DE ÉSTE SACARÁ SU ESPIRITUALIDAD DEL
SEGUIMIENTO DE CRISTO Y DE LA DEVOCIÓN DE
MARÍA Y DESDE AHÍ CONSTRUIRÁ SU TEOLOGÍA Y
SU CRISTOLOGÍA.
TODO EN LUISA ESTÁ MARCADO POR EL
QUERER DE DIOS.
LA VOLUNTAD DIVINA HIZO UN PLAN EN LA
ETERNIDAD SOBRE LA CREACIÓN QUE SE
EJECUTA EN EL TIEMPO A TRAVÉS DE SU
PROVIDENCIA
“Por fin ha llegado el tiempo que la
divina Providencia ha escogido para
la marcha de nuestras queridas
Hermanas, a las cuales dejamos
partir con dolor al separarnos de
ellas, y con alegría por la seguridad
que tenemos de que van a hacer la
voluntad de Dios, y a unirse con
ustedes para el cumplimiento de
sus santos designios en el reino de
Polonia”. (C. 500).
LUISA había elaborado una ideología
sobre la voluntad de Dios… pero
quien dio vida al pensamiento fue
Vicente de Paúl.
En los primeros años de dirección fue
insistente en este aspecto:
“Sea, pues, su hija querida, muy humilde, muy
sumisa y muy llena de confianza, yespere siempre
con paciencia la manifestación de su santa y
adorable voluntad”. (C. 12, Tomo II)
“LA VOLUNTAD DE DIOS ES
LA PIEDRA FILOSOFAL DE LA
ESPIRITUALIDAD” (C. 430)
Y prefería que desapareciera
la Compañía antes que dejar
de cumplirla…
La voluntad divina se convirtió en el todo de su
existencia, y nada deseó tanto como cumplirla.
Para Luisa de Marillac la Providencia
interviene en todo, en lo material y en lo
espiritual, en la naturaleza y en el hombre,
hasta en los más pequeños detalles.
La Providencia es:
-La que destina,
- la que nombra a la Hermana Sirviente,
- la que da socorro a los pobres,
- la que lleva a la santidad y produce la
unión en la Comunidad
- la que ha fundado a la Compañía, la
guía…
LA
PROVIDENCIA,
decía, es “la
sola garantía de
las Hijas de la
Caridad”. (C.
218).
Como toda persona mística, hace vida la frase de San Juan:
Pero ella le da otro giro:
“¡Vivir cuanto te plazca, Señor, pero de tu vida que es
toda amor! (E. 98, No. 7)
En los años finales de su vida, el amor se convirtió en el
motivo más atrayente del abandono, un amor que no
esperaba recompensa.
Siempre se sintió embelesada por el amor más
puro que puede existir en la creación. Es el amor
divino en los hombres.
Escribe sobre el “puro amor” para
dejárselo a sus Hijas, llamadas por
Dios a la perfección:
¡Animo, pues, mis queridas Hermanas! Háganlo
con un gran corazón, lleno del puro amor de Dios
que nos lleve siempre a amar las rosa en medio
de las espinas.” (C 33)
El “puro amor”, para Santa Luisa,
consiste en un desprendimiento
de todas las criaturas. Es la
espiritualidad del final de sus
años, cuando el CRISTO de San
Vicente la posee por completo, el
CRISTO JESÚS – HOMBRE.
De la mano de San Vicente descubre que el seguimiento de
Cristo es la única respuesta válida al interrogante de los
desheredados. Pero seguir a Cristo es:
 Comunión con su vida comprometida con los pobres.
 Continuación de su misión de salvación y liberación de
los pobres.
 Participación en su destino sacrificado hasta morir por
los pobres.
“LA HIJA DE LA CARIDAD DEBE VIVIR TENIENDO
DELANTE DE LOS OJOS NUESTRO MODELO, QUE
ES LA VIDA EJEMPLAR DE JESUCRISTO”. (C. 267)
Para Santa Luisa, imitar a Cristo es asumir su
vida, de tal manera que, nuestra vida sea una
continuación de la suya:
“Qué razonable sería
que aquellos a los que
Dios llama al
seguimiento de su Hijo
intentaran hacerse
perfectos como Él,
procurando que su vida
sea continuación de la
suya”. (C. 383)
La ama, acude a ella con filial
confianza, admira su total
disponibilidad… Se da a ella…
“SOY TODA VUESTRA, VIRGEN
SANTA, PARA SER MÁS
PERFECTAMENTE DE DIOS…”
(E. 5, No. 15)
Vive con conciencia muy clara de
su pertenencia a la Iglesia. Para
ella cada Hija de la caridad es
doblemente hija de la Iglesia.
“Tenemos doblemente la dicha
de ser hijas de la Iglesia y,
siendo esto así, ¿no tendremos
también un doble deber de
vivir y obrar como hijas de tal
madre? (C. 197)
• Existe un movimiento espiritual
antijerárquico. Iglesia secularizada,
convertida en un poder más de este mundo.
• La Reforma protestante agudiza más esta
problemática. El protestantismo negaba toda
mediación eclesiástica.
• El Concilio de Trento (1545-1563), se plantea
como la respuesta de la Iglesia Católica a la
Reforma protestante.
• El Concilio de Trento marca una serie de
reformas al interior de la Iglesia.
• Eclesiología estática y en actitud de defensa.
• Se restringió el uso de la Biblia
• La falta de una doctrina sobre la Iglesia orgánica y
completa en los decretos dogmáticos, influyó en la
orientación individualista de la piedad sacramental.
• Insistió en las estructuras jerárquicas de la iglesia, lo
que ocasionó separación entre los fieles y la jerarquía.
• La Eclesiología pos-tridentina estuvo penetrada por una
actitud de indiferencia y en ocasiones de hostilidad
hacia el mundo.
Acerquémonos a Santa Luisa, a sus escritos, para
percibir, con respecto a la iglesia, lo que surge “de ella
misma”, de su experiencia…
Para referirse a la Iglesia cuyo sentido de pertenencia vive
intensamente, utiliza diversos títulos o imágenes:
Santa Luisa establece una relación muy estrecha entre
la Cruz de Jesucristo y los miembros de la Iglesia.
“…Tú que conoces la grandeza de los
misterios que Jesús nos ha dejado
para santificar las almas nacidas de
su sangre en la Iglesia, su esposa.”
Destaca la privilegiada condición de
los pobres en la Iglesia:
• Los miembros de Jesús. (C. 3)
• Almas rescatadas con la sangre del
Hijo de Dios. (c. 48)
• Nuestros queridos amos, los
miembros de Jesucristo. (C. 115)
• En su persona servimos a Nuestro
Señor. (C. 316)
Concede una gran importancia al Bautismo en la
vida de la Iglesia.
“…E s el Sacramento que nos hace hijos de Dios
y de la Iglesia, y borra el pecado original; y sin
el Bautismo, jamás entraremos en el cielo”.
(E. 29, No. 105)
“De la infancia de Jesús
alcanzarán cuanto necesiten para
llegar a ser verdaderas cristianas
y perfectas Hijas de la Caridad, si
le piden su espíritu tal como se lo
dio ya en el Bautismo”. (C. 712)
Sobre la Comunión escribe muy
valiosas reflexiones:
“La Sagrada Comunión del Cuerpo de Jesucristo nos hace
participar realmente en el gozo de la comunión de los
santos del cielo”. (E. 21, No. 61)
En el Santísimo Sacramento del Altar están
presentes las tres Personas de la Santísima
Trinidad. (E. 29, No. 103).
Las gracias o experiencias místicas que
recibe Santa Luisa, tienen lugar siempre en
el contexto de la Eucaristía: “oyendo
Misa…” “al comulgar…” “después de la
comunión…” (E. 13, No. 38)
Cuando va de viaje o cuando da instrucciones a
las Hermanas que van de viaje, una visita es
obligada a cada uno de los lugares en que se
detienen:
• A Cristo presente el Santísimo Sacramento del Altar.
• A los pobres del hospital o de las casas. (C. 171; E. 75,
Nos. 214-215)
¿No es admirable esta unión
entre la Eucaristía, sacramento
central de la vida de la Iglesia, y
el pobre, miembro privilegiado
de la Iglesia y sacramento de
Cristo?
Santa Luisa aún antes de conocer a San Vicente, había
emprendido su misión eclesial:
“Tenía gran piedad y devoción en servir a los pobres.
Les llevaba dulces… los peinaba, les limpiaba…”
En sus visitas y animación a las Cofradías
de la Caridad, promueve la participación de
la mujer en la Iglesia de su tiempo
“No le bastaba el servicio personal a los
miembros doloridos de Jesucristo. Quiere
que otras señoras compartan ese honor y
las persuade y urge con su ejemplo”.
(Gobillón, pp 11)
Las Damas da la Caridad se vieron animadas por
su ejemplo y su palabra:
“Es de todo evidente que, es este siglo, la Divina
Providencia ha querido servirse del sexo femenino para
hacer patente que era ella sola quien quería socorrer a
los pueblos afligidos y otorgarles una poderosa ayuda
para su salvación…” (E. 71, Nos. 207-209)
Para fomentar la participación de la mujer en la vida y
misión de la Iglesia, Santa Luisa actuó también como
directora de Ejercicios Espirituales. (Gobillón, pp 78-79)
EN SU VIDA Y EN SUS ESCRITOS,
En realidad, se
trata de aspectos
esenciales al ser
mismo y al
misterio de la
Iglesia; aspectos
que no tenían
fuerza en los
tratados
eclesiológicos de
la época.
Aspectos que
sólo expresan
bien quienes
hablan desde su
experiencia
interior,
SU VIDA, SUS ESCRITOS… SON UNA
INVITACIÓN PARA INTEGRAR O
FORTALECER EN NUESTRA VIDA Y EN
NUESTRA ESPIRITUALIDAD, SU SENTIDO
DE IGLESIA.
Para entender la originalidad de su experiencia
eclesial, hay que tener presente la importancia que ella
concede a la acción del Espíritu Santo sobre la Iglesia.
La presencia del Espíritu Santo en su
vida espiritual es fruto de una
experiencia espiritual interna.
PENTECOSTÉS, es una fiesta que
puntualmente se repite en la vida de
Santa Luisa. Comenzó el 4 de junio de
1623.
Años más tarde, en esa misma fiesta, descubrió la
protección de la Divina Providencia sobre la Compañía.
(S. V. CEME, No. 409)
“Esta gran fiesta infunde mucha devoción por
todas las señaladas gracias que Dios otorgó en
ella a su Iglesia…” (C. 127)
En sus meditaciones menciona
aspectos de la acción del Espíritu
Santo en la Iglesia:
• Conduce a la Iglesia. (E. No. 22)
• El Espíritu Santo inspiró a la Iglesia
la celebración de la fiesta de la
Santísima Trinidad. (E. No. 122)
• Su gracia es necesaria para conocer
los pecados y convertirse. (E. No.11)
En su deseo de ponerse a disposición
del Espíritu de Amor, escoge como
fecha de sus ejercicios espirituales
anuales los días que van de la
Ascensión a Pentecostés. Con ese fin,
escribe en su reglamento de vida:
“Honrar la gracia que Dios hizo a su Iglesia
dándole su Espíritu para conducirla…”
(E. 7, No. 22
En los ejercicios espirituales de 1657,
describe acciones del Espíritu Santo a su
Iglesia:
“…acababas la obra de la fundación de la
Santa Iglesia…operabas en los miembros de
ese cuerpo místico, santidad de vida…
Ser de Dios quiere
decir, dejar que la
vida divina invada
nuestra propia
existencia; es, dice
Santa Luisa:
“Dejar que se grabe en el alma la
huella de Jesucristo”. (E.23, No. 74)
Y para que esa
huella recibida
en el Bautismo,
permanezca
indeleble en el
alma, Santa
Luisa suplica :
“… tu bondad se digne venir a mí y restablezca las gracias
que me concedió en el santo Bautismo. Padre eterno, te
pido esa misericordia por el designio que tuviste desde la
eternidad de realizar la Encarnación de tu Hijo y por sus
méritos. Y tú, Salvador mío, concédeme esta gracia por el
amor que tienes a la Santísima Virgen. ¡Oh Divino Espíritu!
Opera tal maravilla en este sujeto tan indigno, por la unión
amorosa que desde toda la eternidad tienes con el Padre y
el Hijo.” (E. 98, No. 260)
Santa Luisa
pide al
Espíritu
que la haga
participar
en el amor
sencillo y
humilde de
Dios:
“¡Quita mi ceguera, Luz eterna! ¡Da
sencillez a mi alma, Unidad perfecta!
¡Humilla mi corazón para asentar el
fundamento de tus gracias! Y que la
capacidad de amar que has puesto en
mi alma no se detenga ya nunca más
en el desarreglo de mi propia
suficiencia que no es, en efecto, más
que un obstáculo y un impedimento al
puro amor que ha de recibir con la
efusión del Espíritu Santo…”
(E. 98, No. 259)
Fue una contemplativa
excepcional que experimentó la
presencia y la acción del
Espíritu Santo en muchos
momentos de la oración a lo
largo de su vida, hasta llegar al
Desposorio místico.
(E. 98, No. 259)
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