¿VICTORIOSO O
DERROTADO?
Por
Raúl Ruiz Ávila
Cuando vimos el tema ¨La Obra del
Espíritu Santo¨, les invité a que
estudiaran los capítulos 7 y 8 de Romanos.
¿Cuántos lo hicieron?
En el capítulo 7, Pablo nos describe al
cristiano derrotado. Aquel que no es
capaz de experimentar la victoria interior
sobre el pecado. Veamos algunos
versículos que describen esa derrota:
¨Porque lo que hago, no lo entiendo sino lo
que aborrezco, eso hago. Y si lo que no
quiero, esto hago, apruebo que la ley es
buena. De manera que ya no soy yo quien hace
aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo
sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el
bien; porque el querer el bien está en mí,
pero no el hacerlo. Porque no hago el bien
que quiero, sino el mal que no quiero, eso
hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago
yo, sino el pecado que mora en mí.¨ vv. 15-20
Veamos algunas palabras clave en este
pasaje:
Hacer: Describe la acción que brota del
intelecto y de la voluntad; sin embargo,
Pablo describe el conflicto entre el
intelecto y la voluntad cuando dice: ¨Porque
lo que hago, no lo entiendo (intelecto); pues
no hago lo que quiero¨ (voluntad), v. 15
El conflicto entre el querer y el hacer se
nos ha presentado muchas veces en la
vida. Conozco cristianos que no pueden
dejar de hacer cosas que saben que les
dañan y dañan a su familia. Yo viví ese tipo
de dilema en mi vida cristiana cuando
comenzaba mi andar con Cristo. A pesar
de mi esfuerzo no podía entender qué
pasaba
y
me
sentía
derrotado
constantemente.
Más adelante, Pablo analiza intelectualmente la situación y llega a una conclusión:
¨Y si lo que no quiero (voluntad), esto hago,
(acción) apruebo (intelecto) que la ley es
buena.¨ v. 16
Las leyes que Dios ha establecido son para
nuestro beneficio, pero tenemos la
tendencia a violar la ley, ¿Por qué?
Pablo continúa diciendo:
¨De manera que ya no soy yo quien
hace aquello, sino el pecado que mora
en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi
carne, no mora el bien; porque el
querer el bien está en mí, pero no el
hacerlo. Porque no hago el bien que
quiero, sino el mal que no quiero, eso
hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo
hago yo, sino el pecado que mora en
mí.¨ vv. 17-18
Parece que hay una contradicción en Pablo,
porque primero declara que no es él y luego
dice que es culpa del pecado. ¿No es cierto
que tenemos la tendencia de echar la culpa a
otros? (practicamos lo que yo llamo El
Síndrome de Adán, Génesis 3:12).
Sin embargo, Pablo enfatiza que el pecado
mora en nosotros, en nuestra carne. El plan
original de Dios no era que el pecado nos
posesionara; pero desde Adán y Eva hemos
querido ser como Dios, haciendo a un lado a
Dios, sus preceptos, sus leyes, sus
propósitos, etc., e hicimos nuestro el pecado.
La derrota viene cuando nos comportamos
como se comportó el pueblo escogido por
Dios. 2ºReyes 17 lo describe: ¨Hasta hoy
hacen como antes: ni temen a Jehová, ni
guardan sus estatutos ni sus ordenanzas, ni
hacen según la ley y los mandamientos que
prescribió Jehová a los hijos de Jacob, al
cual puso el nombre de Israel;…. Así
temieron a Jehová aquellas gentes, y al
mismo tiempo sirvieron a sus ídolos; y
también sus hijos y sus nietos, según como
hicieron sus padres, así hacen hasta hoy.¨
vv. 34a, 41
Es por eso que muchos cristianos viven en
derrota. Pablo clamó: ¨Así que, queriendo yo
hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está
en mí. Porque según el hombre interior, me
deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en
mis miembros, que se rebela contra la ley de
mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del
pecado que está en mis miembros. ¡Miserable
de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de
muerte? ¨ Romanos 7:21-24
Aunque intelectualmente sepamos el
daño que nos hace el pecado, al dejar
que el pecado nos posesione, lo cual
produce enfermedades y conflictos,
no podemos ganarle y vivimos una
constante derrota en nuestras vidas.
En 1ª a los Corintios 6:12 Dios nos
hace ver, a través de Pablo, lo
siguiente:
¨Todas
las cosas me son lícitas
(libertad), mas no todas convienen
(intelecto); todas las cosas me son
lícitas, mas yo no me dejaré dominar de
ninguna¨ (templanza, Gálatas 5:22-23).
Yo solo no puedo vencer al pecado,
necesito la templanza que es ¨Fruto del
Espíritu
Santo¨,
su
intervención
directa me permite lograr la victoria.
Pablo hace la transición de derrota a
victoria y declara:
¨Gracias doy a Dios, por Jesucristo
Señor nuestro. Así que, yo mismo con
la mente sirvo a la ley de Dios, mas con
la carne a la ley del pecado.¨ Romanos
7:25 y de esa forma entramos al
capítulo 8 que nos habla de como ser
cristianos victoriosos.
Romanos
8:1-2
declaración:
abre
con
esta
¨Ahora, pues, ninguna condenación hay
para los que están en Cristo Jesús, los
que no andan conforme a la carne, sino
conforme al Espíritu. Porque la ley del
Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha
librado de la ley del pecado y de la
muerte.¨
La clave es estar en Cristo, estar metido en
su naturaleza (2ª Pedro 1:4); en su Palabra
(Juan 16:33); en su conocimiento (Juan
17:3), etc. En otras palabras, tener una
íntima relación con Dios y vivir en amor
como nos lo dice Cristo en Juan 13:34-35
¨Un mandamiento nuevo os doy: Que os
améis unos a otros; como yo os he
amado, que también os améis unos a
otros. En esto conocerán todos que sois
mis discípulos, si tuviereis amor los
unos con los otros.¨
Para ser un cristiano victorioso necesito
buscar la intervención directa de Dios en mi
vida. En otras palabras, reconocer mi
impotencia y solicitar la intervención
directa del Espíritu Santo.
Voluntariamente voy a buscar el poder de
Dios y pedirle su intervención en mi vida.
Dios respeta la libertad que me dio para
escoger entre la derrota y la victoria, entre
la vida y la muerte, entre la bendición y la
maldición. (Meditar en Deuteronomio 28)
Dios está dispuesto a atender nuestra
necesidad, como dice Cristo en Lucas 11:9-13
¨Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y
hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo
aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y
al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre de
vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una
piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le
dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le
dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo
malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros
hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial
dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?¨
Pablo continúa diciendo:
¨Porque lo que era imposible para la ley,
por cuanto era débil por la carne, Dios,
enviando a su Hijo en semejanza de carne
de pecado y a causa del pecado, condenó al
pecado en la carne; para que la justicia de
la ley se cumpliese en nosotros, que no
andamos (acción) conforme a la carne, sino
conforme al Espíritu. Porque los que son de
la carne piensan (intelecto) en las cosas de
la carne; pero los que son del Espíritu, en
las cosas del Espíritu.¨ Romanos 8:3-5
¨Porque el ocuparse (acción) de la
carne es muerte, pero el ocuparse
(acción) del Espíritu es vida y paz. Por
cuanto los designios (voluntad) de la
carne son enemistad contra Dios;
porque no se sujetan a la ley de Dios,
ni tampoco pueden; y los que viven
según la carne no pueden agradar a
Dios.¨ vv. 6-8
¨Mas vosotros no vivís según la carne, sino
según el Espíritu, si es que el Espíritu de
Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene
el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si
Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad
está muerto a causa del pecado, mas el
espíritu vive a causa de la justicia. Y si el
Espíritu de aquel que levantó de los muertos
a Jesús mora en vosotros, el que levantó de
los muertos a Cristo Jesús vivificará
también vuestros cuerpos mortales por su
Espíritu que mora en vosotros.¨ vv. 9-11
Leamos el versículo 11 en primera
persona del singular:
Y si el Espíritu de aquel que levantó
de los muertos a Jesús mora en mi,
el que levantó de los muertos a
Cristo Jesús vivificará también mi
cuerpo mortal por su Espíritu que
mora en mi.¨ vv. 9-11
Conclusión:
Para vivir victoriosos sobre el pecado y la
muerte, necesitamos que coincida nuestro
intelecto, nuestra voluntad y nuestra acción
con el intelecto, la voluntad y la acción de
Cristo. Como nos dice en Mateo 11:29-30 y
Juan 13:15
¨Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de
mí, que soy manso y humilde de corazón; y
hallaréis descanso para vuestras almas;
porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.¨
¨Porque ejemplo os he dado, para que como yo
os he hecho, vosotros también hagáis¨
Preguntas de Reflexión:
a. ¿Vives una vida victoriosa?
b. ¿Para qué utilizas tu libertad?
c. ¿Buscas que tu intelecto, voluntad y
acciones (estilo de vida) coincidan con el
intelecto, voluntad y acción de Cristo?
d. ¿Le pides a Dios te llene de su Espíritu
Santo?
Al conocer la Obra del Espíritu Santo en mi vida
puedo ver el proceso que me lleva a la victoria:
A
B
C
D
E
A. Gestación y nacimiento. Jeremías 1:5 (El E.S. siempre obra)
B. Desarrollo físico, intelectual, espiritual, etc. Lucas 2:52
C. Encuentro con Cristo y llamamiento. Marcos 1:16-20
D. Discipulado. Marcos 6:32-44; 9:14-29 (triunfos y fracasos)
E. Llenura del Espíritu Santo. Hechos 2:4
F. Apostolado con el poder del Espíritu Santo. Hechos (Vida
Victoriosa) Romanos 8
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