22Porque
los judíos piden señales, y los
griegos buscan sabiduría; 23pero nosotros
predicamos a Cristo crucificado, para los
judíos ciertamente tropezadero, y para los
gentiles locura; 24mas para los llamados, así
judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y
sabiduría de Dios. 25Porque lo insensato de
Dios es más sabio que los hombres, y lo débil
de Dios es más fuerte que los hombres.
9Antes
bien, como está escrito: Cosas que ojo
no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón
de hombre, Son las que Dios ha preparado
para los que le aman. 10Pero Dios nos las
reveló a nosotros por el Espíritu; porque el
Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de
Dios. 11Porque ¿quién de los hombres sabe
las cosas del hombre, sino el espíritu del
hombre que está en él? Así tampoco nadie
conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de
Dios.
12Y
nosotros no hemos recibido el espíritu del
mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios,
para que sepamos lo que Dios nos ha
concedido, 13lo cual también hablamos, no con
palabras enseñadas por sabiduría humana,
sino con las que enseña el Espíritu,
acomodando lo espiritual a lo espiritual. 14Pero
el hombre natural no percibe las cosas que
son del Espíritu de Dios, porque para él son
locura, y no las puede entender, porque se
han de discernir espiritualmente.
15En
cambio el espiritual juzga todas las
cosas; pero él no es juzgado de nadie.
16Porque ¿quién conoció la mente del Señor?
¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la
mente de Cristo.
8Y
Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al
oriente; y puso allí al hombre que había
formado. 9Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra
todo árbol delicioso a la vista, y bueno para
comer; también el árbol de vida en medio del
huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del
mal ……… 16Y mandó Jehová Dios al hombre,
diciendo: De todo árbol del huerto podrás
comer; 17mas del árbol de la ciencia del bien y
del mal no comerás; porque el día que de él
comieres, ciertamente morirás.
9Por
lo cual también nosotros, desde el día
que lo oímos, no cesamos de orar por
vosotros, y de pedir que seáis llenos del
conocimiento de su voluntad en toda
sabiduría e inteligencia espiritual, 10para que
andéis como es digno del Señor, agradándole
en todo, llevando fruto en toda buena obra, y
creciendo en el conocimiento de Dios;
14Porque
todos los que son guiados por el
Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.
15Pues no habéis recibido el espíritu de
esclavitud para estar otra vez en temor, sino
que habéis recibido el espíritu de adopción, por
el cual clamamos: ¡Abba, Padre! 16El Espíritu
mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que
somos hijos de Dios. 17Y si hijos, también
herederos; herederos de Dios y coherederos
con Cristo, si es que padecemos juntamente
con él, para que juntamente con él seamos
glorificados.
22Vosotros
adoráis lo que no sabéis; nosotros
adoramos lo que sabemos; porque la
salvación viene de los judíos. 23Mas la hora
viene, y ahora es, cuando los verdaderos
adoradores adorarán al Padre en espíritu y en
verdad; porque también el Padre tales
adoradores busca que le adoren. 24Dios es
Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en
verdad es necesario que adoren.
1Desechando,
pues, toda malicia, todo engaño,
hipocresía, envidias, y todas las detracciones,
2desead, como niños recién nacidos, la leche
espiritual no adulterada, para que por ella
crezcáis para salvación, 3si es que habéis
gustado la benignidad del Señor. 4Acercándoos
a él, piedra viva, desechada ciertamente por los
hombres, mas para Dios escogida y preciosa,
5vosotros también, como piedras vivas, sed
edificados como casa espiritual y sacerdocio
santo, para ofrecer sacrificios espirituales
aceptables a Dios por medio de Jesucristo.
13Por
lo cual, el que habla en lengua extraña,
pida en oración poder interpretarla. 14Porque
si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu
ora, pero mi entendimiento queda sin fruto.
15¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero
oraré también con el entendimiento; cantaré
con el espíritu, pero cantaré también con el
entendimiento.
11Si
nosotros sembramos entre vosotros lo
espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de
vosotros lo material? 12Si otros participan de
este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más
nosotros? Pero no hemos usado de este
derecho, sino que lo soportamos todo, por no
poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo.
13¿No sabéis que los que trabajan en las cosas
sagradas, comen del templo, y que los que
sirven al altar, del altar participan? 14Así
también ordenó el Señor a los que anuncian el
evangelio, que vivan del evangelio.
14Pero
el hombre natural no percibe las cosas
que son del Espíritu de Dios, porque para él
son locura, y no las puede entender, porque
se han de discernir espiritualmente.
46Mas
lo espiritual no es primero, sino lo
animal; luego lo espiritual. 47El primer hombre
es de la tierra, terrenal; el segundo hombre,
que es el Señor, es del cielo. 48Cual el
terrenal, tales también los terrenales; y cual el
celestial, tales también los celestiales. 49Y así
como hemos traído la imagen del terrenal,
traeremos también la imagen del celestial.
18Porque
por ahí andan muchos, de los cuales
os dije muchas veces, y aun ahora lo digo
llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo;
19el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es
el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que
sólo piensan en lo terrenal. 20Mas nuestra
ciudadanía está en los cielos, de donde también
esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; 21el
cual transformará el cuerpo de la humillación
nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la
gloria suya, por el poder con el cual puede
también sujetar a sí mismo todas las cosas.
1Estando
ya a salvo, supimos que la isla se
llamaba Malta. 2Y los naturales nos trataron
con no poca humanidad; porque encendiendo
un fuego, nos recibieron a todos, a causa de
la lluvia que caía, y del frío. 3Entonces,
habiendo recogido Pablo algunas ramas
secas, las echó al fuego; y una víbora,
huyendo del calor, se le prendió en la mano.
4Cuando
los naturales vieron la víbora
colgando de su mano, se decían unos a otros:
Ciertamente este hombre es homicida, a
quien, escapado del mar, la justicia no deja
vivir. 5Pero él, sacudiendo la víbora en el
fuego, ningún daño padeció. 6Ellos estaban
esperando que él se hinchase, o cayese
muerto de repente; mas habiendo esperado
mucho, y viendo que ningún mal le venía,
cambiaron de parecer y dijeron que era un
dios.
18Porque
la palabra de la cruz es locura a los
que se pierden; pero a los que se salvan, esto
es, a nosotros, es poder de Dios. 19Pues está
escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, Y
desecharé
el
entendimiento
de
los
entendidos.
1De
manera que yo, hermanos, no pude hablaros
como a espirituales, sino como a carnales, como a
niños en Cristo. 2Os di a beber leche, y no vianda;
porque aún no erais capaces, ni sois capaces
todavía, 3porque aún sois carnales; pues habiendo
entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no
sois carnales, y andáis como hombres? 4Porque
diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el
otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales? 5¿Qué,
pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por
medio de los cuales habéis creído; y eso según lo
que a cada uno concedió el Señor. 6Yo planté,
Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.
14Porque
sabemos que la ley es espiritual; mas yo
soy carnal, vendido al pecado. 15Porque lo que
hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero,
sino lo que aborrezco, eso hago. 16Y si lo que no
quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.
17De manera que ya no soy yo quien hace aquello,
sino el pecado que mora en mí. 18Y yo sé que en mí,
esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el
querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.
19Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que
no quiero, eso hago. 20Y si hago lo que no quiero, ya
no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.
17Pero
vosotros, amados, tened memoria de
las palabras que antes fueron dichas por los
apóstoles de nuestro Señor Jesucristo; 18los
que os decían: En el postrer tiempo habrá
burladores, que andarán según sus malvados
deseos. 19Estos son los que causan
divisiones; los sensuales, que no tienen al
20Pero
Espíritu.
vosotros,
amados,
edificándoos sobre vuestra santísima fe,
orando en el Espíritu Santo, 21conservaos en
el amor de Dios, esperando la misericordia de
nuestro Señor Jesucristo para vida eterna.
18Nadie
os prive de vuestro premio, afectando
humildad
y
culto
a
los
ángeles,
entremetiéndose en lo que no ha visto,
vanamente hinchado por su propia mente
carnal, 19y no asiéndose de la Cabeza, en
virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y
uniéndose por las coyunturas y ligamentos,
crece con el crecimiento que da Dios
11Amados,
yo os ruego como a extranjeros y
peregrinos, que os abstengáis de los deseos
carnales que batallan contra el alma,
12manteniendo buena vuestra manera de vivir
entre los gentiles; para que en lo que
murmuran de vosotros como de malhechores,
glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al
considerar vuestras buenas obras.
5Haced
morir, pues, lo terrenal en vosotros:
fornicación, impureza, pasiones desordenadas,
malos deseos y avaricia, que es idolatría;
6cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre
los hijos de desobediencia, 7en las cuales
vosotros también anduvisteis en otro tiempo
cuando vivíais en ellas. 8Pero ahora dejad
también vosotros todas estas cosas: ira, enojo,
malicia, blasfemia, palabras deshonestas de
vuestra boca. 9No mintáis los unos a los otros,
habiéndoos despojado del viejo hombre con sus
hechos,
10y
revestido del nuevo, el cual conforme a la
imagen del que lo creó se va renovando hasta
el conocimiento pleno, 11donde no hay griego ni
judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni
escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo,
y en todos. 12Vestíos, pues, como escogidos de
Dios, santos y amados, de entrañable
misericordia, de benignidad, de humildad, de
mansedumbre, de paciencia;
13soportándoos
unos a otros, y perdonándoos
unos a otros si alguno tuviere queja contra
otro. De la manera que Cristo os perdonó, así
también hacedlo vosotros. 14Y sobre todas
estas cosas vestíos de amor, que es el
vínculo perfecto. 15Y la paz de Dios gobierne
en vuestros corazones, a la que asimismo
fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed
agradecidos.
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