PALABRAS
de
VIDA
Ésta es la vocación de toda persona creyente:
ser la «Madre» de Jesús por la fe:
recibirlo, encarnarlo y ofrecerlo a los demás.
«Mi madre y mis hermanos son quienes escuchan
la Palabra de Dios y la ponen en practica».
Lucas 8, 21
Lucas 1, 26-38
IV domingo Adviento –B-
Al sexto mes, envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea
llamada Nazaret, 27 a una joven prometida a un hombre llamado
José, de la estirpe de David; el nombre de la joven era María.
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El anuncio de Jesús no tiene lugar en el ambiente solemne del templo, como el
anuncio de Juan Bautista, sino en un pequeño lugar de Galilea, región considerada
en Israel de personas ignorantes e impuras, con quienes no había que relacionarse.
Nazaret no es nombrado en el Antiguo Testamento ni una sola vez, no está unido a
ninguna promesa mesiánica. El plan de Dios llega desde un lugar humilde fuera de
las grandes instituciones religiosas. Es el estilo de Dios que se revela en Jesús.
El ángel entró donde estaba María y le dijo:
–¡¡Alégrate!!, llena de gracia, el Señor está contigo.
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La presencia de Dios es siempre
motivo de alegría y de paz.
El ángel de la Anunciación puede
visitarte en cualquier momento.
Lleva buenas noticias e
importantes ofertas.
Te dirá que Dios se ha fijado en ti
con amor infinito.
Te revelará que Dios te necesita.
Te pedirá que abras tu casa,
porque quiere hospedarse en ti,
encarnarse en ti.
¿Sabrás escuchar?. ¿Sabrás
responder?. ¿Sabrás acoger?.
Al oír estas palabras, ella se turbó y se preguntaba qué significaba tal saludo.
30 El ángel le dijo:
–No temas, María, pues Dios te ha concedido su favor.
31 Concebirás y darás a luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús.
32 Él será grande, será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono
de David, su padre, 33 reinará sobre la estirpe de Jacob por siempre
y su reino no tendrá fin.
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Aparentemente no va a cambiar la vida externa de María: se casará, tendrá a su
hijo, lo educará, lo dejará partir. Pero toda esta sencillez y normalidad tienen un
sentido único, singular, original, por la Palabra que ha recibido.
María, al acoger las palabras proféticas, se convierte en profeta: percibe la
llamada de Dios, se muestra sensible a su voz, recibe la palabra que se le ofrece
y de la que se hace eco con su anuncio, su denuncia, sus gestos, su vida.
María dijo al ángel:
–¿Cómo será esto, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?
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En este trascendental momento de la historia no es necesario el varón dominador,
ni el profeta, ni el sacerdote, sino la entrega y esperanza de una mujer, como
portadora de un deseo de maternidad y vida que Dios mismo alimenta.
El ángel le contestó:
–El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su
sombra; por eso, el que va a nacer será santo y se llamará Hijo de Dios.
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.
El Espíritu Santo va creando en el corazón creyente (María) y de la persona
creyente ([email protected]) esa síntesis preciosa: fragilidad y firmeza, que se apoyan
mutuamente. María se turba profundamente, no entiende y pregunta. Se abandona,
cree y encuentra en la Palabra de Dios la certeza necesaria ante lo que parece,
humanamente, imposible.
Mira, tu pariente Isabel
también ha concebido un hijo
en su vejez, y ya está de seis
meses la que todos tenían
por estéril;
37 porque para Dios nada hay
imposible.
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La señal expresa la protección de Dios hacia las personas débiles. La liberación
de la vergüenza y marginación que suponía la esterilidad en aquella sociedad.
Reconozcamos con asombro y agradecimiento las anunciaciones de Dios en
nuestra vida.
El amor, la amistad, la familia, una experiencia que me marcó, aquella palabra...
Cuando trabajo, cuando estudio, cuando rezo, cuando sufro, cuando sueño,
cuando me esfuerzo, cuando descanso, cuando contemplo, cuando amo...
En todas las ocasiones lo que importa es creer y confiar, abrirme al anuncio
de Dios, a su Palabra.
María dijo:
–Aquí está la sierva del Señor,
que me suceda según dices.
Y el ángel la dejó
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María se compromete con el cuerpo
entero, alma y vida, poniéndose en
manos de Dios.
No responde de forma inconsciente,
sino movida por la fe y el amor más
grande.
Dice sí porque se fía de Dios,
porque no piensa en sí misma,
porque anhela la venida del Mesías,
porque quiere servir al proyecto de Dios.
No sabe lo que ocurrirá.
En todo lo que ocurra descubrirá siempre
el plan de Dios.
Si Tú me amas tanto,
¿qué otra cosa puedo hacer yo
sino confiar y amar?
Me encanta cuando pronuncias la palabra.
Me fascina oírte decir ¡Sí!.
Es música en tus labios, es explosión de vida,
es afirmación generosa y alegre de todo lo que eres tú
y quieres que seamos los demás.
Es sílaba rápida, es nota aguda, es proclamación decisiva.
Es proclamación de fe. ¿Has caído en la cuenta?
¿Te has fijado en que cuando dices ¡Sí! estás afirmando tu vida,
estás confiando en Dios,
estás confiando en la Providencia que se compromete a hacer realidad
tu confianza y verdad, tu palabra?.
Cuando dices ¡Sí! con esa energía y esa vibración con que lo dices,
estás haciendo que todo el que te oiga crea en la vida,
se enamore del mundo, se afiance en la eternidad.
Cada ¡Sí! tuyo es un grito, un testimonio, un empujón de gracia
para los que te oímos.
Me ayuda el escucharlo.
Toda la vida es un lento aprender a decir ¡SÍ!.
Carlos G. Vallés
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