Había nacido, según
modernamente parece
demostrado, en 1566. De
noble familia, pues su
padre, el marqués de
Sales, había heredado, por
su mujer, el rico señorío de
Boisy. Su educación fue
exquisita: primero en el
Colegio de La Roche,
después en el de Annecy.
A los diez años hace su
primera comunión y recibe
la confirmación, y desde
aquel momento solo desea
consagrarse a Dios.
Lo que sigue resultó increíble
para sus contemporáneos. El
nuevo canónigo se lanza a
ejercitar intensamente los
ministerio sacerdotales.
Predica con una oratoria
sencilla, transparente y llena
de unción. Se pasa largas
horas en el confesionario.
Atiende a los pobres y es el
paño de lágrimas de todos los
desgraciados de Annecy.
Ya que no le oían de viva
voz, le leerían. Dicho y
hecho: durante el día
redactaba unas hojas que
por la noche se
distribuían a las puertas
de las casas. Así
tenemos sus
célebres Controversias, li
bro maravilloso, escrito
en un estilo punzante y
vivo, verdadero modelo
de periodismo católico
Y el 8 de diciembre de 1603, en la iglesia de
Thorens, donde había sido bautizado,
recibe, entre maravillas celestiales, la
consagración episcopal.
Es admirable la actividad que
desplegó como obispo, Siguiendo
las huellas de San Carlos
Borromeo, a quien toda su vida
admiró cordialmente y por quien
sintió siempre una devoción
apasionada, a pesar de las
notabilísimas diferencias de carácter
y de manera de concebir el gobierno
episcopal que le separaba. San
Francisco de Sales se constituye en
uno de los más significativos
representantes de la maravillosa
reforma pastoral que se llevó a cabo
en Francia durante el siglo XVII.
Patrono de la prensa católica, doctor de la Iglesia, es al mismo tiempo protector
de una de las obras más florecientes de la Iglesia de Dios: la que otro santo,
San Juan Bosco, puso bajo su protección al iniciarla en Turín: la obra que
justamente por eso se llamaba salesiana.
En la prensa católica, en la inmensa multitud de instituciones de los salesianos
y salesianas, en los monasterios de la Visitación de que está sembrado el
mundo entero, San Francisco de Sales continúa viviendo y operando entre
nosotros. Y muerto hace siglos, aún nos habla, aconseja y estimula.
Descargar

Diapositiva 1