Año de la Fe:
Del 11 octubre 2012
al 24 noviembre 2013
Redescubrir la
alegría de creer
Catequesis del Papa Francisco
Audiencia General miércoles 17 de abril de 2013
Subió a los cielos y está sentado a la derecha del
Padre
Jesús subió a los cielos y está
sentado a la derecha del
Padre. La vida terrenal de
Jesús culmina con la
Ascensión.
¿Cuál es el significado de este
acontecimiento?
¿Cuáles son las consecuencias
para nuestra vida?
¿Qué significa contemplar a
Jesús sentado a la diestra del
Padre?
Jesús decide emprender su
última peregrinación a
Jerusalén. Ve ya la meta, el
Cielo, pero sabe que el camino
que lo lleva a la gloria del Padre
pasa a través de la Cruz.
También nosotros debemos
tener claro que entrar en la
gloria de Dios exige la fidelidad
cotidiana a su voluntad, incluso
cuando esto requiere sacrificio
y cambiar nuestros planes.
Jesús resucitó y ascendió a los
cielos; está ante Dios Padre,
donde intercede a favor
nuestro. Cuando uno ha sido
convocado por el juez o tiene
un juicio, lo primero que hace
es buscar a un abogado para
que lo defienda. Nosotros
tenemos uno que nos
defiende siempre, nos
defiende de las insidias del
diablo, nos defiende de
nosotros mismos, de nuestros
pecados.
¡No tengamos miedo de acudir
a él a pedir perdón, a pedir la
bendición, a pedir misericordia!
Él es como un guía cuando se
sube a una montaña, que
llegado a la cima, nos tira hacia
él llevándonos a Dios.
Si confiamos a Él nuestra vida,
si nos dejamos guiar por Él
estamos seguros de estar en
buenas manos, en las manos
de nuestro Salvador, de nuestro
abogado.
Los Apóstoles, después de ver a
Jesús ascender al cielo,
regresaron a Jerusalén "con gran
alegría”. Normalmente cuando
nos separamos de nuestros
familiares y amigos de una
manera definitiva, y sobre todo
debido a la muerte, hay en
nosotros una tristeza natural,
porque no vamos a ver nunca
más su rostro ni a escuchar su
voz.
¿Porqué la profunda alegría de
los Apóstoles?
Porque, con la mirada de la fe,
entienden que, aunque no está
ante sus ojos, Jesús permanece
con ellos para siempre, no los
abandona y, en la gloria del
Padre, los sostiene, los guía e
intercede por ellos.
La Ascensión no significa la
ausencia de Jesús, sino que nos
dice que Él está vivo entre
nosotros de una manera nueva.
Ya no está en un preciso lugar
del mundo como antes; ahora
está en el señorío de Dios.
En nuestra vida no estamos
nunca más solos: el Señor nos
guía.
Con nosotros hay muchos
hermanos que en el silencio y
la oscuridad, en la vida
familiar y laboral, en sus
problemas y dificultades,
viven cotidianamente la fe y
llevan al mundo el señorío del
amor de Dios, a Cristo Jesús
resucitado, subido al Cielo,
nuestro abogado.
Año de la Fe:
Del 11 octubre 2012
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