El Padre, un Dios
de amor
(Romanos 5:8)
El Padre, un Dios de amor
Mas Dios muestra su amor para
con nosotros, en que siendo aún
pecadores, Cristo murió por
nosotros. (Romanos 5: 8)
El Padre, un Dios de amor
Introducción:
Uno de los consuelos más grandes que tenemos, es la realidad
de que el Señor jamás cambia y su amor permanece fiel.
Sin embargo, muchos cristianos luchan con dudas porque no
se sienten dignos de ser amados y son bombardeados con
pensamientos tales como: Miren lo que he hecho, cómo he
tratado a la gente, cómo he desperdiciado mi vida, etc.
El problema es que damos por hecho que el Señor ama de la
misma manera que nosotros amamos.
El Padre, un Dios de amor
La base del amor de Dios
La palabra griega para referirse al amor de Dios, es ágape,
que incluye la idea de ser “de naturaleza abnegada e
incondicional”. El Señor se da con generosidad a sí mismo
para hacernos bien y bendecir nuestras vidas. El ágape es
esencial a su ser, es su naturaleza.
Piense como sería tu vida si el amor de Dios dependiera de
cómo es tu carácter y conducta. Viviríamos con una
sensación de incertidumbre e indignidad. En una vida así no
habría gracia, sino solo triste legalismo y esclavitud.
El Padre, un Dios de amor
¿Cómo podemos entender su AMOR?
La mejor manera de entenderlo es viendo cómo se relacionó
Jesús con diversas personas, quizás nos identifiquemos con
ellos. Al examinar cada uno de ellos y observar las palabras y
las acciones de Jesús, piensa cómo aplica a nosotros este
amor ágape.
Las siguientes cuatro historias, representadas por distintas
personas, identifican nuestro corazón y la respuesta del amor
de Dios.
El Padre, un Dios de amor
Un corazón impulsivo:
Pedro era una persona extrovertida que tomaba las riendas
de todo. Cuando Pedro vio a Jesús caminando sobre el agua,
fue el único discípulo que se lanzó al mar por fe. Pero a veces
su boca iba más rápido que su cerebro.
El mayor fracaso de Pedro fue en la última cena, se negó a
escuchar la advertencia del Señor, de que todos los discípulos
lo abandonarían. Pocas horas después de afirmar
confiadamente su eterna lealtad, negó a Jesús, no una, sino
tres veces (Marcos 14:27-30).
El Padre, un Dios de amor
El impopular Zaqueo (Lucas 19:1-10)
Puesto que los cobradores de impuestos no eran populares en
Israel. Ya era bastante malo que cobraran impuestos para los
romanos, pero muchos de ellos también defraudaban a los
judíos al exigirles dos o tres veces más de lo que estaban
autorizados a cobrar.
Cuando Jesús llamó a Zaqueo, la multitud estaba horrorizada
por la demostración de bondad de Jesús a este pecador, la
respuesta de Zaqueo fue asombrosa. Entregó la mitad de sus
bienes a los pobres, y devolvió cuadriplicado todo lo que
había robado a otros. Zaqueo, fue convertido por la
misericordiosa y aceptación del Padre, y vivió de una manera
digna del amor que recibió.
El Padre, un Dios de amor
La mujer fracasada moralmente (Juan 4:3-30)
Cuando conoció a la mujer samaritana junto al pozo, guió la
conversación hacia la respuesta a su necesidad más
profunda: el amor incondicional del Padre, el cual ella había
estado buscando en lugares equivocados.
Por su rechazo moral, iba escondida al pozo, cuando Jesús se
encontró con ella, con amor le ofreció a su corazón sediento,
el agua viva del Espíritu. La mujer fue tan transformada por el
amor del Señor, que fue a la ciudad a hablar a todo el mundo
de Él, para invitarles a conocer al Mesías.
El Padre, un Dios de amor
Bartimeo un don nadie (Marcos 10:46-52)
Los mendigos ciegos eran considerados “don nadie” en Israel,
podían recibir compasión y ayuda, pero nunca atención o
reconocimiento; la mayoría de las personas pasaban frente a
ellos como si fueran invisibles. Pero un día, Bartimeo clamó a
Jesús pidiendo misericordia, el Señor se detuvo, tuvo
compasión de él, y le dio su amor y recobró la vista.
Tal vez sientas que tu vida parece un ciclo interminable de
trabajo sin sentido, quizás estas luchando con la soledad,
muchas personas se sienten insignificantes y sin importancia.
Pero el Señor sabe exactamente dónde te encuentras y
nunca te ha quitado los ojos de encima. (Isaías 46:4). Su amor
por nosotros no cesa jamás.
El Padre, un Dios de amor
Finalmente:
Dios nos ama y es algo innegable. Lo ha dicho así en su
Palabra, y lo demostró por medio de Jesús.
Aunque a veces nos rodeamos en nuestra indignidad e
incredulidad y nos repetimos las razones por las que no es
posible que Dios nos ame, todo es transformado por el amor
que Él nos tiene. Cuanto más decidamos creerle al Señor, más
fuerte se volverá nuestra certeza de su amor.
“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado
a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en
propiciación por nuestros pecados.” (1ª Juan 4:10)
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