SÁBADO SANTO
04/04/2015
Al caer la tarde, vino un hombre rico de
Arimatea, llamado José, que era también
discípulo de Jesús.
José tomó el cuerpo, lo envolvió en una
sábana limpia y lo depositó en su propio
sepulcro nuevo, que había mandado
cavar en una roca.
Estaban allí María Magdalena y la otra
María, sentadas frente al sepulcro.
(Mt 27, 57; 59; 61)
LA SOLEDAD HABITADA DE
MARÍA
Según María, su madre
No puedo dejar de mirarte.
Quiero que tu rostro permanezca en mi corazón.
Quiero impregnar mi ser de todo lo que te habita.
¿Por qué tuvo que ser así?
¿Por qué no de otra forma?
Pero, qué más da, tu presencia física se ha ido.
Una espada atraviesa mi pecho,
Ya no te veré más.
¡Dios! Ayúdame a perdonarlos por lo que han hecho,
perdónalos tú también.
¡Hijo!, ¿A dónde te has ido?
¿Dónde puedo buscarte?
¿Cuándo hablaré contigo?
¿Cuándo podre acariciarte, besarte, simplemente
estar contigo?
Este silencio me desgarra por dentro.
Tus palabras, gestos, acciones habitan mi ser.
El solo hecho de recordarlos dan sentido a lo que ha
de venir.
Estar sola me permite estar plenamente contigo.
Estamos más cerca el uno del otro.
Más cerca de Dios.
.
¿Qué pienso de la soledad?
¿Cómo está mi soledad? ¿Está
habitada por Dios?, o simplemente le
huyo buscando cosas que hacer y estar
entretenid@?
¿Cuál es la soledad habitada de María?
La soledad nos ofrece un espacio de
silencio, nos da la posibilidad de parar
y pensar en preguntas fundamentales.
La soledad nos brinda también un
espacio de libertad, para buscar y
nombrar los deseos que habitan
nuestro corazón, dejando de lado lo
que otros piensan y dicen. ¿Y yo?,
¿Qué pienso, qué quiero de verdad?
¿Cuál es mi sentido de vida hoy?
Oración
“María, tu recibiste a Jesús en tus
brazos,
Donde lo tuviste por un rato,
Le lavaste el cuerpo por última vez.
Aun en medio de la oscuridad,
Dejaste que otras madres te
ayudaran,
Pudiste sentir la presencia de tu
hijo.
Acompáñame, María, en los
momentos oscuros y de tragedia.
Hazme sentir que no estoy sol@.
Sostenme en tus brazos”. Amén.
Michael E. Kennedy, SJ
Por Erika Vallejo odn – Equipo Internacional AHE Colombia
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