La Cueva penitencial de
Santo Domingo de Guzmán
en Segovia
JCA Agosto 2013
Bajada hacia la
cueva desde el
número 12 de la
Calle Cardenal
Zúñiga
A finales de 1218, llega Santo
Domingo a Segovia, permaneciendo
en la localidad hasta febrero de
1219. Aunque inicialmente se alojó
también en una vivienda particular,
en seguida se traslada hasta la que
hoy conocemos como la Cueva de
Santo Domingo, donde durante las
frías noches de invierno castellanas
se dedicó a la oración y a la
penitencia.
Si las noches para Santo Domingo eran de
rezos y sufrimiento, los días lo eran de
predicación, logrando la conversión de
muchos segovianos, sobre todo tras
producirse el famoso “Milagro de la
Lluvia”. Y es que su estancia en Segovia
coincidió con una época de sequía que
tenía desanimados a los agricultores.
Ante esta situación, Santo Domingo elevó
una oración a Dios implorando por la
llegada de la lluvia, algo que, al suceder
rápidamente, hizo que los segovianos lo
consideraran un santo y protector suyo,
por lo que colaboraron activamente en la
construcción del primer convento,
fundado en España, de la Orden de los
Frailes Predicadores.
El monasterio original se
construyó a los pies de
la Santa Cueva y cuando
los Reyes Católicos
ofrecieron a los
dominicos construirle
otro mayor en el centro
de la ciudad, éstos
declinaron la oferta,
solicitando que se
hiciera sobre el que ya
tenían.
Así, se construyó el
magnífico Convento de
Santa Cruz la Real, que
acoge en la actualidad el
Instituto de Empresa de
la Universidad SEK de
Segovia.
Los Reyes Católicos,
como señal de respeto,
construyeron la Capilla
de los Reyes Católicos,
adosada a la Cueva.
Durante unas excavaciones
arqueológicas sucedidas en 1909,
aparecieron los restos del primer
monasterio, de estilo románico,
fabricado en la misma época, o algo
posterior, a la estancia de Santo
Domingo en Segovia. En esta
construcción, se había utilizado la
Santa Cueva como cripta y relicario
de la sangre de Santo Domingo.
Durante mucho tiempo, la Cueva fue
un lugar de peregrinaje y aunque la
desamortización del siglo XIX
significó un duro golpe tanto para el
monasterio como para la Cueva, los
dominicos han logrado continuar con
la titularidad y el cuidado de la
misma.
Para acceder al conjunto en el que
se encuentra la Cueva,
atravesaremos primero la puerta
situada en el número 12 de la Calle
Cardenal Zúñiga, de la que parte un
camino empedrado que nos lleva
hasta una escalera de granito, al
final de la cual está la Puerta que
vemos en la fotografía. Esta pequeña
entrada, construida en piedra, se
encuentra rematada con el escudo
de los Reyes Católicos.
Traspasamos la Puerta y nos da la bienvenida un recoleto Jardín. Este espacio, de planta
cuadrada, se ubica entre uno de los muros del antiguo Convento de Santa Cruz que linda
con la Cueva, otra pared revestida de un profuso follaje y un muro con un banco de piedra
en el que un mirador nos deja unas hermosas vistas sobre el río Eresma. Cuatro cuartos de
césped y árboles en las esquinas forman un cuadrado en el que sendos caminos llevan
hasta una cruz de granito situada en el centro y en la que figuran, en los cuatro laterales
de su pedestal, el escudo de la Orden Dominica.
Al otro lado del Jardín, veremos la Portada del Santuario, protegida por un tejado de
madera. Esta bellísima entrada merece toda nuestra atención antes de entrar en el
templo. El pórtico, de estilo gótico isabelino, cuenta, en su parte superior y enmarcado en
un arco conopial, con un medio relieve en cuyo centro está representado Santo Domingo
de Guzmán con una cruz cogida con la mano izquierda, mientras que pisa a dos raposas
(iconografía de la herejía).
Éstas están sujetas por dos perros, símbolo de fidelidad de los guardianes de la Iglesia y el
Evangelio. Sus collares llevan escrita la palabra “Inquisitio” y bajo las raposas se puede
leer la inscripción “Haeretica Pravitas”. A ambos lados, se encuentran sendos escudos
coronados de los Reyes Católicos, en los que están representadas las iniciales de los
monarcas Isabel y Fernando. Un brazo sale de cada escudo y sujetan la cruz que porta
Santo Domingo, símbolo del apoyo de los reyes a la religión católica y, más concretamente,
a la Orden Dominica, la cual se funda para luchar contra la herejía.
Además, bajo cada escudo están también presentes los objetos que representan a los
Reyes Católicos: por un lado, el yugo y la coyunda, y por otro, las flechas atadas con una
soga. El conjunto escultórico está rodeado por una inscripción de letras góticas que hace
referencia a la Inquisición. Atravesamos la puerta y estaremos en la Capilla de los Reyes
Católicos, dependencia que antecede a la Cueva en sí. Construida en piedra, su planta es
rectangular, con unas medidas de 9,58 metros por 7,60 metros.
Se encuentra cubierta por una bóveda en forma de estrella en estilo ojival, de cuyo
centro cuelga una gran lámpara de hierro forjado que da luz a la pequeña estancia.
En cada una de las cuatro esquinas, hay a su vez unas pequeñas bóvedas, mientras que los
nervios están sostenidos por ménsulas en las que están representados, de manera alterna,
escudos de los Reyes Católicos, ángeles que sujetan los símbolos de los monarcas del
yugo y las flechas, y escudos de los dominicos. Esto refleja, una vez más, el apoyo de los
monarcas a dicha orden religiosa.
Presidiendo la capilla hay un retablo
barroco realizado en madera
policromada que acoge en su centro
un Calvario del siglo XVI y de autor
desconocido hasta la fecha.
Años atrás, éste se encontraba
situado frente a la entrada a la
capilla, pudiéndose acceder a la
Cueva por dos puertas que había a
ambos lados de él.
Cuando se cambió a su ubicación
actual, dejó a la vista la portada del
siglo XVII que podemos ver hoy día.
De claro estilo clasicista y rematada
por un frontón1triangular partido, su
realización está atribuida a Pedro de
Brizuela, quien por entonces llevó a
cabo algunas obras en el convento.
A la izquierda del retablo, podemos
ver, también un arco tapiado. Data del
siglo XV y se trataba de la puerta por
la que se accedía a la escalera que
unía la capilla con el Convento de
Santa Cruz la Real. Esta escalera era
iluminada por un vano que hoy se
encuentra tras el retablo
Atravesamos la puerta clasicista y estaremos en la Cueva de Santo
Domingo, una capilla interior de planta rectangular de 9,80 por 4,20
metros.
Con una altura menor que la Capilla de
los Reyes Católicos, la Cueva está
cubierta por una bóveda de medio
cañón recubierta con una armadura de
madera dorada y policromada de estilo
churrigueresco.
Originariamente, las paredes estaban
revestidas, hasta una altura de poco
más de un metro, con azulejos de
Talavera de la Reina (Toledo), los
cuales desaparecieron tras una
reforma llevada a cabo a comienzos de
la década de los 80 del pasado siglo
XX.
El altar es del mismo estilo que la
mencionada armadura y cuenta con
una hornacina que representa una
gruta en la que aparece Santo
Domingo de Guzmán frente a Cristo
crucificado.
Tras la hornacina, hay una puerta por
la que se accede a un gran espacio
rectangular que alberga algunos de los
restos del antiguo edificio románico
aparecidos a principios del siglo XX.
Próxima al altar, en el muro de la derecha,
se abre otra hornacina que acoge la figura
de Santo Domingo vestido con el hábito de
fraile dominico; la talla, de origen
desconocido, ha sido atribuida al escultor
Sebastián de Almonacid, por lo que, de ser
así, estaríamos hablando de una escultura
de entre la segunda mitad del siglo XV y
comienzos del XVI. Sobre ella, Santa
Teresa de Jesús, en su visita al convento,
advirtió a los padres dominicos que la
cuidaran, pues, según ella, era muy
parecida a la verdadera imagen del santo.
Además, aquí se han conservado algunos
azulejos como los que revestían el resto de
la capilla.
La importancia de este lugar radica en que,
siguiendo las indicaciones de los
historiadores, la verdadera Cueva de Santo
Domingo se encontraría tras esta
hornacina, estando la entrada cerrada por
un sólido muro.
Regresamos a la Capilla de los Reyes
Católicos y, en el muro opuesto al del
retablo, se abre una puerta que da acceso
a la Sacristía. Se trata de una habitación
que cuenta con las mismas dimensiones
que la Cueva (9,80 por 4,20 metros) y que,
en ocasiones, sirve como sala para
reuniones.
Las paredes se recubren hasta media altura con un zócalo de azulejos. En el extremo
derecho, según entramos, hay un antiguo mueble de madera sobre el que se dispone una
talla de la Virgen con el Niño y un cuadro con la imagen de Santo Domingo, mientras que
en la pared izquierda, hay una pila de piedra; el centro está ocupado por una gran mesa
rodeada de sillas.
Y terminamos aquí la
visita a la Cueva de
Santo Domingo, un
lugar en el que, sobre
todo, se respira
tranquilidad, por lo
que merece la pena
dedicar aún unos
minutos antes de
irnos a disfrutar del
remanso de paz que
es el Jardín y de las
vistas que nos ofrece.
JCA Agosto 2013
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