Se aproxima el final
del año litúrgico.
La Liturgia nos ofrece
la oportunidad de
profundizar una verdad
importante de nuestra fe:
“Creo en la Resurrección
de los muertos".
Los primeros libros
de la Biblia no hablan
claro de la Resurrección
de los muertos.
Solo más tarde, se
comenzó a hablar en
Israel de un despertar
de aquellos que duermen
en el polvo de la tierra.
En la 1ª Lectura, tenemos a 1ª profesión de fe en la Resurrección.
(2M 7,1-2.9-14)
Durante la persecución del rey Antíoco (± 170 aC),
la experiencia de la muerte de muchos justos hace nacer
la esperanza de la Resurrección. En esta época, tenemos el bello
testimonio de la madre y los siete hijos Macabeos.
Se les obliga a violar la práctica religiosa de sus antepasados.
Fortalecidos por la esperanza de la resurrección, prefieren
enfrentarse a las torturas y a la misma muerte, que transgredir la
Ley...
Veamos las respuestas valientes
de los primeros cuatro hermanos:
- Uno de ellos, tomando la palabra
en nombre de todos, habló así:
"Estamos dispuestos a morir
antes que quebrantar la ley de
nuestros padres".
- El segundo, a punto de dar el
último suspiro, dice:
"Tú, malvado, nos arrancas la
vida presente; pero cuando
hayamos muerto por su ley, el rey
del universos nos resucitará para
una vida eterna"
- Después torturaron al tercero.
Presentando su lengua y sus
manos, dice:
"De Dios las recibí…espero
recobrarlas del mismo Dios..."
- Y el cuarto a punto de expirar: “Vale la pena morir a manos de
los hombres cuando se espera que Dios mismo nos resucitará.
Tú en cambio no resucitarás para la vida".
* Son las afirmaciones más claras del Antiguo Testamento
sobre la vida después de la muerte.
Pero aun así, tenían una idea todavía muy imperfecta.
Se reducía a la idea de una "revivificación de los justos",
a volver a tener en el otro mundo una vida semejante a la de
antes aquí.
La idea se fue desarrollando,
hasta quedar completamente
iluminada por Cristo.
En el Evangelio, Jesús habla
claramente de la Resurrección,
afirmando que “No es Dios de
muertos sino de vivos”. (Lc 20,2738)
- La idea imperfecta
de Resurrección existía
todavía en el tiempo de Jesús.
Algunos Saduceos, que no
creían en la Resurrección,
inventaron una historia e
hicieron una pregunta
capciosa dirigida a ridiculizar
la doctrina de la resurrección y
de la vida futura:
Una mujer viuda sin hijos... Se casó sucesivamente con siete
maridos ... ¿De cuál de ellos será esposa quedará en la vida futura?
- Jesús responde:
1. A los Fariseos (que creían en una resurrección imperfecta):
La Resurrección no es solo un despertar del sepulcro para retomar la
vida de antes. La vida con Dios es una realidad completamente nueva
y distinta. Es un don maravilloso que el Padre ha reservado para
todos sus hijos. Seremos inmortales, glorificados, ya no sujetos a las
leyes de la carne. Por eso, no será necesario el matrimonio para la
conservación de la especie.
2. A los Saduceos: Afirma la existencia de la vida futura:
Dios se manifestó a Moisés como el Dios de Abrahán, de
Isaac y de Jacob, muchos años después de que hubieran
desaparecido de este mundo.
Esto quiere decir que ellos no están muertos, sino que
viven actualmente en Dios. Por tanto, si Abrahán, Isaac y
Jacob están vivos, podemos hablar de Resurrección.
La RESURRECCIÓN:
- La Resurrección es la
esperanza que da sentido
a todo la vida del
cristiano.
La fe cristiana se
convierte en esperanza
de la resurrección,
una certeza absoluta,
pues Cristo resucitó
y quien se identifica
con Cristo nacerá
con Él a la vida nueva y
definitiva.
Nuestra vida presente
debe ser un camino
tranquilo, confiado,
alegre, en dirección
a esa nueva realidad.
- La Resurrección no es
la continuación de la vida
que vivimos en este mundo;
sino el paso
a una vida nueva
donde, sin dejar de ser
nosotros mismos,
seremos
totalmente diversos...
Es la realización plena
de la vida.
- La Resurrección
no debe ser,
solo una realidad
que esperamos;
sino
una realidad
que influye, ya desde ahora,
en nuestra existencia terrena.
Es el horizonte de la Resurrección
que debe influir en nuestras actitudes;
y la certeza de la resurrección que nos da el valor para
enfrentarnos
a las fuerzas de la muerte que dominan el mundo,
de forma que el nuevo cielo y la nueva tierra que nos esperan
comiencen a apuntarse desde ahora.
La Liturgia nos presenta una verdad consoladora:
Venimos de Dios y, con la muerte, volvemos a Él.
La Muerte no nos debe asustar: Es el encuentro maravilloso
con los amigos y parientes, que se fueron antes.
Y va a ser el encuentro con el mejor de los amigos: DIOS.
Nuestra vida no termina aquí: resucitaremos...
"Nuestro Dios es un Dios de vivos y no de muertos..."
- Cristo nos asegura: “Yo soy la Resurrección y la Vida.
Quien cree en mi, aunque haya muerto, vivirá". (Jn 11,25)
- “La esperanza cristiana es la resurrección de los muertos:
Todo lo que nosotros somos, lo somos en la medida
en que creamos en la Resurrección." (Tertuliano)
P. Antonio Geraldo Dalla Costa CS
- 10.11.2013
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