Díos mío, Dios mío,
¿Por qué me has abandonado?
De día te llamo y Tú no me respondes, de noche, y Tú
no me haces caso.
¿ Por qué a mí?
¿Qué he hecho yo?
¿Hasta cuándo?
Pero Tú eres Santo,
en Ti esperaron nuestros padres,
esperaron y Tú los liberaste,
a Ti clamaron y salieron salvos,
y nunca quedaron confundidos.
¿Quién conoce
los designios de
Dios?
Fuiste Tú quién me sacó del vientre, me tenías confiado en
los pechos de mi madre, desde el seno pasé a tus manos, Tú
eres mi Dios.
No te quedes lejos
que el peligro está
cerca y nadie me
socorre…
Estoy como agua derramada,
tengo los huesos descoyuntados,
mi corazón se derrite mi
garganta está seca, me aprietan
contra el polvo de la
muerte…¡Ven en mi ayuda!
Pues Tú, Señor, no te
quedes lejos, fuerza
mía, ven corriendo a
auxiliarme.
(Sal. 22)
A Ti, Señor, me acojo…Tú que
eres justo ponme a salvo,
escúchame, sé Tú mi roca de
refugio.
(Sal. 71)
No me
rechaces ahora
en la vejez;
cuando me
faltan las
fuerzas no me
abandones
Escúchame Señor que soy un pobre
desamparado, protege mi vida que soy un fiel
tuyo, salva a tu siervo que confía en Ti. Tú eres mi
Dios, piedad de mí, Señor, que a Ti te estoy
llamando todo el día.
(Sal. 86)
Él te librará de la red del cazador, de la peste funesta,
te cubrirá con sus plumas, bajo sus alas te refugiarás, su
brazo es escudo y armadura. No se te acercará la
desgracia ni la plaga llegará hasta tu tienda, porque a
sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en
tus caminos, te llevarán en sus palmas para que tu pie
no tropiece en la piedra.
(Sal.91)
Como un Padre siente cariño
por sus hijos, siente el Señor
cariño por sus fieles, porque
Él conoce nuestra masa, se
acuerda de que somos barro.
Sal. 103
Amo al Señor
porque escucha mi
voz suplicante,
porque inclina su
oído hacia mi el día
que lo invoco.
Me envolvían redes
de muerte, me
alcanzaron los lazos
del abismo, caí en
tristeza y angustia,
invoqué: ¡Vamos
Señor, salva mi
vida!.
El Señor es
benigno y justo,
nuestro Dios es
compasivo, el
Señor guarda a los
sencillos, estando
yo sin fuerzas me
salvó.
Alma mía recobra tu calma que el Señor fue bueno contigo:
Arrancó mi vida de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de
la caída.
Caminaré en presencia del Señor en el
país de la Vida.
(Sal.116)
ORACIÓN
Amén
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