EL ALMENDRO
PRESUMIDO
Isabel Ferrer
Raquel Nadal
En la parte más alta del valle crece un viejo almendro.
Su tronco es fuerte y grueso, y sus raíces penetran en la tierra
con fuerza.
Todos los años, cuando llega febrero, sus ramas empiezan a
florecer.
A su alrededor también nacen violetas, margaritas, amapolas y
otras flores silvestres.
Y todos los años el almendro repite la misma canción:
-¡Soy el árbol más hermosos de estos campos!
Y el almendro mira con desprecio a las flores que viven junto a
él.
-¡Qué presumido eres!- le reprochan las margaritas-. Algún día
te darán tu merecido.
Y ese día llegó cuando menos lo esperaban. Una mañana vieron
venir a unos labradores. Sobre el hombro traían unas sierras
enormes.
-¡Vienen a por ti!- dijeron con guasa las margaritas-.¡Como
eres tan hermoso...!
-¡Y tu tronco es tan alto y tan fuerte!- añadieron las
amapolas.
El almendro se echó a temblar. Y tan fuertes eran los
temblores que se le cayeron algunas flores. Los
labradores se pararon bajo el árbol y lo observaron con
atención.
-¡Qué tronco tan bueno! ¡Qué bien nos vendría para
calentarnos en invierno!- dijo el más anciano.
-Pero también nos gustan las ricas almendras que nos da –
añadió otro campesino.
-Será mejor que lo dejemos como está –añadió un tercero.
Y siguieron su camino hacia la otra parte del valle,
dejando al asustadizo almendro tal como lo habían encontrado.
-Ya puedes dejar de temblar, que esta vez te has librado –
dijeron las margaritas.
-Sí, porque lo importante no es tu belleza, sino tus frutos –
agregaron las amapolas.
Y el almendro respiró tranquilo y pidió disculpas por su tonto
orgullo.
FIN
Descargar

EL ALMENDRO PRESUMIDO - UTE-UV