Somos un pueblo que camina
y juntos caminando podremos
alcanzar otra ciudad que no se
acaba sin penas ni tristezas
ciudad de eternidad.
Somos un pueblo que camina
que marcha por el mundo
buscando otra ciudad, somos
errantes peregrinos en busca
de un destino destino de
unidad.
Siempre seremos caminantes,
pues solo caminando
podremos alcanzar otra
ciudad que no se acaba sin
penas ni tristezas: ciudad de
eternidad.
Señor ten piedad,
Cristo ten piedad,
Señor ten piedad.
DIOS NOS HABLA
Lectura del Profeta Isaías
En aquellos días dijo Isaías:
Mi Señor me ha dado una lengua
de iniciado, para saber decir al
abatido una palabra de aliento.
Cada mañana me espabila el
oído, para que escuche como los
iniciados.
El Señor Dios me ha abierto el
oído; y yo no me he rebelado ni
me he echado atrás. Ofrecí la
espalda a los que me golpeaban,
la mejilla a los que mesaban mi
barba. No oculté el rostro a
insultos y salivazos.
Mi Señor me ayudaba, por eso no
quedaba confundido; por eso
ofrecí el rostro como pedernal, y
sé que no quedaré avergonzado.
Palabra de Dios.
Todos: Te alabamos, Señor.
Salmo responsorial:
Dios mío, Dios mío, ¿Por qué
me has abandonado?
Lectura de la carta del apóstol S.
Pablo a los Filipenses.
Hermanos: Cristo, a pesar de su
condición divina, no hizo alarde
de su categoría de Dios; al
contrario, se despojó de su
rango y tomó la condición de
esclavo, pasando por uno de
tantos.
Y así, actuando como un hombre
cualquiera, se rebajó hasta
someterse incluso a la muerte, y
una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre
todo y le concedió el «Nombresobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble en el Cielo,
en la Tierra, en el Abismo, y toda
lengua proclame: ¡ Jesucristo es
Señor!, para gloria de Dios
Padre.
Los sumos sacerdotes y los
letrados pretendían prender a
Jesús a traición y darle
muerte.
Te aseguro que tú hoy, esta noche, antes que el
gallo cante dos veces, me habrás negado tres.
Y, adelantándose un poco, se postró en tierra pidiendo,
que si era posible, se alejase de él aquella hora.
¿Con un beso entregas al Hijo del Hombre?
Condujeron a Jesús
a casa del sumo sacerdote Caifás.
Allí le interrogaron.
Le escupieron en la cara,
le dieron bofetadas y le golpearon:
¡Mesías, adivina quien te ha pegado!
Pilato le preguntó: ¿Eres tú el rey de los
Judíos? El respondió: Tú lo dices
Pilato después de azotarlo, lo
entregó para que lo crucificaran…
Los soldados se lo llevaron al interior del
palacio y reunieron a toda la compañía
Lo crucificaron
y se repartieron
sus ropas,
echándolas a
suerte, para ver
lo que se
llevaba cada
uno…
¡Palabra del Señor!
TODOS: ¡GLORIA A TI, SEÑOR
JESÚS!
Oración de los fieles:
Escucha Señor, nuestra oración
Te ofrecemos Señor, lo que nos
diste tú. Los días que se abren
con luz y oraciones, las tardes
repletas de frutos y gozo. Te
ofrecemos Señor, lo que jos diste
tú.
El pan en las manos de tu
sacerdote, el cáliz que ofrece por
todos los hombres. Te ofrecemos
Señor, lo que nos diste tú.
Santo, Santo,
Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo
y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene
en el nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.
Cordero de Dios,
que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios,
que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios,
que quitas el pecado del mundo,
danos la paz.
Dónde hay caridad y amor allí está el
Señor, allí está el Señor.
Una sala y una mesa una copa vino
y pan los hermanos compartiendo
en amor y en unidad. Nos reúne la
presencia y el recuerdo del Señor,
celebramos su memoria y la entrega
de su amor
Dónde hay caridad y amor allí está el
Señor, allí está el Señor.
Invitados a la mesa del banquete del
Señor, recordamos su mandato de
vivir en el amor. Comulgamos en el
cuerpo y en la sangre que Él nos da,
y también en el hermano si lo
amamos de verdad.
Dónde hay caridad y amor allí está el
Señor, allí está el Señor.
Este pan que da la vida y éste cáliz
de salud nos reúne a los hermanos
en el nombre de Jesús.
Anunciamos su memoria,
celebramos su pasión, el misterio de
su Muerte y de su resurrección.
¡Podéis ir en paz!
Demos gracias a Dios.
Por el sol de la mañana, gracias,
Señor.
Por la luz del mediodía, gracias,
Señor.
Por el día que vivimos, gracias,
Señor.
Por el día que gozamos, por el
día en que sufrimos, gracias,
Señor.
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