1Así,
pues, téngannos los hombres por
servidores de Cristo, y administradores de
los misterios de Dios. 2Ahora bien, se
requiere de los administradores, que cada
uno sea hallado fiel.
28Así
que en cuanto al evangelio, son
enemigos por causa de vosotros; pero en
cuanto a la elección, son amados por causa de
los padres. 29Porque irrevocables son los dones
y el llamamiento de Dios. 30Pues como vosotros
también en otro tiempo erais desobedientes a
Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia
por la desobediencia de ellos, 31así también
éstos ahora han sido desobedientes, para que
por la misericordia concedida a vosotros, ellos
también alcancen misericordia. 32Porque Dios
sujetó a todos en desobediencia, para tener
misericordia de todos.
1Apacentando
Moisés las ovejas de Jetro su
suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas
a través del desierto, y llegó hasta Horeb,
monte de Dios. 2Y se le apareció el Angel de
Jehová en una llama de fuego en medio de
una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía
en fuego, y la zarza no se consumía.
3Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré
esta grande visión, por qué causa la zarza no
se quema.
4Viendo
Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios
de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés,
Moisés! Y él respondió: Heme aquí. 5Y dijo: No
te acerques; quita tu calzado de tus pies,
porque el lugar en que tú estás, tierra santa
es. 6Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de
Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob.
Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo
miedo de mirar a Dios. 7Dijo luego Jehová:
Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está
en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus
exactores; pues he conocido sus angustias,
8y
he descendido para librarlos de mano de
los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a
una tierra buena y ancha, a tierra que fluye
leche y miel, a los lugares del cananeo, del
heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y
del jebuseo. 9El clamor, pues, de los hijos de
Israel ha venido delante de mí, y también he
visto la opresión con que los egipcios los
oprimen. 10Ven, por tanto, ahora, y te enviaré
a Faraón, para que saques de Egipto a mi
pueblo, los hijos de Israel.
11Entonces
Moisés respondió a Dios: ¿Quién
soy yo para que vaya a Faraón, y saque de
Egipto a los hijos de Israel? 12Y él respondió:
Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será
por señal de que yo te he enviado: cuando
hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a
Dios sobre este monte.
12Entonces
Jehová dijo a Moisés: Sube a mí al
monte, y espera allá, y te daré tablas de
piedra, y la ley, y mandamientos que he escrito
para enseñarles. 13Y se levantó Moisés con
Josué su servidor, y Moisés subió al monte de
Dios. 14Y dijo a los ancianos: Esperadnos aquí
hasta que volvamos a vosotros; y he aquí
Aarón y Hur están con vosotros; el que tuviere
asuntos, acuda a ellos. 15Entonces Moisés
subió al monte, y una nube cubrió el monte.
16Y
la gloria de Jehová reposó sobre el monte
Sinaí, y la nube lo cubrió por seis días; y al
séptimo día llamó a Moisés de en medio de la
nube. 17Y la apariencia de la gloria de Jehová
era como un fuego abrasador en la cumbre
del monte, a los ojos de los hijos de Israel. 18Y
entró Moisés en medio de la nube, y subió al
monte; y estuvo Moisés en el monte cuarenta
días y cuarenta noches.
9Cuando
Moisés entraba en el tabernáculo, la
columna de nube descendía y se ponía a la
puerta del tabernáculo, y Jehová hablaba con
Moisés. 10Y viendo todo el pueblo la columna
de nube que estaba a la puerta del
tabernáculo, se levantaba cada uno a la puerta
de su tienda y adoraba. 11Y hablaba Jehová a
Moisés cara a cara, como habla cualquiera a
su compañero. Y él volvía al campamento;
pero el joven Josué hijo de Nun, su servidor,
nunca se apartaba de en medio del
tabernáculo.
1Acab
dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías
había hecho, y de cómo había matado a espada a
todos los profetas. 2Entonces envió Jezabel a Elías un
mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun
me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto
tu persona como la de uno de ellos. 3Viendo, pues, el
peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino
a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado.
4Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y
se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse,
dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no
soy yo mejor que mis padres
9Y
allí se metió en una cueva, donde pasó la
noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le
dijo: ¿Qué haces aquí, Elías?
13Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con
su manto, y salió, y se puso a la puerta de la
cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo:
¿Qué haces aquí, Elías? 14El respondió: He
sentido un vivo celo por Jehová Dios de los
ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado
tu pacto, han derribado tus altares, y han
matado a espada a tus profetas; y sólo yo he
quedado, y me buscan para quitarme la vida.
15Y
le dijo Jehová: Ve, vuélvete por tu camino,
por el desierto de Damasco; y llegarás, y
ungirás a Hazael por rey de Siria. 16A Jehú hijo
de Nimsi ungirás por rey sobre Israel; y a
Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás
para que sea profeta en tu lugar. 17Y el que
escapare de la espada de Hazael, Jehú lo
matará; y el que escapare de la espada de
Jehú, Eliseo lo matará. 18Y yo haré que
queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se
doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo
besaron.
19Partiendo
él de allí, halló a Eliseo hijo de Safat,
que araba con doce yuntas delante de sí, y él
tenía la última. Y pasando Elías por delante de él,
echó sobre él su manto. 20Entonces dejando él los
bueyes, vino corriendo en pos de Elías, y dijo: Te
ruego que me dejes besar a mi padre y a mi
madre, y luego te seguiré. Y él le dijo: Ve, vuelve;
¿qué te he hecho yo? 21Y se volvió, y tomó un par
de bueyes y los mató, y con el arado de los
bueyes coció la carne, y la dio al pueblo para que
comiesen. Después se levantó y fue tras Elías, y
le servía.
9Cuando
habían pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo
que quieras que haga por ti, antes que yo sea
quitado de ti. Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble
porción de tu espíritu sea sobre mí. 10El le dijo: Cosa
difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere quitado
de ti, te será hecho así; mas si no, no. 11Y aconteció
que yendo ellos y hablando, he aquí un carro de
fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías
subió al cielo en un torbellino. 12Viéndolo Eliseo,
clamaba: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su
gente de a caballo! Y nunca más le vio; y tomando
sus vestidos, los rompió en dos partes.
13Alzó
luego el manto de Elías que se le había caído,
y volvió, y se paró a la orilla del Jordán. 14Y tomando
el manto de Elías que se le había caído, golpeó las
aguas, y dijo: ¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías?
Y así que hubo golpeado del mismo modo las aguas,
se apartaron a uno y a otro lado, y pasó Eliseo.
15Viéndole los hijos de los profetas que estaban en
Jericó al otro lado, dijeron: El espíritu de Elías reposó
sobre Eliseo. Y vinieron a recibirle, y se postraron
delante de él.
2Porque
ya sabéis qué instrucciones os dimos
por el Señor Jesús; 3pues la voluntad de Dios es
vuestra santificación; que os apartéis de
fornicación; 4que cada uno de vosotros sepa tener
su propia esposa en santidad y honor; 5no en
pasión de concupiscencia, como los gentiles que
no conocen a Dios; 6que ninguno agravie ni
engañe en nada a su hermano; porque el Señor
es vengador de todo esto, como ya os hemos
dicho y testificado. 7Pues no nos ha llamado Dios
a inmundicia, sino a santificación. 8Así que, el que
desecha esto, no desecha a hombre, sino a Dios,
que también nos dio su Espíritu Santo.
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