P. Aarón Gutiérrez Nava, CM
O No cabe duda que en el trayecto de
esta etapa de su vida aprendió Vicente
a mirar con profunda simpatía y
comprensión el mundo de los pobres.
O Dos experiencias más que
significativas trazaron el futuro de
Vicente, iniciando un amor decisivo y
total hacia los pobres: Folleville y
Chatillón.

Nos maravilla cómo cambió la mirada
de Vicente con la experiencia de
Folleville. Es seguro que había visto la
pobreza muchas veces. Pero Dios, en su
pedagogía, ponía un poco de lodo en
sus ojos que primero veían a las personas
como árboles que marchaban
fantasmagóricamente por los caminos
de su vida.
Una mirada que dispone y mueve a la
persona entera a acercarse al necesitado
sin miedos ni prejuicios de ninguna clase,
a examinar su situación a fondo, a
empatizar con él, a hacerse solidario de su
situación.
 La mirada del buen samaritano no puede
esquivar la verdad de los hechos, ni
mostrarse apática ante la desgracia del
otro, ni mucho menos quedar indiferente.

Es en verdad una mirada de amor,
porque es la mirada de Jesucristo. Es la
mirada que se pregunta
– ¿Cuál será la voluntad de Dios de frente a
lo que estoy viendo?
– ¿Querrá Dios tal violencia y miseria?
– ¿Le gustará a Dios que yo pase de largo
para mantener mi tranquilidad?
•
• Y ésta, no era una
actividad exclusiva
para varones pues el
mismo texto aclara:
“Lo acompañaban los
doce y también
algunas mujeres...” La
Misión es
característica del
Pueblo de Dios. El
pueblo, para ser “de
Dios” ha de ser
misionero.
Y
lo Vicentino porque san Vicente
asumió hondamente y de una forma
creativa, el mandato misionero de
Jesús.
Sus experiencias le llevan a ver con
toda claridad las necesidades del
pobre pueblo y las respuestas que
tiene que dar a ellas.
«Oh, Salvador, que viniste a traernos esta ley de amar al
prójimo como a sí mismo, que tan perfectamente la
practicaste entre los hombres, no sólo a su manera, sino
de una forma incomparable! ¡Sé Tú, Señor, nuestro
agradecimiento por habernos llamado a este estado de
vida de estar continuamente amando al prójimo, sí, por
estado y profesión entregados a este amor, ocupados en
el ejercicio actual del mismo o en disposición de estarlo,
abandonando incluso cualquier otra ocupación para
dedicarnos a las obras caritativas! De los religiosos se dice
que están en un estado de perfección; nosotros no somos
religiosos, pero podemos decir que estamos en un estado
de Caridad, ya que estamos continuamente ocupados en
la práctica real del amor o en disposición de ello» (Coste
XII, 275 Síg. XI/4, 564).
•
La Misión y la Caridad van tan unidas,
que no se pueden separar. Y el costo de
separarlas lo paga la evangelización.
En el plan de la evangelización
vicentina son tan importantes el
anuncio, la catequesis y la liturgia y los
sacramentos como el servicio corporal
a quienes lo requieran y la promoción
de los pobres.

 Creación
de las misiones.
 Su misión estaba también entre los
suyos y todavía hoy admiramos su
profusa producción de Conferencias a los
sacerdotes de la Misión y a las Hijas de la
Caridad sin contar la gran cantidad de
cartas a diversas personas según los
asuntos que le iban ocupando.
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¿cómo fue la mirada de san Vicente ante las realidades de su tiempo?