DOMINGO 14º
DEL
TIEMPO ORDINARIO
“Sí, Padre,
así te
ha parecido
mejor”.
El mundo de hoy
muestra
la grandeza de
los poderosos.
Dios muestra
la grandeza
de los humildes.
Las Lecturas Bíblicas confirman esa verdad.
La 1ª Lectura describe el regreso victorioso
del Rey a Jerusalén.
El pueblo aguardaba una entrada triunfal del rey
y el profeta Zacarías anuncia una entrada
humilde y pacífica.
En la 2ª lectura,
San Pablo
enseña
que la vida
"según la carne"
genera muerte;
y que la vida
"según el Espíritu"
genera vida.
El Evangelio
narra
el retorno de
los Apóstoles
de la 1ª Misión
Apostólica.
- Ellos vuelven cansados, pero alegres,
por haber expulsado algunos demonios.
- Jesús los escucha con atención e interés:
muchos han acogido su mensaje, otros no.
- Jesús
alaba al Padre,
porque
la propuesta
de salvación
ha encontrado
acogida
en el corazón
de los humildes.
En aquel tiempo, exclamó Jesús:
Te doy gracias,
Padre,
Señor de cielo y tierra,
porque has escondido
estas cosas
a los sabios y
entendidos y
las has revelado
a la gente sencilla.
Sí, Padre,
así te ha parecido
mejor.
Todo me lo ha entregado mi Padre, y
nadie conoce al Hijo más el Padre, y
nadie conoce al Padre sino el Hijo, y
aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados
y agobiados y yo os aliviaré.
Cargad
con mi yugo
y aprended de mí,
que soy manso
y humilde
de corazón,
y encontraréis
vuestro descanso.
Porque mi yugo es llevadero
y mi carga ligera.
Salmo
144
Bendeciré tu nombre por siempre,
Dios mío, mi rey.
Te ensalzaré, Dios mío,mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
Bendeciré tu nombre por siempre,
Dios mío, mi rey.
El Señor es clemente
y misericordioso,
lento a la cólera
y rico en piedad;
el Señor es bueno
con todos,
es cariñoso con todas
sus criaturas.
Bendeciré tu nombre por siempre,
Dios mío, mi rey.
Que todas tus criaturas
te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas.
Bendeciré tu nombre por siempre,
Dios mío, mi rey.
El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.
Bendeciré tu nombre por siempre,
Dios mío, mi rey.
Bendito seas,
Padre,
Señor del cielo y tierra,
porque has revelado
los secretos del reino
a la gente sencilla.
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