Les decía Jesús
una parábola
para inculcarles
que era preciso orar
siempre sin desfallecer.
“Había en aquella ciudad
una viuda que,
acudiendo Jesús,
le dijo:
“Hemos orado unos días y hemos
dejado de hacer oración otros muchos;
 Cuando nos movió el fervor
fuimos asiduos en la oración;
 Cuando nos faltaron los consuelos la dejamos;
 Cuando nos era más necesaria desfallecimos”.
( San Pedro Poveda)
San Lucas nos recuerda tres parábolas sobre la oración:
La del amigo importuno.
La de la viuda importuna.
La del fariseo y el publicano.
Hay un juez que no teme a Dios ni le importan los hombres.
Y una viuda que acude a constantemente a él
rogándole que le haga justicia.
Representa
la prepotencia egoísta
que ignora
a los débiles
y la humildad
y pobreza
de los marginados
que no logran
hacerse oír
en la sociedad.
Si el juez termina por atender a la viuda,
¿No hará Dios justicia a sus elegidos que le gritan
día y noche?
La parábola es una lección
sobre el Dios que escucha
y sobre el creyente que lo invoca.
Ora quien agradece
y reconoce la misericordia
de Dios.
Orar es un signo de
nuestra confianza
en el Dios que nos ama.
A pesar de las noches
del sentido y del espíritu,
el creyente confía y ora
al Dios del amor.
La oración da sentido
a la vida del creyente.
Mediante ella:
 Reconoce el amor de
Dios a sus hijos,
 Se alimenta el amor
que éstos le tienen,
 Se manifiesta
la preocupación por
la suerte de sus hermanos.
Señor Jesús,
que tu espíritu suscite
y aliente nuestra
fidelidad en la oración
para que vivamos
en la fe, la esperanza
y la caridad
que de Dios vienen
y a Dios nos orientan.
Amén.
José Román Flecha Andrés
Palabra del Señor, Salamanca , Editorial.Secretariado Trinitario,2007
Presentación:
Antonia Castro Panero
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