San Jerónimo Emiliani
Una vida para Dios
al servicio de los huérfanos
y de la juventud desamparada
SOMASCA
Es una pequeña aldea
del norte de Italia.
Aquí, S. Jerónimo reunió a un
grupo de personas que quería
ofrecer su vida al servicio de los
huérfanos, en especial de los
más necesitados y solos…
…y con ellas fundó la
“Compañía de los
Servidores de los Pobres”
que hoy se llaman
Padres Somascos.
Aquí…
…murió
S. Jerónimo
el 8 de febrero de 1537
Somasca, enero del 1537:
una grave epidemia se había propagado por el
valle de S. Martín y hasta los huérfanos que
vivían con Jerónimo en una casita allá arriba,
cerca de la Rocca, se habían contagiado.
De repente, uno de ellos, delirando, exclamó: “¡Qué cosa
más hermosa he visto!” Y explicó que había visto en el cielo
un sillón de oro, levantado por varios de los muchachos, y
uno de ellos llevaba en sus manos un cartel que decía:
Este es el trono de Padre Jerónimo …
Jerónimo quedó desconcertado. Unos días antes el
cardenal Caraffa, lo había invitado por carta a ir a
Roma… Pero él, después de haber rezado, les dijo a
sus compañeros: “Hermanos, me llaman a la vez a
Roma y al cielo; pero creo que me iré con Cristo”.
Jerónimo
Había nacido en Venezia en 1486
A los 25 años elSenado
de la República le
había encomendado la
defensa de la fortaleza
de Quero, a orillas del
río Piave.
Jerónimo aceptó de muy buena gana
el cargo, pues quería ser útil a su Patria,
hacerse rico y famoso
y entrar en la historia de Venecia
En 1508, el Emperador de Austria y el Rey de Francia
se aliaron contra Venecia.
El 27 de agosto del 1511, Mercurio Bua capitanea un
duro ataque a la fortaleza de Quero. Jerónimo,
abandonado por los soldados mercenarios
contratados para la defensa, trató de resistir el golpe
todo el día, con los pocos soldados que quedaron.
Salvó la vida junto con tres hombres más; pero lo
metieron en el calabozo de su proprio castillo.
Preso y encadenado, le ataron una gran piedra de mármol
al cuello que lo obligaba a estar siempre mirando al suelo.
Estuvo prisionero un mes.
Durante ese tiempo, recordó su vida
pasada y sus sueños de gloria; ahora
presentía que el fin había llegado.
Abandonado de todos,
se encomendó a la Virgen, a una
imagen que se veneraba en el
santuario de Treviso, a la que todos
llamaban “Madonna grande”.
Y con mucha humildad prometió
que cambiaría de vida.
La Virgen escuchó sus oraciones.
Se le apareció vestida de blanco,
y le entregó las llaves de las
cadenas y de la puerta del
calabozo.
Libre por fin,
lo acompañó para
que pasara
desapercibido
por el campamento
enemigo, hasta que
divisaron los muros de
la ciudad de Treviso.
Era el 27 de
septiembre de 1511
A los pies de la Virgen,
como recuerdo y en
señal de
agradecimiento,
dejó las cadenas de su
esclavitud,
que aún hoy se pueden
ver allí, en el Santuario
de Treviso.
En 1528, Venezia se vio atacada por la peste.
Jerónimo no se quedó de brazos cruzados: se puso
a cuidar enfermos. El día lo pasaba en el hospital
del Bersaglio, que había fundado él mismo junto
con un grupo de amigos.
Y con la peste, apareció el
hambre. Todos los días
llegaba a Venecia gente
necesitada.
Jerónimo les daba de comer
y los vestía, y hasta los
hospedaba en su casa.
Gastó cuanto tenía en saciar
el hambre de los pobres,
especialmente los niños.
Se ocupó sobre todo de los huérfanos y de los
que no tenían casa.
Iba por la ciudad recogiéndolos.
Y como necesitaba una casa más grande, pues
eran muchos, alquiló una en S. Basilio.
Además de ocuparse de sus
necesidades materiales, quiso
que se prepararan para la vida.
Por eso les enseñaba a leer y a
escribir y tenían que aprender
un oficio.
Pero sobre todo, los huérfanos necesitaban un padre.
Y él, por su gran amor a Cristo, decidió que esa sería su
nueva misión.
El 6 de febrero de 1531 dejó el palacio familiar, se vistió
pobremente y se fue a vivir con los chicos para siempre.
Por la primavera de 1532, dejó Venecia y marchó a
Bérgamo. Allí abrió una casa para niños huérfanos
y otra para niñas.
En diciembre de 1533 fue invitado a ir a Milán.
Y también allí fue por las calles recogiendo
muchachos abandonados que vagabundeaban
en pandillas, malcomiendo y sin hacer nada.
Además, en muchas otras ciudades del norte de
Italia fundó casas y obras para niños y niñas
desamparados…
Tuvo muchos problemas, por que en todas partes hay gente envidiosa…
…pero siempre acabaron admirando su virtud y su
humildad, y todos lo consideraban un hombre de
Dios, un santo. Y siempre, alrededor de sus obras,
se le juntaba un grupo de personas que querían
colaborar con él y ser sus amigos.
Un día, cuando llevaba a los muchachos a visitar la Cartuja
de Pavía, un par de lobos hambrientos le salieron al
camino… Los muchachos se apretujaron todos contra el
Padre, y cuando él levantó la mano trazando la señal de la
cruz en el aire, los lobos se alejaron.
En verano de ese
mismo año se trasladó
a Somasca, donde
estableció su lugar de
residencia, su cuartel
general. Y allí fundó
la Compañía
de los servidores
de los pobres.
Toda su
abundante y
variada actividad
estaba sostenida
por una intensa
vida de oración.
…y con frecuencia suplicaba:
“¡Dulcísimo Jesús, no seas mi juez,
sino mi Salvador!”.
Todos cuantos lo conocieron
dijeron de él que era una
persona muy austera y de gran
penitencia: comía el pan más
duro y más viejo, apenas
bebía vino y ayunaba mucho.
El Señor premió su obra con muchos milagros…
En uno de ellos multiplicó el pan para sus
muchachos…
Otra vez hizo que de una pared
de rocas brotase agua para
saciar la sed de los niños… y
aún hoy sigue brotando.
Entre sus actividades destacó la de catequista: con sus
muchachos enseñaba el catecismo a los campesinos,
mientras descansaban de sus
trabajos en el campo.
Pero claro, antes, ayudaban…
Y también fue “hombre de paz”…
Muchos sacerdotes y seglares se unieron a él para seguir su
estilo de vida en medio de una gran pobreza y caridad.
Querían ser para
aquellos niños
la ternura
de Dios
La Compañía fue
aprobada por el Papa
Pablo III en 1540; y más
tarde por San Pío V en
1568, bajo el nombre de
“Orden de Clérigos
Regulares de Somasca”.
Solía repetirle a
sus compañeros:
“Trabajo,
Piedad
y Caridad
son los pilares
de nuestra Obra.”
Pero en Somasca y en todo
el Valle de San Martín
volvió a estallar la peste, y
una vez más Jerónimo se
puso a ayudar a todo el
mundo que lo necesitara.
Iba por las aldeas,
cuidaba con todas
sus fuerzas a los
enfermos, enterraba
los cadáveres que
encontraba por las
calles
Y le llegó el turno a él…
El 4 de febrero de 1537, roto por la fiebre, fue
acogido en casa de unos amigos, pues él no tenía
una cama… Pintó con una teja la cruz en la pared
–que aún hoy podemos ver-, y esperó la muerte
con gran serenidad.
Murió durante la noche entre
el 7 y el 8 de febrero de 1537
Sus últimas palabras fueron:
“Jesús y María”
Este fue su testamento:
“Hijos míos, el mundo pasa; seguid el camino
de Cristo Crucificado; servid a los pobres”.
Pero los Santos no mueren
jamás.
Sus vidas sirven de ejemplo
para los cristianos.
En 1767, Clemente XII lo
proclamò Santo
Y en 1928, Pio XI lo declaró
PATRÓN UNIVERSAL
DE LA JUVENTUD
DESAMPARADA
Jerónimo sigue presente en medio de
nosotros a través de la obra de los Padres
Somascos, de los seglares que colaboran
con ellos y de otras Congregaciones que
lo tienen a él como referencia.
¿Te gustaría colaborar en esta
tarea grandiosa?
Podrías ser un héroe de la
Caridad, como lo fue Jerónimo,
dando tu vida a los demás por
amor de Dios, para que otros
tengan vida.
Realizado por los
Alunnos de 3C
Curso escolar 2009 -10
Ist. San Girolamo Emiliani
Corbetta (Italia)
OPEN DAY 2009
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VIDA de S. Jerónimo