DIOCESIS DE PASTO
DOMINGO 16o. – TIEMPO ORDINARIO – CICLO A
ACERCARSE Y
ESCUCHAR LA
PALABRA
DESDE LA
SAGRADA
ESCRITURA,
LA TRADICION
Y EL
MAGISTERIO
DE LA
IGLESIA.
Las riquezas
del
Reino de Dios
TIEMPO ORDINARIO
CICLO A
LAS RIQUEZAS EL REINO DE DIOS
5
Contemplación
Acción
4
Oración
3
Meditación
2
Lectura
1
Prelación
Bienvenidos todos a esta
celebración de la Eucaristía. Es la
acción de gracias al Señor que
ofrecemos la comunidad de
creyentes. Por eso nos sentimos
unidos en la fe, en la esperanza y
en la caridad porque formamos la
«gran familia de Dios».
Dios, nuestro Padre, nos va a decir
hoy que él no quiere que haya
pecado entre nosotros. Quiere el
perdón y la misericordia. Por eso
nos da su Espíritu para ayudarnos
en nuestra debilidad.
Y, aunque existe «cizaña» (mala
hierba) entre nosotros, el Señor
tiene la suficiente paciencia y el
suficiente amor para dar tiempo al
arrepentimiento y hacer de la cizaña
trigo dorado.
DOMINGO 16o. – TIEMPO ORDINARIO – CICLO A
ACERCARSE Y
ESCUCHAR LA
PALABRA
DESDE LA
SAGRADA
ESCRITURA,
LA TRADICION
Y EL
MAGISTERIO
DE LA
IGLESIA.
DOMINGO 16o. – TIEMPO ORDINARIO – CICLO A
ACERCARSE Y
ESCUCHAR LA
PALABRA
DESDE LA
SAGRADA
ESCRITURA,
LA TRADICION
Y EL
MAGISTERIO
DE LA
IGLESIA.
Espíritu Santo, ven.
Necesitamos tu presencia vivificadora
para disponernos
a escuchar la Palabra.
Necesitamos tu asistencia
que nos capacite para acoger esa
Palabra en el corazón.
Espíritu de esperanza,
de fe en las promesas,
de paciencia y de vigilia,
haznos dóciles para hacer lo que nos
pide la Palabra.
DOMINGO 16o. – TIEMPO ORDINARIO – CICLO A
ACERCARSE Y
ESCUCHAR LA
PALABRA
DESDE LA
SAGRADA
ESCRITURA,
LA TRADICION
Y EL
MAGISTERIO
DE LA
IGLESIA.
DOMINGO 16o. – TIEMPO ORDINARIO – CICLO A
PRIMERA LECTURA
ACERCARSE Y
ESCUCHAR LA
PALABRA
DESDE LA
SAGRADA
ESCRITURA,
LA TRADICION
Y EL
MAGISTERIO
DE LA
IGLESIA.
Sb. 12, 13.16-19:
«En el pecado,
das lugar al
arrepentimiento»
En un capítulo dedicado al castigo de
los pueblos se incluye este fragmento
como un canto a la unicidad de Dios, a
su poder, justicia y misericordia. Entre
los hombres, a mayor poder más
injusticia. Los atributos de Dios se
identifican con su divinidad.
Dios está lleno de sabiduría, dice este
texto del sabio. Muestra su sabiduría en
su manera de juzgar a la gente: él los
comprende. Discierne y perdona. Está
lleno de misericordia. Deberíamos juzgar
a la gente como Dios lo hace.
En la primera lectura se nos manifiesta el
modo tan distinto de actuar Dios y los hombres.
Dios es creador de todo y no quiere destruir lo
que ha creado por amor. Ni siquiera quiere
destruir al hombre o al pueblo injusto, malvado,
idólatra.
Dios espera la conversión del pueblo y de los
hombres. Ante la desviación del pueblo hacia la
idolatría, el Señor espera su conversión y
ofrece su perdón misericordioso.
Los hombres ejercen el castigo y la fuerza
ante las desviaciones de la norma o de la ley.
Dios ejercita su poder perdonando y
justificando al que quebranta su norma y lo
reconoce.
De este modo nos da una gran lección: la
dulce esperanza para quien se arrepiente de
su mal proceder. Incluso los que ofrecen
resistencia al poder divino desafiándolo
obstinadamente, quedarán confundidos por
el poder misericordioso de Dios.
La gran diferencia entre Dios y nosotros
reside en que Dios ejercita su poder y su
fuerza para perdonar y salvar, y nosotros
solemos utilizarla para condenar y castigar.
La actuación benevolente de Dios es una
admirable enseñanza que debe ser pauta y
norma de actuación para todo creyente.
Sal. 145(144):
DOMINGO 16o. – TIEMPO ORDINARIO – CICLO A
SALMO RESPONSORIAL
ACERCARSE Y
ESCUCHAR LA
PALABRA
DESDE LA
SAGRADA
ESCRITURA,
LA TRADICION
Y EL
MAGISTERIO
DE LA
IGLESIA.
Sal. 86(85):
«Eres rico
en misericordia con
los que te invocan»
El autor del salmo es un hombre
muy piadoso.
Comienza con una serie de súplicas
confiadas y como sin darse cuenta, se
siente fuertemente atraído por Dios,
como aquel que, bañándose a la orilla
del mar, se sintiera seducido para
bucear aguas más lejanas y profundas.
Allí no toca fondo.
El salmista se siente inundado por
el mar abismal de Dios.
El salmista comienza a olvidarse de
sí mismo y a poner a Dios en el centro
de su corazón. Al final acabará con una
súplica, casi repitiendo las palabras del
comienzo, pero dándoles un nuevo
contenido. Ha sido tocado por la
novedad de Dios.
El salmo es un canto al amor
entrañable de Dios.
Y de ese Dios el salmista se siente
orgulloso.
DOMINGO 16o. – TIEMPO ORDINARIO – CICLO A
SEGUNDA LECTURA
ACERCARSE Y
ESCUCHAR LA
PALABRA
DESDE LA
SAGRADA
ESCRITURA,
LA TRADICION
Y EL
MAGISTERIO
DE LA
IGLESIA.
Ro. 8, 26-27:
«El Espíritu
intercede
con gemidos
inefables»
El Espíritu Santo habita en nosotros, nos
recuerda S. Pablo. Por lo tanto somos
capaces de conversar con Dios y de rezar.
Somos capaces de discernir lo bueno de lo
malo, y de seguir el buen camino del Espíritu.
Jesucristo, por el Espíritu, nos hace vivir
como hijos de Dios y como ni sabemos lo que
nos conviene, el Espíritu intercede por
nosotros.
En la primera lectura se nos mostraba la
gran diferencia existente entre el modo de
proceder de Dios y del hombre. Nosotros
solemos ser intransigentes, precipitados,
difíciles en el comprender y perdonar.
Dios, por el contrario, actúa con
benevolencia, moderación, paciencia en la
esperanza de conversión.
Por eso se impone vivir la nueva vida
ofrecida por Cristo resucitado.
Pero esa aspiración nuestra queda frustrada
por nuestra propia debilidad.
Por ese motivo, el Apóstol San Pablo nos
habla del Espíritu de Dios que se nos ofrece
para
fortalecer
nuestra
debilidad
y
estimularnos a actuar en conformidad con la
voluntad de Dios.
Dios está lleno de sabiduría, dice este texto
del sabio. Muestra su sabiduría en su manera
de juzgar a la gente: él los comprende.
Discierne y
misericordia.
perdona.
Está
lleno
de
Deberíamos juzgar a la gente como Dios lo
hace.
El Espíritu Santo habita en nosotros, nos
recuerda San Pablo. Por lo tanto somos
capaces de conversar con Dios y de rezar.
Somos capaces de discernir lo bueno de lo
malo, y de seguir el buen camino del Espíritu.
DOMINGO 15o. – TIEMPO ORDINARIO – CICLO A
EVANGELIO:
ACERCARSE Y
ESCUCHAR LA
PALABRA
DESDE LA
SAGRADA
ESCRITURA,
LA TRADICION
Y EL
MAGISTERIO
DE LA
IGLESIA.
Mt. 13, 24-43:
«Dejen que
crezcan juntos
[trigo y cizaña]
hasta la
cosecha»
La cizaña
24 Les
contó otra parábola:
– El reino de los cielos es como un hombre
que sembró semilla buena en su campo.
25 Pero, mientras la gente dormía, vino su
enemigo y sembró cizaña en medio del trigo, y
se fue. 26 Cuando el tallo brotó y aparecieron
las espigas, también apareció la cizaña.
27 Fueron entonces los sirvientes y le dijeron al
dueño: Señor, ¿no sembraste semilla buena
en tu campo? ¿De dónde le viene la cizaña?
28 Les
contestó: Un enemigo lo ha hecho. Le
dijeron los sirvientes: ¿Quieres que vayamos
a arrancarla? 29 Les contestó: No; porque, al
arrancarla, van a sacar con ella el trigo.
30 Dejen
que crezcan juntos hasta la cosecha.
Cuando llegue el momento, diré a los
cosechadores: Arranquen primero la cizaña,
y en atados échenla al fuego; luego recojan
el trigo y guárdenlo en mi granero.
La semilla de mostaza
(Marcos 4,30-32; Lucas 13,18s)
31 Les
contó otra parábola:
- El reino de los cielos se parece a una semilla
de mostaza que un hombre toma y siembra en
su campo. 32 Es más pequeña que las demás
semillas; pero, cuando crece es más alta que
otras hortalizas; se hace un árbol, vienen los
pájaros y anidan en sus ramas.
La levadura
(Lucas 13,20s)
33 Les
contó otra parábola:
- El reino de los cielos se parece a la
levadura: una mujer la toma, la mezcla con
tres medidas de harina, hasta que todo
fermenta.
(Mc 4,33s)
34 Todo esto se lo expuso Jesús a la multitud
con parábolas; y sin parábolas no les expuso
nada 35 Así se cumplió lo que anunció el
profeta: Voy a abrir la boca pronunciando
parábolas, profiriendo cosas ocultas desde la
creación [del mundo].
La explicación
de la cizaña
36 Después,
despidiendo a la multitud, entró en
casa. Fueron los discípulos y le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña. 37 Él les
contestó: – El que sembró la semilla buena es
el Hijo del Hombre; 38 el campo es el mundo; la
buena semilla son los ciudadanos del reino; la
cizaña son los súbditos del Maligno; 39 el
enemigo que la siembra es el Diablo; la
cosecha es el fin del mundo; los cosechadores
son los ángeles.
40 Como
se junta la cizaña y se echa al fuego,
así sucederá al fin del mundo: 41 El Hijo del
Hombre enviará a sus ángeles que
recogerán de su reino todos los escándalos
y los malhechores; 42 y los echarán al horno
de fuego. Allí será el llanto y el crujir de
dientes.
43
Entonces, en el reino de su Padre, los
justos brillarán como el sol. El que tenga
oídos que escuche.
DOMINGO 15o. – TIEMPO ORDINARIO – CICLO A
ACERCARSE Y
ESCUCHAR LA
PALABRA
DESDE LA
SAGRADA
ESCRITURA,
LA TRADICION
Y EL
MAGISTERIO
DE LA
IGLESIA.
SERMON PARABOLICO
El pasaje evangélico de este Domingo es
una serie de parábolas sobre el Reino de
Dios. Este Reino, su anuncio y extensión era
la mayor preocupación de Jesús.
Porque el reinado de Dios significa
asentar, en personas, sociedades y culturas
los valores liberadores del Evangelio:
amistad con Dios y reconciliación y
fraternidad entre las gentes.
- La primera parábola -la buena
simiente y la cizaña (versículos 24-30)muestra al Reino como una mezcla de bien
y de mal, gracia y pecado, mientras dura
nuestra condición humana.
- Durante la historia humana nada será
puramente bueno o malo.
- Las liberaciones humanas quedarán
siempre incompletas en la tierra, hasta el
triunfo final del amor y la gracia al fin de los
tiempos.
- Y esta mezcla de bien y mal está
presente en nuestros corazones; nuestro
compromiso cristiano es aumentar la
presencia de la buena semilla del Reino
dentro de nosotros y en todas partes.
- La segunda parábola -el
grano de mostaza (versículos
31-32)- es una complementación. El
Reino ha de crecer, poco a poco, dentro
de nosotros y en las sociedades, y
hacerse un signo visible de salvación para
toda clase de personas.
- La tercera parábola -el Reino como
levadura en la masa (versículo 33)- es
sobre la influencia del Reino en todas las
realidades humanas. Así como la levadura es
una pequeña porción en la masa, del mismo
modo el cristianismo y la Iglesia pueden ser
una minoría, aunque llamada a influir en toda
la condición humana.
DOMINGO 16o. – TIEMPO ORDINARIO – CICLO A
ACERCARSE Y
ESCUCHAR LA
PALABRA
DESDE LA
SAGRADA
ESCRITURA,
LA TRADICION
Y EL
MAGISTERIO
DE LA
IGLESIA.
La naturaleza del Reino es muy
compleja y rica. Comienza ahora; llegará
a su plenitud en la vida futura. De ahí
que Jesús explicara el Reino de
diferentes
maneras,
ejemplos
y
parábolas, como en este Evangelio.
El bien y el mal se encuentran juntos
en el Reino de Dios. Este capítulo del
evangelio según San Mateo nos sigue
ofreciendo parábolas del Reino y
explicación escatológica de una de ellas.
Poder de extensión (mostaza); vigor interno
(levadura) y circunstancias de su desarrollo
(cizaña). La parábola de la cizaña puede
entenderse mejor a la luz de la primera lectura.
La proclamación del Reino que hace Jesús
cae sobre un terreno conflictivo. La semilla del
Reino nace mezclada con otra clase de hierbas
nada buenas. De momento no es fácil
separarlas, discernirlas, pero ya llegará el
momento oportuno para conseguirlo.
Además, la doctrina del Reino es sembrada
como una semilla insignificante y nada
espectacular y gloriosa como esperaba el
pueblo de Israel.
Sin embargo, lleva dentro un poder tan
extraordinario que su desarrollo será
magnífico y hará «fermentar» a toda la
masa.
La eficacia en la proclamación del Reino
no está en arrancar la mala hierba sino en
dejar que la fuerza de la semilla buena
produzca su fruto.
El poder misericordioso de Dios hará,
incluso, que la cizaña se convierta en buen
trigo. Nunca es tarde para la conversión.
Y no tener impaciencia. La semilla se
desarrollará convenientemente y la
levadura (si ha sido introducida en la
masa) le hará fermentar para una vida
nueva.
Para ello, el trabajador, el apóstol, el
cristiano, tiene que sembrar esa semilla,
cuidarla, atenderla con esmero y, su
propia fuerza producirá la cosecha.
Es preciso dejar en manos de Dios el
discernimiento entre trigo y cizaña, pues
nosotros llegaríamos a equivocarnos.
El único juez
es Dios
Según las tres lecturas de hoy, el juicio
definitivo no está en las manos de los
hombres. La justicia es prerrogativa
divina. Sólo puede juzgar a todos, quien
está por encima de todos.
La última palabra está por decirse;
nadie es juez y arbitro del mundo por la
gracia de Dios, ya que nadie es Dios.
Nadie
debe arrancar la cizaña
Nadie tiene derecho a imponer su punto de
vista como exclusivo. La convivencia es
respeto a las convicciones del otro.
La tolerancia tiene sus I imites: el bien común
y la justicia.
No se puede ser tolerante con quien
impide la convivencia, con quien establece
la violencia, con el opresor.
Dios juzga con moderación. Con
frecuencia, con tanta frecuencia como
precipitación, juzgamos a los demás, no
por lo que son, sino por lo que fueron,
colgándoles a la espalda su pasado y sin
permitirles un cambio, una mejoría o ruta
distinta.
Así les colgamos el sambenito «de lo
que sea» y los ejecutamos simbólica y
aun realmente, negándoles en adelante
cualquier oportunidad reivindicarse.
Y eso es malo. Porque poner etiquetas
a la gente no es más que echarles en
cara nuestros prejuicios y denunciar en
los otros lo que nos corroe a nosotros
por dentro.
El intolerante jamás tolera en los
demás lo que él no aguanta, pero no
puede evitar, en sí mismo.
La intolerancia y la represión
son signos de debilidad.
La intolerancia nace de una visión
maniquea del mundo.
La humanidad se divide en buenos
y malos (blancos y negros, hombres
y mujeres, etc.).
Los míos y yo pertenecemos a los
buenos, tú y todos los demás os
contáis entre los malos.
Y así, sin más razón que ese
prejuicio insensato del fanático, no se
escucha a los otros, ni se les mira, ni
se les dirige la palabra.
No vale la pena. La intolerancia es
como una especie de daltonismo
social, que no sabe distinguir los
colores ni sus matices. Todo resulta
blanco o negro.
Y no se cae en la cuenta de que todos
estamos en la zona gris.
Pues, aunque es verdad que hay trigo y
cizaña…,lo
cierto es que ¡nadie es
trigo limpio!
EL Espíritu viene en
ayuda de nuestra
debilidad
El Espíritu actúa en la Iglesia; por eso no
debe ser «autoritaria»; una Iglesia
violenta es insegura de sí misma. No
tenemos toda la verdad, la Iglesia no es
todavía el Reino y por eso tiene que
haber contrastes. Hay que dejar pensar,
para poder vivir...
MEDITEMOS CON SAN
JUAN CRISÓSTOMO,
PADRE DE LA IGLESIA:
«Y así como una chispa que cae sobre la
leña prende en ella y la convierte en
llamas, que a su vez prenden fuego a
otros troncos, exactamente ocurre con la
predicación.
Sin embargo, Jesús no habló de fuego,
sino de levadura. ¿Por qué?
Pues porque en el primer caso no todo
procede del fuego, sino también de la leña
que arde; en cambio, en el segundo
ejemplo la levadura lo hace todo por su
misma virtualidad.
Ahora bien, si doce hombres hicieron
fermentar toda la tierra, piensa cuán
grande no será nuestra maldad, pues
siendo tan numerosos, no conseguimos
convertir a los que todavía quedan, siendo
así que debiéramos estar en situación de
hacer fermentar a mil mundos. Pero ellos me dirás- eran apóstoles.
¿Y eso qué significa? ¿Es que ellos
no participaban de tu misma
condición? ¿No vivían en las
ciudades? ¿Es que disfrutaron de las
mismas cosas que tú? ¿No
ejercieron sus oficios? ¿Eran acaso
ángeles? ¿Acaso bajaron del cielo?
Pero me replicarás: ellos hicieron
milagros.
¿Hasta cuándo echaremos mano del pretexto
de los milagros para encubrir nuestra apatía?
¿Qué milagros hizo Juan que tuvo pendientes
de sí a tantas ciudades? Ninguno, como
atestigua el evangelista: Juan no hizo ningún
milagro.
Y el mismo Cristo, ¿qué es lo que decía al dar
normas a sus discípulos? ¿Haced milagros para
que los hombres los vean? En absoluto.
Entonces, ¿qué es lo que les decía?
Alumbre así vuestra luz a los hombres, para
que vean vuestras buenas obras y den gloria a
vuestra Padre que está en el cielo.
¿Ves cómo es necesario en todas
partes que la vida sea buena y esté
llena de buenas obras? Pues por sus
frutos -dice- los conoceréis».
(SAN JUAN CRISÓSTOMO: Homilía 46 sobre
el evangelio de san Mateo (2-3: PG 58, 478480)
DOMINGO 15o. – TIEMPO ORDINARIO – CICLO A
ACERCARSE Y
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PALABRA
DESDE LA
SAGRADA
ESCRITURA,
LA TRADICION
Y EL
MAGISTERIO
DE LA
IGLESIA.
Concede, Padre de bondad,
que la Iglesia se esfuerce en hacer
realidad palpable su tarea
de ser signo de salvación
y no de juicio y condenación,
Que todos los cristianos,
en su juzgar, en su hablar
y en su actuar
con los hombres de hoy,
reflejen la paciencia
y la misericordia de Dios
y no sean intolerantes ni impacientes.
Que los que sufren sin esperanza,
los que buscan sin tener fe,
los que aman a Dios sin saberlo,
no cesen en sus tareas
de hacer el bien
y Dios se haga
el encontradizo con ellos.
Que todos nosotros no resultemos
«cizaña» para los demás
y seamos respetuosos
con quienes consideramos cizaña
en nuestra comunidad.
Y que entendamos
que Tú, Padre,
tienes paciencia con nosotros
y te adaptas a nuestro ritmo:
comienzas tu obra salvadora
paso a paso,
y de lo pequeño e insignificante,
como la semilla de mostaza,
sacas lo grande e infinito.
Amén.
DOMINGO 15o. – TIEMPO ORDINARIO – CICLO A
ACERCARSE Y
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PALABRA
DESDE LA
SAGRADA
ESCRITURA,
LA
TRADICION
Y EL
MAGISTERIO
DE LA
IGLESIA.
La intolerancia, en el mundo y entre
nosotros, crece y se exaspera. Primero fue la
condena a muerte contra el escondido autor
de «Versos satánicos».
Luego los problemas étnicos en algunas
repúblicas soviéticas o yugoslavas.
Ahora se habla del resurgir de grupos
reaccionarios, del recrudecimiento racista en
EE.UU., de brotes de xenofobia contra
colectivos inmigrantes, de profanación de
tumbas judías, de intentos de linchamiento
contra tal o cual inculpado -¡presuntamente
inculpado!-.
Entre nosotros, cualquier roce se resuelve
con las armas. La inseguridad en nuestra
ciudad y en el País es una de las
consecuencias de la intolerancia. Dizque
como «servicio a la sociedad» promovemos
la «limpieza social», que no es más que una
irracional expresión de intolerancia.
Y eso no son más que las puntas
emergentes de los grandes icebergs que
flotan en las aparentemente tranquilas aguas
de nuestro mundo plural. «Plural», sí; no
«pluralista», que todavía falta mucho para
aprender un respeto a los que son distintos a
nosotros..
Debemos contemplar esta Palabra
educadora de la Fe para aprender a
convivir y a crecer como personas en el
diálogo sincero, sencillo y fraterno, por
encima de las diferencias que nos
separan para buscar, juntos, lo
fundamental que nos une: somos seres
humanos, hijos de Dios, llamados a la
plenitud en El.
Nada más útil para aprender la
intolerancia y mejorar su práctica que
darse una vuelta por el propio campo
para ver cómo crecen juntos trigo y
cizaña.
Porque es ahí, en la conciencia de
nuestros propios yerros, donde podemos
empezar a comprender los yerros de los
otros.
Y comprender, o tratar de hacerlo, ya es
una manera de prepararse para ser
tolerantes.
Formamos un Cuerpo los que comemos un
mismo pan, uno y otro se hacen de muchos y
variados.
En la Eucaristía ninguno de nosotros es
anfitrión: ¡todos somos in vitados! y en esas
Mesa no hay puestos de honor para clasificar
a las personas, pues
¡el solo hecho de
ser invitado
es el máximo honor!
Algunas preguntas para meditar
duran te la semana
1. ¿Tengo ideas simplistas, en «blanco y
negro», sin matices, sobre personas y
situaciones?
2. ¿En qué se fundamenta la tolerancia
cristiana?
3. Intolerancias que detectamos en
nosotros y en los demás.
P. Carlos Pabón Cárdenas, Eudista.
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