Ese sábado Jesús también
predicó, no fue desde un púlpito
sino desde una tumba, dio pasos
que nosotros también podemos
imitar.
Jesús fue enterrado para hacer más
cierta su muerte y más gloriosa su
resurrección.
La sepultura indicaba que realmente
estaba muerto, Pilato no habría permitido
la sepultura de no haberse asegurado de
su muerte.
“Se presentó a Pilato y pidió el
cuerpo de Jesús. Entonces Pilato
mandó que se le diese el cuerpo”
(v.58).
Es que la tumba, la muerte y la nada
son el final del pecador. Si bien es
cierto no había pecado propio en él,
cargó sobre sí los pecados de toda la
humanidad.
Así como en su vida, también en su
muerte Jesús dio pasos de
austeridad.
“Por fin Jesús descansaba. El largo día de oprobio
y tortura había terminado. Al llegar el sábado con
los últimos rayos del sol poniente, el Hijo de Dios
yacía en quietud en la tumba de José. Terminada
su obra, con las manos cruzadas en paz, descansó
durante las horas sagradas del sábado”
(El deseado de todas las gentes, p. 714).
Cuando Dios completó su obra de la
creación, reposó el sábado, y no fue
porque estaba cansado sino para dar un
ejemplo, lo bendijo y santificó, es decir, lo
puso aparte para un uso sagrado.
Cuando Dios decidió poner por escrito
en dos tablas de piedra, y dar los diez
mandamientos que el mismo escribió
con su dedo, incluyó el sábado como
día de reposo y adoración especial para
con él.
Después del grito “consumado es”, después
de “en tus manos encomiendo mi espíritu”,
ya muerto y en la tumba descansó el sábado
conforme al mandamiento que él mismo
había establecido, y al mismo tiempo, sus
seguidores también lo hicieron.
José se había transformado en un
secreto seguidor de Jesús. No tenía
valor de confesarlo públicamente, pero
sentía afecto por el Señor.
“Ni José ni Nicodemo habían
aceptado abiertamente a Jesús
durante su vida; pero habían
prestado oído a sus enseñanzas y
habían seguido paso a paso su
ministerio...
... Aunque los discípulos habían
olvidado las palabras con que el
Salvador les anunciara su muerte,
José y Nicodemo las recordaron; y
los acontecimientos relacionados
con la muerte de Jesús…
... que hicieron vacilar a los discípulos
en su fe, sirvieron para confirmar a
éstos, los convencieron de que era el
verdadero Mesías, y los indujeron a
ponerse resueltamente de su parte”
(Cristo nuestro Salvador, p.137).
El Jesús que había predicado con su
vida y su palabra, seguía predicando
con su muerte y con su silencio.
Aún desde la tumba y en silencio, nos
enseñó a dar pasos de austeridad
viviendo una vida simple, pasos de
fidelidad respetando y aceptando su
voluntad para nuestra vida.
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7-Pasos De Silencio