Oremos con el salmo 50
Cantamos: Ten piedad de mi Señor…
Misericordia Dios mío, según tu amor y tu
bondad.
Por tu inmensa ternura borra mi pecado,
lávame a fondo de mi culpa, de mi pecado
purifícame.
Pues yo reconozco mi falta,
tengo siempre presente mi pecado;
contra ti, contra ti solo he pecado,
cometí la maldad que aborreces.
Mas tú amas la verdad en lo íntimo del ser,
y en lo secreto me enseñas la sabiduría.
Rocíame con el hisopo, y seré limpio,
lávame, y quedaré más blanco que la nieve.
Devuélveme la experiencia del gozo y la alegría,
exulten los huesos quebrantados.
Retira tu faz de mis pecados,
borra todas mis culpas.
Crea en mí, oh Dios, un corazón puro,
renueva en mí un espíritu firme y sereno;
no me rechaces lejos de tu rostro,
no retires de mí tu Santo Espíritu.
Vuélveme la alegría de tu salvación,
y en espíritu generoso afiánzame hoy y siempre.
Salmo de los que quieren hacerse
nuevos
Buscamos volver a nuestro origen, Señor,
tocar la raíz de nuestra vida,
el manantial de aguas puras que nos alimenta,
y beber de ti, como persona reconciliada,
y volver a los demás saltando de gozo y esperanza.
Queremos hacer de nuevo la experiencia
de tu amor inquebrantable,
Con la certeza que nuestra vida tiene su origen
y su aliento permanente en Ti,
Vida de toda vida.
Queremos bajar al fondo de nuestro ser
y encontrarnos contigo,
con nosotros mismas y con los demás.
Descubriremos allí, que
más allá de nuestros límites y nuestras fragilidades,
tu presencia nos habita.
Que necesitamos acoger nuestra
historia, nuestra vida
y experimentarla como barro en tus manos,
en manos del alfarero
que busca dar forma a la tierra en beso con el agua.
Dejaremos que se vayan los recuerdos heridos,
pegados a la memoria
y los miedos futuros danzando en la fantasía.
Queremos renacer cada día
desde el centro de nuestra interioridad
para abrirnos desde allí a la vida,
Tú quieres, Señor, que seamos hombres y mujeres
que empiezan cada día,
que saben caer con humildad
y levantarse con la dignidad de ser tus hijos,
personas haciéndose nuevas que caminan juntas.
Que sintamos, Señor,
la presencia del hermano al lado,
también modelando nuestro barro,
construyéndonos juntos
y forjando contigo el presente y el futuro.