Érase una vez donde una familia llamada
Esperanza muy pobre pero gentil y honesta
recibió una visita inesperada tarde en la noche.
Los que los visitaban eran
amistades viejas o sea amigos de
infancia que hacia muchísimo tiempo
que no compartían juntos. Ambas
familias estaban muy alegres al verse
mutuamente.
La familia Esperanza a pesar
de que estaba contenta de
tener a sus amistades como
visita a la misma vez se
empezaron a preocupar porque
sabían que no tenían que
ofrecerles para comer. Jesús
el menor de la familia
Esperanza se le ocurrió de ir a
casa de su vecino.
Todo esto ocurrió a medianoche. Salio corriendo
rápidamente, llega, toca la puerta y le dice:
- “Amigo, préstame tres
panes, pues se me ha presentado
unas amistades recién llegado de
viaje, y no tengo nada que
ofrecerle. Y el que está dentro
le contesta:
- “No me molestes. Ya está
cerrada la puerta, y mis hijos y
yo estamos acostados. No puedo
levantarme a darte nada.”
Entonces El muy adolorido dijo, Os digo
que, aunque no se levante a darle pan
por ser amigo suyo, sí se levantará por
su impertinencia y le dará cuanto
necesite.
El vecino actuó de una forma en la cual Jesús
no se esperaba. Papá Dios no quiere que uno
actúe como el vecino de Jesús.
Desafortunadamente muchas veces nos toma
tiempo de actuar debidamente como Papá Dios
quiere que uno se comporte. Jesús se dio
vuelta y se regreso a la casa muy triste ya
que esperaba que su vecino lo ayudara con un
poco de comida y no pudo ser.
Mas adelante camino a su casa tropezó
con un tronco de un árbol y se callo.
Cuando de repente vio una
moneda que brillaba de una forma
espectacular e inmediatamente la
recogió y fue a visitar al dueño de
un mercado que quedaba un poco
distante. Le toco la puerta
desesperadamente. El dueño se
asoma y le pregunta; Que quieres a
estas horas de la noche? El le dijo
lo que le había ocurrido con su
vecino y a la misma vez le pidió de
favor que lo ayudara.
Entonces este sin ninguna modestia
ni interés le dio lo que el necesitaba.
Cuando el recibió sus
alimentos metió la mano en su bolsillo y le pago
con la moneda que se había encontrado. El
dueño del mercado se quedo asombrado al ver
la moneda ya que ella como tal tenia el valor de
100 veces mas que lo que el se había llevado de
mercancía. El dueño del mercado le dijo; yo no
tengo cambio para una moneda como esa. Anda
llévatelo gratis no te preocupes.
Jesús le contesto, no tienes que
devolverme nada. Para mi tu te
has ganado mas que el valor de
esta moneda. Tú te has ganado
El Reino de Dios, porque me vistes
hambriento y me diste de comer. Así que yo
os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y
hallaréis; llamad, y se os abrirá la
puerta. Porque todo el que pide, recibe;
el que busca, encuentra; y al que llama,
se le abre. (Lucas 11:5-10)
Por Nabor Luciano
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