Cuando María y José entraban con el Niño Jesús en el
templo, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
- “Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo
irse en paz”
Cuando cumplieron lo
prescrito en la ley del
Señor, se volvieron a
Galilea, a su ciudad de
Nazaret.
El niño iba creciendo y
robusteciéndose, y se
llenaba de sabiduría, y la
gracia de Dios lo
acompañaba.
Lc 2, 27-33.39-40
 La familia ha de ser amada
y tutelada como “patrimonio
de la humanidad”.
 Hay que anunciar el
evangelio del amor y de la
vida, de la felicidad y de la
fidelidad, de la fecundidad
y la esperanza.
 Hay que gritar el derecho
de los esposos a una
vivienda digna y a un
trabajo bien remunerado.
 Hay que proclamar el
derecho de los hijos a
crecer ante el modelo
de un padre y de una
madre que se aman
y los aman.
 Hay que evitar ridiculizar
el matrimonio y la familia.
El evangelio
nos propone la
presentación de Jesús
en el Templo y la
purificación de María.
En el Templo Jesús
revela su identidad y su
misión.
La familia ayuda a
descubrir la vocación
personal.
Jesús es reconocido como el Salvador
por el profeta Simeón.
Toda familia ha de estar abierta a la escucha de la
palabra de Dios que orienta la vida de cada persona.
Toda familia es una comunidad
de comunicación y de afectos,
de trabajo y de esperanza,
de palabras y silencios
que contribuyen a la madurez de cada uno.
Oh Jesús, Palabra eterna
del Padre, que quisiste
vivir bajo la autoridad
de María y de José.
 Enséñanos a vivir
en la humildad
y la obediencia.
 Enséñanos a escuchar
con corazón puro y
bueno las palabras de tu
boca.
Enséñanos a trabajar,
con empeño y a
conciencia, en nuestras
tareas.
Concédenos crecer
siempre en ti, que eres
nuestra cabeza.
Amén.
José Román Flecha Andrés
Palabra del Señor, Salamanca , Editorial.Secretariado Trinitario,2007
Presentación:
Antonia Castro Panero
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