¡Recuerda
maestro!
Recuerda que la frágil memoria de la mente de tus alumnos, olvida fácilmente
lo aprendido.
la firme memoria de
su corazón, retiene
lo sentido y vivido.
Si quieres educar
bien, no enfatices en
cargar sus mentes con
conocimientos.
Llena más
bien los
corazones
con valores
y vivencias.
Recuerda que
produces más calor
encendiendo un
cerillo, que dando un
discurso sobre el
fuego.
Que iluminas
más
encendiendo
una vela, que
describiendo el
sol.
Si quieres educar, no
impongas caminos
obligando…
Muestra tus
ideales,
caminando. No los
ahogues con el
peso de normas y
preceptos.
Recuerda que los
buenos maestros,
no pueden educar
sin amor.
Por lo tanto,
ama a tus
alumnos como
son. Y ámalos
con
autenticidad.
Si vives el
amor y lo
demuestras,
estarás
educando sin
proponértelo.
Si no amas y no
vives el amor, no
educarás, aunque te
lo propongas.
SÓLO
RECUERDA,
MAESTRO!
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El buen maestro