JCA 2011
Catedral de la Asunción de la Virgen
Es tradición que sobre un
antiguo templo pagano y
después cristiano, los árabes
edificasen una mezquita. En
1147, Alfonso VII convirtió al
culto cristiano este templo,
bajo la advocación de San
Isidoro. En 1227, con la
conquista definitiva de la
ciudad, Fernando III le añadió el
título de la Natividad de Nuestra
Señora.
Son muchas las
transformaciones que ha
sufrido este templo,
legándonos muy interesantes
reliquias constructivas de
diversas épocas; pero es a lo
largo del siglo XVI cuando se
hace la reforma más profunda
que ha de imprimir el carácter
dominante renacentista que
hoy nos ofrece.
El conjunto es más bien severo y sin mucha homogeneidad. La fachada principal
orientada al norte, da a la plaza de Santa María. Por una lonja de triple acceso se
llega a la monumental puerta construida en el año 1587, según traza del jesuita
Juan Bautista Villalpando.
El cuerpo
superior,
entre
pináculos y
dos
pilastras
ostenta un
hermoso
relieve con
la Natividad
de la Virgen
y cuya
traza se
debe al
jesuita
baezano
Jerónimo
del Prado.
En el extremo noroeste se levanta la torre de planta cuadrada con fustes de granito
empotrados en sus aristas, obra árabe en su origen. Sobre la base árabe de esta torre se
edificó otra en 1395, a mediados del XVI se renovó totalmente, pero entre 1832 y 1862 se
arruinó, iniciándose una nueva reconstrucción que no llegó a terminarse, hasta que
finalmente, se terminó con arreglo al proyecto del arquitecto don Francisco Prieto Moreno.
La fachada oeste, pegada a
la torre, pero sin trabazón
con ella, contiene los
elementos más antiguos del
recinto.
En primer lugar la puerta de
la Luna, ejemplar muy
curioso de estilo mudejar
del siglo XIII; consta de un
arco lobulado de herradura,
ligeramente apuntado, y por
cuyo intradós corre una
doble moldura de perfil
románico.
Sobre la puerta, un hermoso
rosetón gótico del siglo XIV
con puntas de diamante,
hojas y cabezas.
El muro
sur, muy
irregular,
nos ofrece
una puerta
gótica de
finales del
siglo XV,
de doble
arco.
Es la
Puerta del
Perdón
que da
acceso al
claustro.
El templo tiene tres naves.
Su fábrica renacentista está
cubierta con bóvedas vaídas
decoradas con relieves de
yeserías; mientras que son de
tracería gótica las bóvedas de los
dos tramos de la cabecera.
En el interior, destacan varias
capillas.
Capilla de San José, de mediados del siglo
XVI. En su retablo, una pintura de San José
y un relieve policromado de la Anunciación.
Capilla de San Miguel,
fechada en 1560.
La Capilla de los Dolores, con arco apuntado
y molduras renacentistas; retablo barroco
con una Dolorosa nada estilizada.
La Capilla del Sagrario, cuyo retablo,
dorado en 1761 por Francisco Gómez de
Espinosa, nos recuerda el barroco colonial.
La Capilla Mayor, con un gran
retablo barroco, consta de
dos cuerpos.
La Sacristía, del siglo XVII en
el espacio ocupado por
cuatro capillas anteriores,
tres de las cuales daban al
claustro. En el interior, muy
sencillo, destaca una buena
reja que cierra una capillita
gótica del fondo, atribuida al
rejero ubetense Alvarez de
Molina.
Capilla de San Roque
Capilla de Santiago
La Capilla Dorada es la más
importante y de mayor entidad
artística de la Catedral, con un
bellísimo interior, de
renacimiento muy italiano.
La decoración es profusa y de
detalle, con la Adoración de
los Reyes y de los Pastores.
Se cubre la capilla con dos
bóvedas, una con medio
cañón de casetones y la otra
cupuliforme.
El púlpito, de chapa
repujada y
policromada, es muy
notable.
Su cuerpo exagonal
está decorado con
figuras de San Pablo,
San Andrés, cuatro
obispos fundadores,
ángeles y un escudo
del canónigo
donante; en su base
cónica, escenas de la
vida de Sansón.
Su fecha, 1580.
JCA - 2011
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