Hacia el XXII del Tiempo Ordinario
HACIA EL DOMINGO XXII DEL TIEMPO
ORDINARIO
Para Orar Cada Día
el Evangelio del Domingo Próximo
Del Lunes 25 al Domingo 31 de agosto de 2014
Hacia el Domingo XXII del Tiempo Ordinario
Orar en el Corazón del Mundo: Por lo Refugiados
 Sguir a Jesucristo 2
Orar en la Casa: Cantar al Universo
Centro de Espiritualidad Apostólica San Pablo
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www.centrodeespiritualidadsanpablo.org
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Evangelio de Jesucristo según san Mateo
Capítulo 16 versículos 21-27
“Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus
discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte
de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas;
que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.
Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo:
«Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá». Pero él,
dándose vuelta, dijo a Pedro: «¡Retírate, ve detrás de mí,
Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus
pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres».
2
Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «El que quiera venir
detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con
su cruz y me siga. Porque él que quiera salvar su vida, la
perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la
encontrará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el
mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el
hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre
vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles,
y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus
obras”.
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LUN 25
MAR 26
El hombre Pedro
Pedro acaba de hacer una declaración a Jesús que le
rebasa por completo: “Tú eres el Mesías. El Hijo de Dios
vivo”. Él, hijo de Jonás, no puede haberse dado cuenta por
sí mismo de lo que dice, y Jesús le dice que él es dichoso al
haber recibido una revelación semejante del Padre. La
continuación de la narración nos mostrará además que no
comprendió en verdad lo que esto supone. Como Pedro,
algunas veces nos inflamamos por seguir a Jesús pero la
menor dificultad nos coloca frente a nuestros límites
humanos. Señor resucitado, pon en mí la fuerza que me
vuelve capaz de caminar tras tus pasos.
Jesús el Mesías
Frente al hombre Pedro está Jesucristo, el Mesías, que
lleva en sí la naturaleza de Dios, que vino para llevar a la
humanidad al amor, sin importar el costo. “A partir de
este momento”, dice el pasaje bíblico, el momento en
que Pedro entrevió un poco del misterio de Dios, Jesús
podrá revelar a sus discípulos quién es él
verdaderamente. Qué separación entre Pedro y Jesús.
Qué separación entre cada uno de nosotros y el Hijo de
Dios. Sin el Espíritu Santo, no podemos acercarnos a este
misterio. Espíritu de Cristo resucitado, abre mi corazón a
tu proyecto de amor por el hombre.
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MIÉ 27
Hacer
obstáculo
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JUE 28
Pedro, a quien Jesús califica de dichoso, hace que muy
pronto le llamen Satanás. ¿Acaso no es un poco rudo para
Pedro de parte de Jesús? Sin duda, pero Cristo, el Mesías
de Dios, ha percibido en sus palabras la presencia de
aquel que se hace obstáculo al proyecto de amor de Dios
y quiere atravesarse en su misión. Puedo preguntarme si
a mí me ha pasado ser obstáculo del amor, en mí y a mi
alrededor, y de qué manera. Espíritu de Cristo resucitado,
abre mi inteligencia y mi corazón para este
discernimiento.
6
Tomar su cruz
Tomar su cruz… Son palabras pero, sobre todo, una
realidad, que nos da miedo. Pero ¿qué significa entonces
tomar su cruz en el día a día, sino ir simplemente hasta el
extremo del amor como lo hizo Jesús mismo? Puedo mirar
mi día bajo esta luz y ver los rostros de las personas a
quienes estoy llamado a encontrar. Nombro a estas
personas y las tomo en mi deseo de amar. Cristo
crucificado y resucitado, enséñame a amar como tú mismo
amaste, hasta el final.
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VIE 29
SÁB 30
Con Juan Bautista
La Iglesia celebra el día de hoy el martirio de san Juan
Bautista, el amigo del Esposo. Puedo releer algún texto del
evangelio que lo ponga en escena, y más particularmente
el Benedictus, la oración de su padre Zacarías al momento
de su nacimiento (Lc 1, 67-79) o la narración de su muerte
(Mc 6, 17-29). Dejo que resuenen las palabras que me
conmueven y pido la gracia de entrar como Juan Bautista, y
con él, en la intimidad de Jesús. Señor resucitado, haz de
mí un profeta para preparar tu camino, a imagen de Juan el
Bautista.
Cuestión de vida
Perder la vida, salvar la vida, pagar con la vida… Al leer estas frases
sentimos claramente que seguir a Jesús no es un camino fácil y que
hay un combate al final. Sí, hay cosas que perder, pero para ganar
otras a cambio, infinitamente más ricas. Este evangelio nos abre una
vía estrecha, la del combate por la vida al elegir caminar detrás de
Jesús, siguiendo sus huellas. Entonces, deshagámonos de nuestros
miedos. Escuchemos a Cristo que nos repite que ha venido para
“darnos la vida en abundancia” (Jn 10, 10) y dejémoslo que aplique
en nuestras vidas su obra de resurrección. Señor resucitado, dame
tu vida desbordante y ármame para el combate.
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DOM 31
Ofrecernos nosotros mismos al
amor
Qué fuerza en las lecturas del día. Además del evangelio que
meditamos esta semana, escuchamos primero a Jeremías (Jr 20, 9),
presa del combate entre el deseo de seguir al Señor y el de dejarse
“caer”, a causa de las burlas de sus hermanos: “Entonces dije: ‘No lo
voy a mencionar, ni hablaré más en su Nombre’. Pero había en mi
corazón como un fuego abrasador, encerrado en mis huesos: me
esforzaba por contenerlo, pero no podía”. Pero quizá es san Pablo
quien nos entrega la llave de este combate, en la ofrenda de
nosotros mismos: “Yo los exhorto por la misericordia de Dios a
ofrecerse ustedes mismos como una víctima viva, santa y agradable
a Dios”. Elijo las palabras que me llamen más y pido al Señor que me
haga fuerte en este combate por el amor.
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Orar en el Corazón del Mundo
con el Papa Francisco (Del
Apostolado de la Oración)
Oremos para que los refugiados,
obligados a abandonar su casa a
causa de la violencia, sean
recibidos con generosidad y que
sus derechos sean respetados.
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Seguir a Jesucristo… 2
ORAR EN LA CASA
Seguir a Jesucristo es ir por donde él va, es hacer todo lo que él hace,
es no abandonarle jamás.
Es imitarle en todo lo posible.
Es seguir sus ejemplos, parecerse a él lo más perfectamente posible
para llegar a ser como él, otro “él-mismo”.
Es poder decir como san Pablo: “Seguid mi ejemplo, como yo sigo el
de Cristo” (1Cor 11,1).
Es lo que indica Nuestro Señor cuando dice a sus apóstoles: “Os he
dado ejemplo para que lo que he hecho con vosotros, vosotros
también lo hagáis” (Jn 13,15). (A. Chevrier)
En la tierra como en el cielo: planetas y galaxias
Empecemos primero por tratar de entender las palabras que
utilizamos y cuya comprensión se ha afinado en el transcurso
de los siglos. Nosotros habitamos un pequeño planeta situado
a las afueras de una galaxia banal que forma parte de un
conjunto de miles de millones de galaxias. Nuestra galaxia está
constituida por unas 100 a 200 mil millones de estrellas entre
las que se encuentra el Sol y el sistema solar, así como gas y
polvo.
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ORAR EN LA CASA
Desde la Tierra distinguimos cinco planetas a simple vista: Mercurio,
Venus, Marte, Júpiter y Saturno, que giran alrededor del Sol y
cambian de lugar en el cielo siguiendo trayectorias complejas. Pero
sabemos también que hay varios cientos de planetas gigantes que
giran alrededor de una estrella distinta al Sol. Sin tratar de
comprenderlo todo, esto nos dan la ocasión para maravillarnos y
sorprendernos por la inmensidad en la que vivimos, la complejidad
del universo en el que nos descubrimos tan pequeños, cuando con
frecuencia nos consideramos el centro del mundo. “Oh, Señor, Dios
nuestro, qué grande es tu nombre en todo el universo”.
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“¿Ganar el mundo
entero?”
San Mateo 16, 26
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“¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si
pierde su alma?”. Esta frase tan contundente se quedó
con Francisco Javier en lo más profundo de su ser. Al
recibirla, dio a su vida una nueva dirección, se puso en
marcha detrás de Cristo, se convirtió en compañero de
Ignacio de Loyola, en el nacimiento de la Compañía de
Jesús. Sabemos que luego fue enviado a India y a Japón,
una manera de ganar el mundo una vez despojado de sí
mismo.
La pregunta que plantea Jesús es muy actual, pues los
descubrimientos científicos nos permiten conocer mejor
el mundo y las leyes que lo rigen. No es nuestro deseo
minimizar la ciencia y la investigación, sino situarlos en su
justo lugar. Y no perdamos de vista el fin que
perseguimos: sencillamente servir a Dios y a todos los
humanos.
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