Este pueblo fue donde se desenvolvió la vida de Maria
Domenica Mazzarello por 42 años.
Para Main, Mornese fue una puerta abierta,
que alargó el corazón a los horizontes del mundo.
En este lugar, sumergido en el silencio, en el
verde de las viñas, Maria Domenica, vivió
intensamente su juventud.
En la escuela del
silencio aprendió
el precioso valor
de la vida…
…aprendió a tejer una
profunda relación con Dios…
…aprendió la apertura de la mente y
del corazón para acoger a todos.
Una pequeña ventana
al lado occidental de
la casa: “ojo de fuego”
para encender de
amor el horizonte.
Allí Maria Domenica
había elegido cerrar
sus jornadas llenas de
trabajo y sacrificio.
Por la tarde se asomaba
a la ventana donde le
parecía entreveer la luz
del Tabernáculo,
y con ella se reunía toda la familia.
Aquí en la Valponasca, donde solo el viento que
sopla en todas las direcciones y rompe el silencio,
María Domenica aprendió
aquella contemplación que se hace cargo de sus
hermanos, y antes de salir en la mañana hacia la
Parroquia, ya había preparado el trabajo para el
día en su casa y en las viñas.
La Parroquia ve nacer,
alimentarse y florecer
la santidad de Maria
Domenica.
Aqui, en la escuela de don Pestarino, Main aprendió el camino
de la intimidad con Dios, hasta el punto de llegar, después de la
enfermedad, a pronunciar la oración que dió un cambio total a
su vida:
“Señor, si me concedes aún un poco de vida,
haz que yo sea olvidada de todos, menos de Ti.”
Delante de la puerta, Main
permanece de rodillas
incluso en las mañanas
heladas del invierno,
esperando que se abriera.
El difícil camino en la
mañana hacia la Parroquia
para participar en la
celebración eucarística,
testimonia su voluntad de
configurarse con Cristo y
partipar a su amor redentor.
El altar mayor, el punto focal donde confluyen
las aspiracione de Maria adolescente y joven.
Aquí ella recibía la fuerza y el amor de los que
enriquecía su trabajo en los viñedos y su alegre
actividad entre las niñas del pueblo.
El tabernáculo:
punto de referencia del encuentro
matinal y vespertino con Cristo y centro
de toda su existencia.
Este “estar” en la presencia de Dios es lo que ha permitido
a Madre Mazzarello unificar todo su ser en el Señor, el
recibir el don de la sabiduría que abre a un conocimiento
experiencial del misterio de Dios, que la capacita a una
familiaridad con el divino, viendo la realidad humana en
la visión de Dios.
Pasaba un día por el camino de
Borgoalto, cuando le parece ver
de frene un gran caserío con la
apariencia exterior de un colegio
con numerosas jóvenes. Se paró
a mirar llena de estupor y dice:
“¿Qué es esto que veo? Aquí
nunca ha estado este edificio
¿qué sucede?” Y escuchó una voz
que le decía:
El 7 octubre de 1864
don Bosco
llegó a Mornese
Todo el pueblo fue a
recibirlo, precidido por el
párroco don Pestarino.
Las Hijas de la Inmaculada
estaban felices, pero
ninguna como Maria que a
todas decía:
“Don Bosco es un santo y
yo lo siento”.
El Colegio que don Bosco
había querido para los muchachos de
Mornese
llegó a ser - por medio de diferentes
circunstancias que sólo Dios conocía y
por el sufrimiento de don Pestarinola primera casa estable
de Maria y de sus compañeras.
El 5 de agosto de 1872
en la capilla del Colegio “se entona el
Veni Creator Spiritus; las quince
afortunadas, con las mejores galas y
con los ojos llenos de alegría desfilan
llevando en sus brazos el hábito
religioso y se arrodillan ante el altar.
La voz de Maria Domenica
enérgica, aunque conmovida,
resonó: “Yo, sr Maria
Domenica Mazzarello (…)
hago voto de castidad,
pobreza y obediencia (…)”.
Don Bosco hizo la homilia:
Todo lo que somos y hemos
hecho de bien se lo debemos a
Maria Auxiliadora.
Deseo, por tanto, que ustedes
sean el monumento vivo de
nuestra gratitud hacia nuesra
buena Madre.
Sí, en este monumento son
las Hijas de María
Auxiliadora
En el patio del Colegio se encuentra un pozo,
símbolo de una vida pobre, sacrificada,
pero alegre
Al rededor de él sr Maria Domenica Mazzarello
paraba muchas veces a las Hermanas y a las niñas para ofrecer
no sólo un vaso de agua fresca,
sino su materna bondad,
que sabía llegar a todos y en el momento oportuno.
“En Mornese todas querian ser misioneras y muchas
hacían la petición de ir a tierras lejanas”.
“Hubiésemos querido reconstruir Mornese… pero
teníamos que luchar contra la pobreza con la
pobreza, con la lengua, a veces, incluso, con la
desconfianza de la gente”.
La Madre nos animaba desde lejos:
“Poco a poco seréis capaces de todo”.
EL ESPÍRITU DE MORNESE
Gran obediencia, sencillez, exactitud en las Santas Reglas;
admirable recogimiento y silencio;
espíritu de oración y de mortificación, candor e inocencia;
amor fraterno en el conversar, alegría serena
que parecía un ambiente de Paraiso.
No se pensaba, ni se hablaba que de Dios y de su santo amor,
de amar a María, a S. José y el Ángelo Custodio,
y se trabajaba siempre bajo su dulcísima mirada,
Como si estuvierna presentes, y no se tenían otras pretenciones.
¡Como era bonita la vida en Mornese!
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Conocer a Madre Mazzarello a través de los lugares