Julio 2009
Paraje de la Font de la Puigmola
Un lugar para respirar…
Para mirar…
Me asustan los humanos, cuando los veo
mi cabeza me dice: huir.
Pero algunos ya no me asustan, sé que no
quieren hacerme daño.
Me gusta que vengan.
Para aprender…
Intento hablarte todos los días, con mi
cuerpo, con mis gestos, con mis olores…
Tus palabras me tranquilizan, pero no sé lo
que dicen.
Habla mi lenguaje.
Sincronizarse…
Disfrutar de la vista…
Los caballos, tenemos en la cabeza la memoria
de todos los caballos.
En ella los hombres son animales que nos
comen. Eso es lo primero que pienso cuando
veo uno.
También lo pensé de ti, las primeras veces.
Buscar…
Ampliar horizontes…
La mayoría de los animales que tienen los
ojos juntos y miran con ellos a la vez,
comen carne. Son ojos que me dan miedo.
Los tuyos también son así, y sin embargo,
ya no me importa.
Reunirse…
Descubrir…
Socializar…
Proteger…
No sé por qué debería huir, pero ya no lo
hago.
Me gusta verte cerca, y olerte, y sentir tu
mano y oír tu voz.
Escuchar…
Regresar…
Los caballos no podemos estar mucho
tiempo tumbados, nos duele la barriga.
Yo creo que es una advertencia: no te
tumbes mucho tiempo, que viene un
carnívoro y te caza.
Conocerse..
Dejarse conocer…
Cuando un caballo quiere asustar a otro le
mira de frente, como si fuera un carnívoro…
Me gustaría que no lo hicieras, para
conseguir quedarme tranquilo.
Caminar…
Observar…
Recuerdo cuando mi madre me reñía
porque había mordido o coceado a otro
potro.
No dejaba de mirarme de frente hasta que
no acababa el castigo. Entonces, volvía a
colocarse a mi lado.
¿Ves? No hacen falta palabras para hablar.
Vivir…
Atardecer…
Si tú me miraras también de lado, como mi
madre, me darías menos miedo.
Me estarías diciendo: “Ven”. E iría.
Reflexionar…
Remolonear…
Montas en mí, sé lo que te gusta hacerlo.
Pero para montar me pones el cuero de un
animal muerto.
No me gusta porque huele mal y porque
con ella, no siento tus piernas.
Participar…
Rascar…
Cuando montas sin silla, siento cada
presión de tus piernas, de tu cuerpo.
Y entonces tengo más cuidado, porque sé
que te puedes caer.
Crecer…
Descansar…
Me gustaría poder decirte que no tires de las
riendas, que no me claves un hierro en la boca.
!No hace ninguna falta¡
Si me das golpes, galopo para escapar, no para
disfrutar.
Me gustaría poder decirte que si quieres ir a la
izquierda, yo lo noto, y quiero ir donde tú
quieres.
Agruparse…
Dormir…
Te propongo un trato:
No me golpees.
Tú pon las ideas, me dices a dónde quieres
ir y a qué velocidad, y yo pongo la fuerza.
Sentirse seguro…
Por ellos
Por nosotros
GRACIAS
Texto: “Soy un caballo”, Esperanza León.
Música: “Reflexio”, Cavalia.
Realización: Sandra Vadillo
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testimonio - Isabel Salama