¡No pude hacer nada de lo que había planeado!, ¡perdí toda la
mañana!.
¡Todo fue una pérdida de tiempo!, pues nadie se presentó.
¡Que problema!, si hubieran llegado a la hora, no estaríamos trabados en esto; y hubiéramos
podido adelantar otras cosas.
Expresiones como éstas son, frecuentemente escuchadas, por la mayoría de nosotros, pues vivimos sujetos a un horario, a
un tiempo. Pero hay un Dios que todo lo ve y que tiene un tiempo para cada cosa en nuestras vidas. El tiempo de Dios no
está sujeto al nuestro; y es por eso que nos cuesta aceptar que muchos de los supuestos “problemas” que nos acontecen,
obran a favor nuestro. Es cierto que Dios permite cosas que nos desilusionan , o nos parecen negativas; pero muchas veces
no lo hace para enseñarnos algo en particular ,o, para aplicarnos una tierna corrección, sino porque en su misericordia nos
quiere evitar graves daños o desgracias que podríamos sufrir, si todo marchara según nuestra voluntad. La siguiente
anécdota ilustra claramente todo esto:
“Una noche tormentosa de 1910, un grupo de músicos viajeros cristianos, viajó a la ciudad de Riga, a orillas
del Mar Báltico para dar un concierto. Sin embargo, hacía tan mal tiempo y la sala de conciertos quedaba tan
lejos de la ciudad, que el director de la orquesta trató de convencer al gerente de la sala para que cancelara el
acto, aduciendo que nadie se atrevería a salir en una noche tan inclemente.
El gerente se negó a la cancelación, pero convino en que si no se presentaba ningún espectador, la orquesta podría marcharse
temprano para tomar el barco de la noche, rumbo a Helsinki, Finlandia. Cuando los músicos llegaron a la sala de conciertos,
encontraron que no había sino un oyente: un robusto caballero de avanzada edad, que parecía sonreírle a todo el mundo. Por
causa de aquel viejo melómano, los músicos se vieron obligados a tocar todo el concierto, con lo que perdieron el barco que salía
temprano. Una vez concluído el concierto, el anciano permaneció sentado. Pensando que se había dormido, el acomodador le dió
un golpecito en el hombro.
Fue entonces cuando se descubrió que el anciano no estaba vivo. Los músicos habían interpretado un concierto entero para un
muerto, pero al hacerlo salvaron sus vidas; porque el barco que pensaban tomar hacia Helsinki se hundió aquella noche en la
tempestad, sin dejar sobrevivientes. Así pues, aunque aquellos hijos de Dios, los músicos de la orquesta, quisieron evitar a toda
costa tocar el concierto para poder tomar el barco, el Señor sabía muy bien lo que sucedería y se valió de una circunstancia, que
si bien, primero les desagradó, al final los salvó a todos de una tragedia.”
Así pues, pregúntate a tí mismo: ¿Crees, tú, que aquellos músicos perdieron su tiempo?... ¿Crees
que has perdido el tiempo?.
¿Sabes qué?, tal vez has sido librado de una situación desagradable, de un peligro y hasta de una
tragedia, por no haber hecho las cosas tal como las habías planeado. Cuando esto pase,
acuérdate de aquella noche , de aquellos músicos y agradece a Dios, porque , de seguro, te está
librando de una gran tormenta.
Así pues, nada ocurre porque sí, A los hijos del Señor
Todo es parte de un plan genial
Cada problema, revés, castigo o dolor
Es un toque del Escultor Celestial
Cual tormentas se abaten, desgracias, asedios
Los amigos se te oponen, te fallan, no están
Por fin solitario, triste y perplejo
Miras y Él sonríe, todo es parte de un plan
Jamás olvides, que pase lo que pase, Jesús estará siempre a tu lado
Y hará que lo que parezca más deprimente o desolador
Obre de algún modo a tu favor
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