El Coleccionista
Es admirable la meticulosidad y
paciencia de algunos
coleccionistas –no los de dinero
ni los que amontonan“heredad tras heredad”
Colecciones
• Sino de aquellos que guardan y clasifican pequeñas
cosas, de escaso valor en el mercado pero llenas a
veces de belleza y afectividad: soldaditos de plomo,
postales de catedrales del mundo,
de flores
marchitas, herbolario de plantas diversas. Uno de
mis hijos colecciona refranes (el que escribe), y yo
hace tiempo que inicié una que no precisa paredes,
cajas ni álbumes, ya que sólo se contiene en el
recuerdo y en la trastienda alegre de la fantasía. En
cierta ocasión, en la media tarde de un día de julio,
ví, en una mata de pensamientos de mil colores, uno
que se desprendía y volaba sin llegar a caer. Tenía
más colores que el resto de las flores, y al pronto
comprendí. Era una mariposa
Coleccionista de códigos
• Que alumbraba como el fuego, con alas de fondo blanco
pintadas de cobalto, escarlata, verde y naranja. La grabé
para siempre en mi retina y forma parte de mi colección
de cosas bellas e irrepetibles. Otra vez, recostado a la
sombra de un álamo que se erguía al lado de un río de
tranquilas aguas ví una libélula de alas tornasoladas que
se posaba y andaba sobres las aguas, rememorando uno
de los más maravillosos milagros y aún conservo la huella
dejada en el aire por su vuelo como un estilete de luz. Y el
ténue calor de la mano de mi novia en las mías, y su pelo
dorado flotando al viento y acariciando mi mirada en mis
horas tristes, son recuerdos que sólo se extinguirán
cuando me muera, y tal vez entonces también pervivirán.
– Conviene a nuestro bien, coleccionar hermosos gestos.
Nuestro Padre Dios tiene corazón de
padre y madre a la vez
• La madre que sostiene en sus brazos al hijo enfermo que se va
y empieza a adentrarse en el camino sin retorno –algunos,
¡pobres almas desventuradas!, creen que pueden disolverse
en la nada- ; el padre que se despoja de todos sus bienes para
liberar al hijo apresado por la sustancia maldita, aún sabiendo
que la redención no se producirá; el marino que entrega
todos los meses una importante cantidad de su retiro para
que la amiga pobre de la familia, vencida por sus años y por la
soledad, pueda permanecer en una residencia de pago, con lo
que alcanza el alto honor intuído por Machado, el “ser pastor
de olas y capitán de estrellas”
Mis colecciones personales
– Y también soy coleccionista de bellos sueños: que
los hombres en grupo deben tener el mismo
comportamiento ético que cuando actúan
individualmente; que ha de llegar un día en que
nos movamos dentro de un mútuo respeto; que en
un futuro cercano habrá trabajo para todos, hasta
el punto de que si la tarea que realizas no te
gusta, puedas cambiarla por otra que te agrade
más; que llegará una época en que los salarios
mínimos sean dignos y que incluso permitan
cumplir caprichos banales. En fin, que vivamos en
un mundo nuevo, presidido por el amor y la
tolerancia y en el que prime la espiritualidad.
La colección de mayor valor
• Pero de todas las colecciones que conozco, la que
exigió mayores esfuerzos está formada solamente
por tres labores imperfectas y alguna de ellas
inacabada, que se deben a las manos de mi hija
Susana: un mantelito rosa, para desayunar en la
mesa camilla; una alfombrita de nudos de lana para
poner al lado de mi cama, y una bufanda gris que tal
vez un día usaré, cuando las inexpertas manos de mi
hija consigan terminarla. Son labores sencillas,
fáciles, pero que para ella presentan complejidades
insalvables, y en mí son cadenas irrompibles que me
unen a ella con el más profundo y tierno amor. Con
el mayor cariño te abraza tu:
• PAPÁ
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