¿Cómo actúa conmigo el Cristo
resucitado?
Lc 24:13-35
“La gran verdad acerca del domingo de resurrección
no es que vamos a vivir nuevamente después de la muerte, sino
que podemos vivir vidas nuevas aquí y ahora mediante el poder
de la resurrección de Cristo”
Phillips Brooks
Introducción
Hay una leyenda que muestra hasta qué
punto la mente se resiste a creer que la
muerte sea la vencedora final de la vida. Es
la leyenda de Orfeo, según la cual
él era un músico excepcional, tanto que
con la música de su lira podía dominar a
las fieras. Al morir su esposa Eurídice,
Orfeo bajó a los infiernos y persuadió a
Hades y a Perséfone para que le
devolvieran a su esposa, a lo cual
accedieron con la condición de que debía
caminar delante de ella, y que no debía
mirar hacia atrás hasta que ambos
hubieran alcanzado el mundo superior y
los rayos de sol bañasen a Eurídice.
A pesar de sus ansias, Orfeo no volvió la cabeza en todo el
trayecto, incluso cuando pasaban junto a algún peligro o demonio, no
se volvía para asegurarse de que Eurídice estuviera bien. Llegaron
finalmente a la superficie y, por la desesperación, Orfeo volvió la
cabeza para verla; pero ella todavía no había sido completamente
bañada por el sol, todavía tenía un pie en el camino al inframundo:
Eurídice se desvaneció en el aire, y ahora para siempre.
El mito ha inspirado a los poetas de todos los tiempos,
desde Esquilo, Virgilio y Ovidio, hasta Lope de Vega y Calderón de la
Barca. Pero fue Glück, quien en 1762 con libreto de Calzabigi,
estrena la ópera Orfeo y Eurídice, con un final feliz; aparece Eros, el
dios del amor, quien le devuelve la vida a Eurídice.
Para nosotros los cristianos, la
muerte ha sido vencida por nuestro Señor
Jesucristo. La tumba vacía es la gran
derrota de muerte; la tumba vacía es la
protesta de Dios contra la muerte; la tumba
vacía es la gran victoria de Jesucristo.
Cristo ha resucitado y ahora vive por los
siglos de los siglos. Jesús es primogénito
de los muertos y primicias de los que
durmieron.
¿Qué efecto tiene la
resurrección de Jesucristo?
¿Cómo me impacta la
resurrección del Señor?
Te invito a que meditemos en la
manera en la que nos bendice la
resurrección de nuestro Señor.
“El Cristo resucitado:”
I. Considera mi inquietud,
Lc 24:15-24
A. Acercándose a mí, v.15
“Y he aquí, dos [de los discípulos de Jesús]
iban a una aldea llamada Emaús, que estaba
a unos once kilómetros de Jerusalén. E iban
hablando entre sí de todo lo que había
acontecido. Sucedió que mientras hablaban
y discutían entre sí, Jesús mismo se
acercó...”
¡Cuántas veces nos ha pasado lo mismo! Que vamos
por la vida llenos de preocupación, dolor y angustia y no nos damos
cuenta que Jesús está cerca de nosotros. Jesús está allí, en la
cercanía de la Biblia, en la intimidad de la oración, en la alegría de la
comunión con los santos, en el desprendimiento del servicio
desinteresado. Jesús está allí, cerquita de nosotros y no lo vemos.
Sin embargo, el Cristo resucitado considera mi inquietud
acercándose a mí en los momentos más tristes de mi vida.
“El Cristo resucitado:”
I. Considera mi inquietud,
Lc 24:15-24
B. Caminando junto a mí, v.15
“Jesús mismo se acercó, y caminaba con
ellos”.
¡Cuántas veces nos ha pasado lo mismo! Que vamos
por la vida llenos de preocupación, dolor y angustia y no nos damos
cuenta que Jesús ha ido caminando con nosotros a lo largo de toda
nuestra vida. Si vemos cada acontecimiento de nuestra vida, y
especialmente aquellos que nos causaron más dolor, nos daremos
cuenta que allí estuvo Jesús. Nos acompañó y caminó junto a
nosotros. Así, el Cristo resucitado considera mi inquietud caminando
junto a mí en los momentos más tristes de mi vida.
“El Cristo resucitado:”
I. Considera mi inquietud,
Lc 24:15-24
C. Preguntando por mi tristeza, v.17
“Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que
tenéis entre vosotros mientras camináis, y
por qué estáis tristes?”
¡Cuántas veces nos ha pasado lo mismo! Que vamos
por la vida llenos de preocupación, dolor y angustia y señalamos a
Jesús de ignorante, y nos ponemos a relatarle todo lo que nos ha
acontecido como si él no lo supiera. A veces pienso que Jesús, al
escuchar nuestras historias de dolor y tristeza, levanta su ceja
izquierda en señal de “¿crees que no lo sabía? Yo estuve allí, a tu
lado. Estuve contigo en el hospital, en la funeraria, en el viaje, en la
casa de tu primo, en accidente del año pasado”.
“El Cristo resucitado:”
II. Confronta mi incredulidad,
Lc 24:25-27
“Entonces Jesús les dijo: ¡Oh insensatos, y
tardos de corazón para creer todo lo que los
profetas han dicho!”
“El Cristo resucitado:”
III. Consuela mi intranquilidad,
Lc 24:28-35
A. Quedándose conmigo, v.29
“Mas ellos le obligaron a quedarse,
diciendo: Quédate con nosotros, porque se
hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró,
pues, a quedarse con ellos”.
Si hay algo que Jesús quiere es estar conmigo y contigo. Si
nosotros lo invitamos, no se hace mucho del rogar. Jesús anhela,
más de lo que nosotros nos imaginamos, estar con nosotros y
compartir muchos momentos en intimidad con nosotros. No tenemos
que insistirle mucho: él acepta. El Cristo resucitado consuela mi
intranquilidad quedándose conmigo en los momentos de paz, en los
momentos de quieta intimidad.
“El Cristo resucitado:”
III. Consuela mi intranquilidad,
Lc 24:28-35
B. Cenando conmigo, v.30
“Y aconteció que estando sentado con ellos
a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió,
y les dio. Entonces les fueron abiertos los
ojos, y le reconocieron; mas él se
desapareció de su vista”.
Si hay algo que Jesús quiere es estar en intimidad conmigo y
contigo. Si nosotros lo invitamos, no se hace mucho del rogar. Jesús
anhela, más de lo que nosotros nos imaginamos, estar con nosotros
y compartir muchos momentos en intimidad con él. Jesús se lo dijo a
la iglesia de Laodicea: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si
alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él
conmigo”.
Conclusión
Existen términos que se prestan a otras
interpretaciones o tienen un doble sentido.
La palabra “resurrección” no es posible
aplicarla a nadie excepto a Jesucristo y a
los redimidos por él: es una palabra única.
Cuando Jesús la pronunció e inventó para
nosotros, la definió así: “Yo soy la
resurrección y la vida”, esto es “todo aquel
que vive y cree en mí no morirá
eternamente”, le dijo a Marta. Luego, ante
la muerte más desgarradora y
evidente(“hiede ya, es de cuatro días”),
ante su amigo Lázaro, Jesucristo demostró
que el vocablo era una palabra viva y
eficaz.
La realidad del Cristo resucitado
tiene resultados evidentes en nuestra
propia existencia: considera mi inquietud,
confronta mi incredulidad, consuela mi
intranquilidad. Es decir, existe una clara
diferencia entre un Cristo resucitado y un
Cristo crucificado. La resurrección es una
declaración de victoria; la crucifixión, una
afirmación de salvación. La resurrección
de Cristo es una ancla absoluta de la fe. La
resurrección es una garantía para el
creyente.
La afirmación de la resurrección de
Cristo es distintiva de la fe cristiana: no es
la adoración de un héroe muerto; no es
seguir el ejemplo o las enseñanzas de un
sabio de la antigüedad. Es la comunión
con un Señor viviente. Nuestra esperanza
está basada en la promesa de Dios, en su
actuar en la historia y en su completo
control del futuro. En la resurrección de
Cristo la promesa de Dios se cumple, pues
él no es Dios de muertos sino de vivos; su
actuar en la historia se confirma, pues la
resurrección corpórea de Cristo tuvo lugar
en el tiempo y en el espacio; y su control
en el futuro se establece pues en él el
futuro no es sombrío ni incierto sino
seguro y lleno de luz.
La resurrección de Cristo es el fundamento de nuestra
esperanza y no la seguridad que podrían otorgar instituciones,
planes o dirigentes. Nuestra esperanza está en Cristo, y éste
resucitado. Nuestra esperanza es viva porque Cristo vive.
Nuestra victoria es segura porque Cristo es el
victorioso. ¡Amén!
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Como_actua_conmigo_el_Cristo_resucitado_-_Lc_24.13