, piedras, hierba seca, etc.), las cuales son transportadas utilizando los animales de
carga (normalmente, cada burro puede transportar entre 60 y 90 kg de carga), o bien,
camiones de redilas. La hierba recolectada se concentra en centros de acopio, donde se
llevará a cabo el proceso de extracción de la cera.
Para la extracción de la cera, la planta de candelilla se coloca en calderos de hierro (los cuales
son llamados “pailas”), con agua acidificada con ácido sulfúrico.
La carga de candelilla es inmersa en la solución agua-ácido, y se calienta mediante fuego
directo hasta el punto de ebullición de la solución, ocurriendo así la fusión de la cera en el
baño y su separación de la planta. El ácido sulfúrico evita la formación de una emulsión entre
la cera de candelilla y el agua, la cual podría generarse dadas las condiciones de turbulencia
creadas por el proceso de ebullición; mediante esta técnica, la cera de candelilla fundida flota
en la superficie del agua en forma de espuma.
Con una pala de mango largo se extrae la cera que hierve a borbotones dentro de la paila, la
cual se vacía en un pequeño tambo metálico. Luego, a fin de que siga hirviendo la solución,
con un manojo de candelilla seca se atiza el horno subterráneo sobre el que se cuece la cera.
Se tiene conocimiento de que una familia que ha trabajado de sol a sol cortando y quemando
cera, puede ganarse entre 500 y 700 pesos semanales.
La producción de una tonelada de cera requiere de 2,087 horas-hombre, las que
considerando un día de 8 hrs. y semana de 40, significarían cerca de 260 días de trabajo, es
decir, el trabajo de casi un año de un hombre en condiciones normales.
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EL IXTLERO
Se dice que una comparación de la vida del campo con la vida de la ciudad, es que en el campo se disfruta de una existencia sencilla,
tranquila y sana, donde hay tiempo suficiente para convivir con la familia y los amigos.
Se dice también que en el campo hay personas dedicadas a la agricultura, la ganadería, la manufactura de dulces, de artesanías de
objetos de barro, bordados y tejidos por parte de las mujeres.
Sin embargo esta realidad dista mucho de parecerse a la vida de los habitantes del Desierto Chihuahuense, en especial de los
habitantes de la zona ixtlera, que está conformada por una superficie aproximada de 154,000 km2, que en orden de importancia
comprende los estados de Coahuila, San Luis Potosí, Nuevo León, Tamaulipas y Zacatecas, que es donde mayormente se distribuye la
Lechuguilla, un recurso natural del que prácticamente sobreviven sus habitantes.
Las escasas cosechas de maíz y frijol, que ha dejado la sequía en la totalidad de los ejidos de la zona lechuguillera, ha generado que la
producción de fibra de ixtle, sea casi la única alternativa económica para las familias de la región, donde los críos comienzan a tallar a
mano en promedio desde los ocho años.
Para las zonas rurales del desierto, la convivencia en familia y los amigos se traduce en un trabajo en conjunto, puesto que entre más
miembros de la comunidad sean los que salen a cortar la lechuguilla, posiblemente sea mejor la entrada de recursos económicos.
Las comunidades rurales del desierto, al carecer de los servicios básicos, hacen que los jefes de familia salgan desde temprana hora
para recorrer entre 35 y 60 kilómetros para recolectar lo que será el sustento de sus familias.
Existen dos métodos para la extracción de la fibra, uno es el tallado a mano, en el participa la mayor parte de la familia, incluidos los
hijos y las mujeres, para ello, primeramente separan la fibra de la parte carnosa de la hoja, para el tallado o desfibrado de las hojas se
usa el tallador, utensilio puntiagudo, sin filo; que al hacer presión sobre las hojas, tallar contra un trozo de madera (banco) y con la
ayuda de un tercer instrumento llamado "bolillo“, que es un pequeño palo más grueso, la persona que está tallando estira las pencas
(hojas), logrando pasarlas entre el tallador y el banco en dirección a su cuerpo, de esta manera separa el tejido o “guishe” de la fibra.
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EL IXTLERO
Dicha actividad se conoce comúnmente como “despunte” y se realiza hoja por hoja, una vez que se ejecuta la
misma operación en unas ocho pencas, se juntan las fibras y se enredan nuevamente en el bolillo de menor
diámetro para proceder a tallar una por una todas las partes troncales del cogollo, es decir la base de la hoja;
este último proceso se conoce como “destronque”.
Finalmente, un miembro de la familia extiende la fibra en capas delgadas y la deja secar al sol por un período
de 2 a 3 horas. La fibra tallada se lleva a la casa del tallador, o la deja en el mismo lugar donde se extrae hasta
que está completamente seca para su venta.
El otro método de extracción es el tallado a máquina, en este proceso solamente participan los adultos, ya
que al ser una labor con alto riesgo, no se deja participar a los miembros de la familia.
Para lograr el desfibrado de las hojas, los cogollos se introducen a través de un hueco de una caja donde gira
un rodillo con clavos incrustados, los cuales van separando los tejidos de la fibra. Los cogollos se meten en la
máquina en un sentido y en otro, primero las puntas y luego la base del cogollo.
Obtenida la fibra se somete al proceso de secado de forma semejante al del tallado manual, para de esta
forma esperar la llegada de un nuevo día y con el la esperanza de poder comercializar el producto del trabajo
realizado.
El número de talladores y volúmenes de fibra producidos fluctúan constantemente. Sin embargo la actividad
persiste en la denominada "Región Ixtlera" en razón de que ha demostrado después de muchos años, que
proporciona un ingreso seguro justo cuando más se necesita.
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LOS SERIS
Los Seris se llaman a sí mismos Konka´ak, lo cual quiere decir en su lengua "La gente".
El término Seri proviene en cambio de la lengua yaqui y significa “Hombres de la
Arena”.
Actualmente habitan en dos localidades de la costa desértica del estado de Sonora:
Desemboque, municipio de Pitiquito, y Punta Chueca, municipio de Hermosillo. Su
lengua es gutural y difícil de aprender, diferente a la de los demás indígenas del
noroeste del país.
En esta región el clima es caluroso con precipitaciones pluviales de 75 a 200 mm, por
año; el principal tipo de clima es sumamente seco o desértico. Su vegetación y fauna
son propias de esta región. Los Seris viven en una región árida y cálida, entre el
desierto y el mar, con poca lluvia.
La pesca es la actividad económica fundamental para los Seris, ya que proporciona ingresos muy superiores a los de la
mayor parte de los grupos indígenas del país.
La elaboración de artesanías con el árbol “Palo Fierro” (Olneya tesota), para el mercado turístico es una actividad
económica importante en la actualidad. Los hombres Seris han aprendido el tallado en madera. Confeccionan esculturas
zoomorfas estilizadas, que representan animales marinos y terrestres con alta demanda en el mercado. Son pescadores,
artesanos, cazadores y recolectores de frutos del desierto.
Fuente: CONAZA. Productos Emblemáticos de las Zonas Áridas. 2011. Saltillo, Coah.
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La Gente del Desierto