Vivimos en un tiempo cuando
cada vez desconfiamos más de la
justicia, pero al mismo tiempo es
cuando más necesitamos de
justicia.
Los escribas, los principales maestros de la
ley y los ancianos estaban reunidos en el
palacio del Sumo sacerdote Caifás.
Era tal el odio que tenían hacia Jesús que
estaban reunidos fuera de hora, al amparo de
la noche y la oscuridad.
Los líderes religiosos, los estudiosos y
maestros de las profecías, los que
debían haber guiado al pueblo hacia
Dios y su mensaje, tramaban en secreto
el arresto y la muerte de Jesús.
La intencionalidad de esos líderes
religiosos quedó al descubierto. No se
manejaron por la justicia sino por los
prejuicios e intereses de sus corazones
egoístas.
Pedro no quería perderse el final de la
película. Seguía de lejos, más por su
curiosidad de espectador que por su
compromiso de discípulo.
“Buscaban un falso testimonio contra
Jesús” (v.59).
“Se presentaron muchos testigos falsos”
(v.60).
Entre tantos hubo dos que se pusieron de
acuerdo en el “aporte de pruebas o
evidencias” en contra de Jesús.
El acepta y se declara ser el Hijo de Dios.
Eso significa el Gran Yo Soy. Es la
confesión de su identidad divina. Es el
Creador, el Sustentador del Universo.
“A partir de ahora, veréis al Hijo del
Hombre” No solo era el Hijo de
Dios, Dios mismo en identidad y
esencia, era también el Hijo del
Hombre.
El Hijo de Dios, el Hijo del Hombre, es
el mismo que regresará como Juez
para restaurar definitivamente su
Universo original y liberarlo
definitivamente del pecado y sus
consecuencias.
“Ha blasfemado” Lo condenaron por
decir que era el Hijo de Dios, el Salvador
y el que volvería como Juez.
“Cristo sufrió intensamente bajo los ultrajes y
los insultos. En manos de los seres a quienes
había creado y en favor de los cuales estaba
haciendo un sacrificio infinito, recibió toda
indignidad. Y sufrió en proporción a la perfección
de su santidad y su odio al pecado”
(El deseado de todas las gentes, p. 649).
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4-Pasos De Justicia